Vientos de guerra en la región

Después de casi 30 años vuelven a sonar los tambores bélicos en nuestro continente. Desde el conflicto del Cenepa entre Ecuador y Perú en enero y febrero de 1995, nuestra región había mantenido una relativa calma, por más que siguen subyaciendo algunas disputas territoriales, como el antiguo pero a la vez vigente reclamo de Argentina por las Islas Malvinas, que desembocó en el episodio bélico inmediatamente anterior al mencionado, la Guerra de las Malvinas, en 1982. Este que protagonizan hoy Venezuela y Guyana es otro de esos reclamos que han quedado sin dirimir de la época en que nuestras naciones sudamericanas obtuvieron sus independencias. Guyana es –junto con Surinam y Guayana Francesa– uno de esos territorios que a veces no tenemos presentes como parte del continente, tal vez por el vínculo desarrollado durante la etapa colonial que los acercó más a otros territorios de Centroamérica, tanto que sus equipos y selecciones participan en los torneos continentales de la Concacaf, con Centroamérica y Norteamérica, porque el fútbol es un espejo de la idiosincrasia de los pueblos.

Pero yendo al punto. Cual volcán que se despierta tras un largo período de inactividad este conflicto ha ido generando sacudidas y levantando temperatura desde que hace algunos años se empezaron a confirmar nuevas reservas de recursos minerales estratégicos, entre ellos petróleo. El área en disputa es el Esequibo, o la Guayana Esequiba, un territorio al oeste del río Esequibo, de unos 159.500 kilómetros cuadrados, que comprende a seis de las diez regiones de la República Cooperativa de Guyana y su población es de cerca de 300.000 habitantes. A efectos comparativos, la superficie de Uruguay es de 176.215 km².

Además de petróleo la zona es rica en minerales como oro, cobre, diamante, hierro, bauxita y aluminio. La mina de oro Omai produjo más de 3,7 millones de onzas de oro entre 1993 y 2005 y es una de las principales fuentes de ingresos del Estado de Guyana. Desde 2015 la multinacional ExxonMobil y sus socios han realizado 46 descubrimientos en aguas territoriales, que han elevado las reservas de petróleo de Guyana a alrededor de 11.000 millones de barriles, lo que representan cerca de 0,6% del total mundial. Estos hallazgos, según un reporte de la BBC, han provocado que el país, de 800.000 habitantes, se haya convertido en una de las economías de mayor crecimiento en el mundo. Se espera que cierre 2023 con un crecimiento del 25% del PBI, después de haber crecido ya un 57,8% en 2022.

El conflicto de límites viene desde 1811, cuando al independizarse de España, Venezuela quedó en control de la zona. Más tarde, Reino Unido adquirió a Países Bajos parte de sus posesiones, algo más de 51.000 kilómetros, que Londres fue ampliando en sucesivas correcciones en el trazado de sus límites (ver la “Línea Schomburgk”). Estados Unidos intervino y en 1895 sugirió un arbitraje internacional, que en el año 1899 se expresa a favor de los intereses británicos. Tiempo después se conoció un memorándum de la defensa de Venezuela en el Laudo Arbitral de París que denunciaba que el laudo fue una componenda política y que los jueces no fueron imparciales. Este y otros documentos afirmaron la posición de Venezuela al declarar el laudo como “nulo e írrito” y reactivara el reclamo. En 1966, antes de otorgar la independencia a Guyana, el Reino Unido pactó con Venezuela el Acuerdo de Ginebra que reconoce su reclamo y expresa la voluntad de “encontrar soluciones satisfactorias para resolver la disputa”. El asunto llegó a escritorios de Naciones Unidas en la década de 1980 y hasta finales del siglo XX intentaron llegar a un acuerdo a través del mecanismo de buenos oficios, y aunque no se lograron avances, gracias a que las relaciones mejoraron entre ambos el tema había quedado quieto nuevamente. Hasta que se descubrió el petróleo y renacieron las tensiones entre Venezuela y Guyana.

Hoy la zona está más caliente que nunca, con movimientos militares de uno y otro lado y declaraciones que han ido subiendo de tono e involucrando otros actores, como Estados Unidos, que anunció la realización de ejercicios militares junto al ejército de Guyana. En este contexto el gobierno dictatorial de Nicolás Maduro realizó el fin de semana un referéndum en el que se pidió a los venezolanos expresarse acerca de los derechos del país sobre los territorios cuestionados, en el que la postura oficial recibió amplio respaldo, con más del 95%. Esto supone por un lado “rechazar, por todos los medios, conforme a derecho”, los límites de 1899 “que pretende despojarnos de nuestra Guayana Esequiba”; “no reconocer la jurisdicción de la Corte Internacional de Justicia para resolver la controversia territorial” y “la creación del estado Guayana Esequiba”, que ya aparece como parte del país en el presentado como “nuevo mapa de Venezuela”.

Así las cosas parece haber en estos momentos poco margen para una salida dialogada como a la que han instado por ejemplo desde el Mercosur, que esta semana en su cumbre en Rio de Janeiro se pronunció al respecto. Máxime considerando otro factor, que es el momento político interno en Venezuela, en el que la oposición aparecía como una alternativa sólida de cara a las elecciones convocadas para el año que viene. Maduro propuso esta semana, a través de una ley, declarar la creación del estado e instó a la empresa estatal petrolera Pdvsa a otorgar “de inmediato” licencias operativas para la explotación de crudo, gas y minas en ese territorio.

Hay varios ejemplos a lo largo de la historia del empleo de causas territorialistas como elemento aglutinador de la ciudadanía y este en particular le ha deparado al gobierno el apoyo incluso desde sectores opositores, al tratarse de una reivindicación histórica del Estado a la que resulta difícil oponerse. Sin embargo existe el riesgo luego de cometer algún exceso y terminar embarcándose en una dolorosa aventura. Y si no, pregúntenle a los argentinos cómo les fue.

Es momento de alentar a que prime la cordura y a que no se abandonen los caminos del diálogo bajo ninguna circunstancia.