Unas quince denuncias mensuales –por lo menos– de delitos financieros complejos, realizados mediante el uso de Internet, se reciben en la Dirección de Investigaciones, comandada por el comisario Marcelo García Rosa. Así lo informó a EL TELEGRAFO el sargento Guillermo Seyler, del Departamento de Hechos Complejos del Área de Investigación de Jefatura de Paysandú.
“Hay un porcentaje que quedan en tentativa. Igualmente vienen aquí porque tras el intento de estafa necesitan una constancia para presentar en el banco o en la tarjeta. Se puede decir que el 40% de las tentativas son consumadas”. La actividad de los estafadores aumentó en diciembre, ante el aumento de las transacciones y de las compras online.
“Generalmente se piensa que los principales afectados son personas mayores, pero no siempre es así desde que personas jóvenes también son víctimas. Han venido a denunciar afectados de 40 años o un poco más y ellos mismos cuentan que le dicen a sus hijos que se cuiden de este tipo de estafas, pero que fueron engañados ellos. Por ejemplo eso pasa con la estafa del sobrepago”, destacó el sargento Seyler.
LA ESTAFA DEL SOBREPAGO
“Antes, en Paysandú la estafa más común que se veía era la de ofrecer un bien o un servicio, que la víctima lo compraba, el estafador obtenía el dinero y desaparecía. Ahora hay más modalidades y mayor complejidad”, indicó el sargento Seyler. “La que estamos viendo últimamente –que creció mucho– es lo que le llamamos internamente una estafa de sobrepago, donde la víctima en realidad es la persona que vende. El estafador se comunica fingiendo ser un comprador en potencia. Se fija un precio y el estafador pide un número de cuenta para supuestamente enviar un pago. Ahí comienza la estafa. Si el bien se vendió por 5.000 pesos el estafador manda un comprobante de giro que supuestamente comprueba que transfirió 50.000 pesos”.
Ahí comienza la estafa que en realidad –como indicó el encargado de Hechos Complejos– es bastante compleja por la serie de pasos que deben seguirse para que los delincuentes puedan concretar la estafa.
Tras enviar el comprobante –que es falso– “manda un mensaje al vendedor indicando que por error depositó más dinero y que por favor se le devuelva. Siempre dice que ya avisó al banco y que desde la entidad bancaria se van a comunicar con el vendedor. En cuestión de minutos alguien se comunica diciendo que es desde el banco, generalmente por WhatsApp. Confirman que se realizó una transferencia errónea y que ellos necesitan que se devuelva el dinero para no verse obligados a inhabilitar la cuenta. Acto seguido se envía un link para que la víctima haga efectiva la supuesta devolución. Ahí coloca usuario y contraseña, que es el principal error. Con eso el estafador pide de inmediato un préstamo en la cuenta de la víctima, que generalmente se otorga de inmediato. Entonces cuando el estafado ingresa en su cuenta ve que tiene el dinero”.
Entonces, “lo que generalmente pasa es que las personas quieren devolver enseguida el dinero para no tener problemas con su cuenta. Pero no tienen la cuenta de la otra persona. Ahí viene la otra parte de la estafa. Desde el supuesto banco le informan que no puede transferir desde su cuenta sino que tiene que retirar el dinero y enviarlo por otro medio. Generalmente se le envía un número de documento de identidad del supuesto comprador que en realidad está robando. Si hace lo que se indica, se concreta y la víctima es estafada y tiene que pagar luego el préstamo que en su nombre pidieron los delincuentes”.
El sargento Guillermo Seyler reveló que “en esta modalidad en particular intervienen muchos números de teléfonos celulares de Argentina, lo que complica un poco la labor porque más allá de que se ubique a la persona, toda la tratativa a nivel internacional es muy engorrosa, salvo en delitos de lesa humanidad”.
Los delincuentes “buscan generalmente publicaciones de la gente que está vendiendo en Facebook (Marketplace) o por Instagram. Y buscan las ofertas más caras, así pueden sacar más dinero. Al final la víctima termina devolviendo, entre comillas, a los estafadores su propio dinero. Hasta ahora no hemos visto que las entidades bancarias se hagan cargo, porque en realidad no se vulnera su seguridad, pues se usaron los datos legítimos del usuario”.
LA COPIA DE DATOS DE UNA TARJETA
Otra manera de estafa es utilizando los datos de una tarjeta de crédito o débito, con preferencia la primera. “Otra de las modalidades es copiar datos de una tarjeta de crédito o de débito y realizar compras por Internet. No hemos visto acá el clonado de tarjetas sino que en algún momento, de manera oculta, una persona copia los datos de la tarjeta. Si es de crédito necesita los datos del frente y la clave de tres dígitos del reverso, eso es todo para operar por Internet. Generalmente se deja pasar un tiempo prudencial y luego se empieza a usar, en perjuicio del legítimo propietario”, explicó Seyler.
“Se han realizado denuncias, pero en estos casos tienen que hablar directamente con los comercios donde se hicieron compras. Porque la tarjeta solamente opera como un medio de pago. Los que tienen los datos de la persona que compró y dónde de la dirección de envío, son los comercios”, agregó.
Pero la realidad es que “obtener esos datos depende del comercio. Generalmente si son comercios grandes, no brindan la información. El criterio varía de comercio en comercio. Indudablemente, lo primero que hacemos es enviar oficio a los comercios. Pero hay compras online que complican bastante más. Por ejemplo, Mercado Pago no tiene un local físico de atención al público ni un teléfono donde comunicarse. La vía es por correo electrónico y eso demora los trámites. Claramente lo que tratamos de hacer es sobre que llega la denuncia, tratar de movernos lo más rápido posible, pero no es sencillo y es difícil que la víctima reciba su dinero”.
LA ESTAFA COMÚN
Las llamadas “estafas comunes” siguen impactando en la sociedad. “Esta modalidad es la más simple. Se vende algo, el comprador envía el pago y el vendedor desaparece. Es lo más común”.
“Por eso es que insistimos que deben tomarse muchos recaudos cuando se compra a través de redes sociales. Si bien hay un sector muy grande de la población que compra a través de Facebook o Instagram, la realidad es que ninguna de esas redes sociales fue creada con la intención de que fuera un medio de compra y venta; por ende, no tiene las medidas de seguridad que se requiere para una operación de ese tipo. Siempre recomendamos que si se va a comprar en las redes sociales, se compre en algún lugar que pueda comprobarse que la operación es legítima. De otra forma, es preferible usar las páginas creadas para el comercio online.
EL SUEÑO DE LA CASA PROPIA
Aunque actualmente no se aprecia, “hace un tiempo” una estafa que causó estragos en muchas familias fue “la supuesta venta de casas prefabricadas o casas en contenedores. Causa mucho daño económico porque afecta a familias que pasan años años reuniendo el dinero justamente con la idea de comprarse una casa de este tipo. El contacto con los estafadores en el 90% de los casos, siempre a través de redes sociales, especialmente Facebook o Instagram”.
Habitualmente en estas estafas “firman un contrato o un esbozo de contrato en el que generalmente no está involucrado ningún escribano. Se promete que se van a ir cumpliendo ciertos plazos y ciertos adelantos, incluso a veces con la visita del supuesto contratista para ver las condiciones del terreno y en otros casos inclusive, hasta brindándole una charla a la víctima”.
“El supuesto contrato implica una inmediata primera entrega y a veces se han hecho varias. En Paysandú se han realizado denuncias de personas que han sido víctimas. Es un tipo de estafas generalmente muy espaciadas en el tiempo. Siempre son por miles de dólares, por encima de 5.000 dólares. Lamentablemente le cortan el proyecto de vida de la persona, porque ese dinero, la mayoría de las personas no lo juntan un día para el otro”.
CUIDARSE, SIEMPRE CUIDARSE
“Un banco jamás va a hacer una llamada por WhatsApp. Tampoco pide datos y mucho menos por teléfono o WhatsApp. Tampoco por correo electrónico. Otra cosa que no hace un banco es enviar un link para que se ingrese la contraseña”.
“Al abrir un link, otra cosa que merece aclararse, no ocurre que de inmediato el estafador se apropia de toda la información y las cuentas de la víctima. En general lo que aparece es un simple formulario, en una página que a primera vista parece la de nuestra entidad bancaria, pero no lo es. Si se completa el formulario y se lo envía, entonces el estafador se hace con esa información y puede actuar en el banco que nosotros mismos le habilitamos. De cuánto le facilitamos depende de la información contenida en el formulario. Según como tengamos configuradas nuestras cuentas bancarias. A veces a través de una tenemos acceso a otras, y si así fuera, obviamente el estafador accederá a todo. Lo mismo pasa con el lugar donde tenemos guardadas nuestras contraseñas. En muchos casos en Google. Bueno, si ingresamos nuestro correo electrónico y contraseña, el delincuente podrá ver todo y eso complica bastante”.

