La instalación de la cama caliente en el predio de la Estación Experimental Dr. Mario A. Cassinonin (Eemac) de Facultad de Agronomía, lleva 5 años de funcionamiento y monitoreo continuo. “Viene funcionando bien, dentro de los parámetros que tiene que estar y hemos logrado generar indicadores, como la tasa de reposición que hay que tener, cómo varía eso con la carga, con la época del año, un montón de información”, sostuvo a EL TELEGRAFO el ingeniero agrónomo Pablo Chilibroste.
En el marco de la 25.ª jornada Anual de Lechería, dijo que la información “no necesariamente es experimental, pero sí práctica y útil para los productores que están trabajando actualmente con cama caliente o evaluando la posibilidad de incorporar algo orientado en esta dirección”.
La actividad que contó con un muy buen número de productores, técnicos y estudiantes, permitió conocer lo que se realiza en las instalaciones de funcionamiento de la cama caliente, y posteriormente en el salón (no se pudo ir al campo debido a la inestabilidad climática), se vio un experimento de uso de estiércol y de cama caliente en secuencias agrícolas. El ingeniero agrónomo Gabriel Menegazzi, planteó la factibilidad de mejorar la eficiencia productiva y ambiental a través del manejo del pastoreo, y luego el ingeniero agrónomo Sebastián Mazzilli, presentó ventajas y riesgos asociados al uso de estiércol y cama caliente en una rotación agrícola, y brindando los resultados preliminares.
Chilibroste destacó sobre la cama caliente, que “el aspecto notoriamente positivo es que los animales logran un muy buen nivel de confort. Si se maneja bien la cama caliente, se la mantiene con la temperatura que tiene que trabajar y con la humedad que tiene que trabajar”. Acotó que “desde el punto de vista sanitario, sanidad de ubre, etc, funciona muy bien también”. Entiende que es una tecnología que “desde el punto de vista de bienestar animal y que el animal exprese su potencial, ha funcionado muy bien”.
Un segundo aspecto considerado por el integrante del grupo de lechería de la Eemac –que trabaja junto al ingeniero agrónomo Diego Mattiauda y la doctora Lourdes Adrien–, “muy interesante y con mucho potencial”, es que la cama caliente “en sí es un lugar de captura de nutrientes. Cuando esas vacas en vez de estar ahí –en la cama caliente–, están a cielo abierto, tienen peor confort. Pero además la bosta y la orina que van desechando esas vacas todos los días, se pierde en el ambiente. Y cuando son sistemas intensivos eso es un problema”, aclara. Explica que “al final del día el nitrógeno, fósforo, y potasio se están yendo, no sabemos a dónde”.
Considera que es una tecnología “muy interesante, que tiene buenas potencialidades en áreas que son sensibles para los sistemas de producción lechero de Uruguay. Son áreas en las que nos miran a ver cómo es el bienestar de las vacas en Uruguay y cómo manejamos los nutrientes, ya que de ese lado es súper interesante, pero hay que diseñar muy bien qué dimensión tiene que tener, para qué tipo de categoría va a ser, cómo se articula con el sistema pastoril”. Y precisó que “nosotros, si bien hemos trabajado con animales estabulados, no lo hemos hecho en forma permanente, de forma de evaluarlo como una estabulación completa”.
MANEJO Y MONITOREO DE LA CAMA CALIENTE
El sistema cama caliente requiere un monitoreo periódico y rápida toma de decisiones para su buen funcionamiento. Eliminar el exceso de humedad es uno de los mayores desafíos. Por lo tanto, es fundamental realizar la reposición de material en tiempo y forma.
La movida del material para generar aireación es un aspecto muy importante del manejo de la cama caliente. Se hace dos veces al día en horarios equidistantes moviendo a una profundidad de aproximadamente 30 a 35 centímetros. Semanalmente se lleva a cabo el monitoreo de temperatura y humedad, dónde el objetivo es mantener la humedad entre 40 y 60% y la temperatura entre 43 y 60°C. El resultado del monitoreo es usado para definir la reposición de material nuevo. Además del trabajo mecánico, es imprescindible la reposición de material nuevo. Los meses de julio y agosto fueron los que requirieron mayor reposición de material. Los meses de primavera-verano son los que requieren menor reposición de material, ya que las condiciones ambientales facilitan el secado de la cama.
La reposición de material está altamente relacionada con la carga animal utilizada, y por lo tanto con los metros cuadrados asignados por vaca. Durante el experimento de la RTS que se realizó durante 2019-2020, un lado del galpón tenía 32 vacas en encierro completo y el otro lado 32 vacas con encierro parcial, por lo que estas últimas estaban sobre la cama solamente la mitad del día, lo que fue equivalente a tener 16 vacas todo el día. La necesidad de reposición fue mayor para los animales en encierro completo que para los animales con ocupación parcial. Independiente del espacio por vaca, la reposición fue máxima en invierno y mínima en verano.
Los principales materiales de reposición han sido aserrín, chip de madera y cáscara de arroz. . El aserrín es la principal fuente para la fermentación, mientras que el chip de madera cumple una función física de disminuir la compactación. La cáscara de arroz tiene una función intermedia y la gran ventaja es el bajo contenido de humedad que presenta, aun cuando se almacena a cielo abierto. Los subproductos de la madera en general están húmedos.
FUENTES ALTERNATIVAS DE NUTRIENTES
El ingeniero agrónomo Sebastián Mazzilli viene trabajando desde hace tiempo con fuentes alternativas de nutrientes, “a lo que son los fertilizantes inorgánicos tradicionalmente utilizados. La cama caliente, los feedlot, todo ese tipo de producción que estabula animales genera lugares calientes de acumulación de nutrientes, los sistemas agrícolas, los sistemas de producción de forraje, pueden hacer uso de esos nutrientes de una manera especial, sustituyendo en parte los nutrientes de los fertilizantes inorgánicos”.
El profesional sanducero sostiene que “eso tiene riesgos, especialmente en el caso de fósforo, que ya tenemos bastantes problemas de acumulación de fósforo en suelo, especialmente los sistemas que fertilizan mucho. Entonces tenemos que ver, cuánto podemos usar y cuál es el riesgo asociado, básicamente de pérdida de fósforo cuando acumulamos demasiado suelo”. Explicó que “ahí tenemos varios trabajos”, y en la jornada anual en la Eemac “presentamos el asociado a los residuos de lechería, pero también estamos trabajando con residuos de industria y residuos de feedlot”.
Sobre el trabajo en particular, indicó que “estamos utilizando dos residuos en lechería, y en especial en la cama caliente. Después que se utiliza se deja estabilizar un tiempo y el estiércol que se acumula en los lugares en la sala ordeñe y también en los alrededores de la cama se unifican, se dejan estabilizar un tiempo y después lo estamos aplicando. Son nutrientes que tienen entre 0,3 y 0,8% de fósforo. Estamos viendo que un fertilizante puede tener 40 o 50% de fósforo, o sea que la cantidad que se aplica es bien diferente si queremos corregir ese nutriente”.
Pero puntualizó que “acompañan otros nutrientes, como nitrógeno, potasio, entonces lo estamos agregando en el suelo y mirando tres cosas. Si hay respuestas vegetales, básicamente lo mismo, aplicar una fuente inorgánica que esta fuente desde el punto de vista de la respuesta vegetal. La segunda es, cuánto se va después que yo le aplico, cuánto se pierde a los cursos de agua y eso qué riesgo va a tener. Y después una tercera y cuarta de más de mediano plazo, si eso mejora otras cosas, el suelo, por ejemplo, condición física, el contenido de carbono, que eso lo vamos a medir más a largo plazo, ya que los proyectos están en su primera etapa”.
Un cuarto tema que Mazzilli expresó “no estamos todavía trabajando directamente pero si tenemos la plataforma donde hacerlo, es qué pasa básicamente con el nitrógeno. Expresó que “mucho de lo que aplicamos tiene nitrógeno. Y estamos viendo que el nitrógeno aparece en los cultivos. La opción más buena sería que aparezca en la materia orgánica y eso estaría estabilizado. Y la parte mala sería que se esté perdiendo por lixiviación o por emisiones de gases de efecto invernadero”.

