Sí, estamos a más de 100 años de la implantación del socialismo en el país, y entiendo que varias generaciones nacieron, se multiplicaron y murieron bajo esta pretendida teoría de vida, nunca habiendo el ensayo conseguido convertirse en una práctica fructífera.
Bueno, eso de no fructífera es medio relativo porque muchos hasta el presente han conseguido nacer, multiplicarse y morir holgadamente recogiendo el beneficio del fruto que otros sudorosamente cultivaron a todo empeño y riesgo.
Pero así son las teorías y los ensayos cuando se dispone de un vasto campo de receptores disponibles y maleables (sin cabeza).
Sobre el socialismo, su núcleo no es puro, lo que no les permite ser cristalinamente coherentes en su verdadero interior, cargando siempre una falla implacablemente repetitiva.
Animándome a opinar, las fallas son muchas y como ejemplo la incapacidad de reconocer el error cometido y su tendencia a repetirlo nuevamente sin piedad por los perjuicios ocasionados y menos el surgimiento de cualquier tipo de remordimiento y/o autocensura.
La piedad social no existe en el socialismo/comunismo frente al irrefrenable impulso de imponer una idea a cualquier costo.
El concepto de daño social no existe en el socialismo/comunismo, por ende, la capacidad de reparación es algo más lejano que lo abstracto. La equivocación y su daño, sea por impericia, falta de formación y otras peores, siempre debería ser tachada de fraudulenta e inmoral cuando sabido el error, no aparece la voluntad de aceptarlo y su consecuente reparación.
Pinzando un elemento que mucho le agrada al socialismo, la tal de solidaridad cantada a toda voz y a todos los cuadrantes del globo, ¿dónde está su aplicación? Es apenas un eslogan mentiroso e ilusorio para vender su teoría. Sí creo que la aplican y con mucha fuerza entre ellos, pero no ellos todos, ellos los de la cúpula, en un exacerbado egoísmo para proteger su elemento identificador como gente sana, fachada llena de espejismos para encandilar los ojos de los que ya no ven.
Añadido a esto, no hay concepto ni sensores del tiempo que puedan alertar que ya se consumió mucho tiempo en algo que no funciona y es importante dar vuelta la página.
Es indigno ver cómo millones de socialistas/comunistas también viven muy mal sin darse cuenta que ellos mismos son los que agudizan ese proceso. (Ceguera y/o traba en los analizadores de la realidad)
Y así por no enumerar más cosas, la rueda gigante del infortunio continuará aplastando desdichadamente y festivamente, cualquier sociedad parasitada por el socialismo, necesitando para su salvación de una fuerza externa y diferente que corte el ciclo.
La fuerza externa
Enseguida apuntaremos que el capitalismo es el antídoto para salvarnos del socialismo/comunismo. Yo diría, ni tanto ni tan poco.
La fuerza externa debe surgir de la otra parte de la sociedad, que en el actual momento que vive nuestra gente no es muy clara.
Concuerdo que así debería ser, ¿pero de dónde sacará entusiasmo e ideas esa Fuerza Externa si todos somos hijos del socialismo? Complicado, ¿no?
La debilidad impregnada
Cuando una sociedad crece sobre cimientos imperfectos, la debilidad es un factor concreto, identificable y altamente pernicioso que enseguida aparece visible, tornándose inmediatamente partícipe activo de cualquier movimiento, sea éste de orden abstracto o físico.
El socialismo/comunismo está impregnado de una debilidad mayúscula enfermiza trasmisible que bloquea todos los cánones que forman las columnas de sustentación de la vida saludable, tales como el honor, la rectitud, la bondad, la tolerancia, el perdón, la espiritualidad, la percepción en la extralimitación de nuestras capacidades, la equidad, la palabra dada, y otras.
Ahora bien, en el terreno del día a día uruguayo, vemos que nuestro gobierno padece de un “siempre pasó”, “será que será así mismo”, “necesitamos más evidencias”, “debemos ser políticamente correctos con la oposición”, “hay mucho que perder si nos endurecemos”, “mimetizarnos un poco puede traernos votos ajenos”, y un montón de disculpas al barrer, todas destinadas a perpetuar el descalabro. (Y a sí mismos)
Felicito la labor hecha por el Gobierno transitando la pandemia de la COVID-19, asumiendo y cargando con el brutal déficit heredado, el continuo palo en la rueda mañoso y apátrida del sindicalismo, pero a pesar de todo, consiguieron el arreglo de muchas cosas, aumento de la prolijidad administrativa y por qué no decir el crecimiento económico y logístico nunca visto en el país y en tan poco tiempo.
Pero los quistes siguen ahí firmes.
Las empresas públicas baluarte del socialismo/comunismo le siguen dando sus frutos a todos los partidos (al sistema político) pues fue y seguirá siendo la amada Máquina de Votos del político. Estas estructuras han permitido y continuarán permitiendo el canje de favores entre políticos y ciudadanos de todo pelo. Ellos administran a su antojo sin criterios técnicos y conservan sus puestos cuando hacen las cosas mal. (No cambien nada)
¿Qué le queda a la sociedad ?
Ahí vemos la oscuridad del sistema como un todo, y también podemos observar la forma que tratan a las DUE (Despreciables Unidades Electoras) desconsiderándolas en la atención de sus necesidades prometidas en campaña. El sistema político no le teme a las represalias del electorado porque siempre todo está repartido, adjudicado y prima el pensamiento “si pierdo no importa, igual sigo enganchado hasta la próxima”.
Nuestra madre oculta una debilidad
Con la imprudencia del ignorante me aventuro a opinar sobre un tema difícil.
Nuestra democracia tiene una falla muy importante, trasmisible y de múltiples perfiles.
La debilidad y fragilidad de encarar al enemigo y eliminarlo. Todos los Reinos Animal y Vegetal y sus submundos, tienen un Sistema Autónomo de Defensa donde éste magistralmente insertado, toma resoluciones inmediatas, autónomas, sin informar ni menos pedir orientación a la mente frente a una agresión del tipo que sea. Su función es la defensa inmediata y el bloqueo posible al avance del agresor. (Salvar la vida)
Más tarde la mente tomará conciencia de la magnitud y los pasos a seguir.
Pues bien, nuestra democracia convive con el enemigo en un coqueteo pueril y siempre festejando su superioridad intelectual mañosa, irresponsable e incrédula. Subestima al enemigo que éste sí no está jugando. Por eso le encanta dormir con el enemigo, aplaudirlo, conmemorar sus fechas de terror, aparecer juntos con la peor lacra como si estuvieran dominando la pelota. (Y el enemigo golpeando cada día más fuerte y seguro de sí mismo)
Esta es una tremenda falla que tiene la democracia, una imperfección permanente que facilita la creación de “grietas” imposibles de reparar.
El socialismo/comunismo lo sabe y siempre ha tomado provecho de este estado de imbecilidad fluctuante. La mayoría dirá “la Democracia es el mejor sistema mismo con defectos”. La pacífica aceptación del infortunio consciente y la apatía emocional, son un impulso para la repetición de la desgracia. Deberían aprender de los chinos y otros donde sólo manda un partido y no aceptan oposición. ¿Es tan difícil desconocer esa realidad?
Pero bien, no por esa carga de una gran falla estamos imposibilitados de pensar y dar un golpe de timón en nuestro pensamiento y actitud.
Como todos somos hijos del socialismo, la oscuridad le puede ganar al Sol. Esperemos que no.
Rodolfo Angel Beccaría Pesce

