Totalmente en forma: La “grasa rebelde” después de los 40

Finalmente nos decidimos a hacer ejercicio, comemos mejor, controlamos el estrés y, por supuesto, comenzamos a ver cambios en nuestro físico. Ganamos músculo y perdemos grasa. Todo bárbaro. Sin embargo, si ya hemos pasado los 40 años, hay lugares en que la grasa no se quiere ir. Por más que machaquemos y machaquemos, ahí se queda. ¿Es imposible quitarla? Claro que no, pero es mucho más difícil. Las razones de por qué es más difícil sacarla de ciertas partes del cuerpo como el pecho, los abdominales, las caderas o los muslos están dadas por la genética, el sexo o la edad. De esas tres cosas los genes son responsables al menos del 60% de la distribución de la grasa en nuestro cuerpo. Y también nuestro organismo decide de manera más o menos arbitraria cómo reparte la grasa y cuál utiliza primero para sus necesidades. La explicación científica de por qué esto es así habla de ácidos grasos, tejido adiposo, circulación sanguínea e insulina, y si quien lee quiere profundizar en ello puede hacerlo pero aquí sólo vamos a ver cuál es la mejor estrategia para eliminar esa grasa tan rebelde.

Qué hacer

En primer lugar, no es ni más ni menos que la consecuencia lógica de la sinergia entre la dieta y la actividad física para llegar al llamado déficit calórico, es decir ingerir menos calorías de las que se gastan. Claro, chocolate (dietético, claro) por la noticia dirá cualquiera, pero hay ciertos detalles en este caso. Es que el entrenamiento cardiovascular y ejercicios de fuerza de baja intensidad son los más recomendados, ya que son una excelente combinación para eliminar la denominada grasa subcutánea. También el ayuno intermitente y la reducción de carbohidratos potenciarán esos efectos. Es necesario aclarar esto ya que sigue habiendo mucha gente que piensa que son sólo hacer ejercicio es suficiente sin dar importancia a lo que se come, o que solo hacen ejercicios de fuerza, que si bien son muy importantes, no llegan a atacar esas zonas problemáticas. Y por supuesto, comer de manera saludable implica no solo consumir alimentos saludables, sino también asegurarnos de que nuestro organismo reciba todos los nutrientes necesarios para funcionar correctamente.

Por ejemplo, los minerales. De ellos uno esencial es el hierro, que desempeña funciones sumamente importantes a nivel corporal. La cantidad recomendada al día es de 8 miligramos para hombres adultos y 18 para las mujeres. Sí claro, muchos detalles, muchas cosas en las que fijarse, pero el problema es que no hay otro camino. Si tenemos solo un rato dos o tres veces por semana para ejercitarnos no hay más remedio que fijarse en todas esas cosas. Es más, ya pasadas las cuatro décadas de vida, aunque ejercitemos cinco o más veces a la semana también hay que tener en cuenta tales factores. La edad es así y si queremos un mejor físico y una mejor salud no hay más remedio que lidiar con ello.

La paciencia

Obviamente para todo esto hay que tener paciencia y constancia, los dos factores fundamentales si queremos llegar a algo. Aunque hay que recordar que por más rollos rebeldes que no podamos eliminar del todo siempre es mejor moverse. No es lo mismo tener unos kilos de más siendo sedentario que estando activo físicamente. Puede parecerlo superficialmente, pero no es lo mismo. Todo el que haga ejercicio tendrá mejor salud frente a alguien que no lo haga. Así sea delgado, equilibrado o hasta con cierta obesidad.