Inversión necesaria

La gestión y el uso adecuado de los recursos acuáticos tanto para consumo humano y animal como para la generación de energía se presenta como uno de los grandes temas del desarrollo de los países en la actualidad. La importancia del agua así como la incidencia de asuntos vinculados a la contaminación de las aguas superficiales y subterráneas, la gestión de este recurso básico para la vida sobre el planeta, y las cuestiones de abastecimiento y soberanía energética son temas que están sobre la mesa en numerosos países del mundo y también el nuestro.
Las recientes polémicas y decisiones tomadas en temas como la producción de hidrógeno verde o la decisión judicial que hizo lugar a un recurso de amparo y obligó a OSE a suspender la firma de un contrato para la construcción del proyecto Neptuno y –ni qué hablar– la última crisis de aprovisionamiento de agua potable en Montevideo debido a la sequía, dan la pauta de la importancia del agua en la agenda pública, ciudadana, productiva, energética y empresarial.
En lo que respecta específicamente a la situación energética, Uruguay se encuentra a la vanguardia mundial en el uso de energías renovables y si bien ya no depende exclusivamente de la generación hidroeléctrica para la producción de energía, este sector sigue siendo importante aunque no suficiente.
En la denominada “primera transición energética”, la biomasa, la energía eólica y la solar comenzaron a tener un papel más relevante en el escenario energético nacional, mientras que la energía hidráulica ha ido disminuyendo su peso en la oferta, debido fundamentalmente a que si bien la generación eléctrica se mantiene en aumento, el potencial hidráulico utilizado no ha crecido.
Por ejemplo, en 2023 la generación de energía eléctrica en el país fue 91,2% renovable y mientras que la eólica representó un 44,5% de lo generado, a la hidráulica correspondió un 32,2%, a la biomasa un 10,7%, a la térmica un 8,8% y a la solar un 3,8%, según un informe de SEG Ingeniería en base a datos de UTE y divulgado por La Diaria.
El referido porcentaje de generación hidráulica fue el valor más bajo en al menos dos décadas, y se vincula fundamentalmente a la sequía de 2023. A modo de referencia, cabe señalar que entre 2004 y 2009 la generación hidroeléctrica constituía el 76% de la matriz eléctrica de Uruguay.
Por otra parte, otros estudios consideran que los recursos hídricos más relevantes del país están utilizados casi al máximo y el futuro aumento de oferta podría darse solo a través de pequeñas centrales hidroeléctricas.
En este contexto, las represas hidroeléctricas continúan siendo fundamentales para el desarrollo sostenible de la matriz eléctrica, no solo por el suministro energético renovable que proveen sino también por la capacidad tecnológica de proporcionar otros servicios tales como la flexibilidad y generación en punta, regulación de frecuencia, almacenamiento de energía, entre otros, que actualmente permiten la incorporación masiva de fuentes de generación intermitente (solar y eólica).
En la víspera, autoridades de UTE informaron que desde el año próximo y hasta 2028 este organismo estatal prevé realizar un inversión de 102 millones de dólares para renovar la central eléctrica de Baygorria, ubicada sobre el río Negro, lo que permitirá aumentar su generación eléctrica a 108 megavatios y extender tres décadas su vida útil.
“La vida útil de las turbinas es de 50 años y de las instalaciones electromecánicas, 40, y hace 64 que están operando. Con esta obra, se extenderá por otros 30 años la capacidad de generación de energía que atiende a 75.000 clientes”, dijo la presidenta de UTE, Silvia Emaldi, en conferencia de prensa realizada en la víspera.
Explicó que a fines del presente año llegarán a nuestro país los primeros generadores, construidos en el exterior, para reemplazar a los originales, que han operado por más de seis décadas sin interrupción. Está previsto que en enero de 2025 comiencen los trabajos para sustituir generadores y turbinas del complejo, lo que implicará una inversión aproximada de 102.000.000 de dólares.
La fabricación y colocación de las piezas de cada generador llevarán unos 400 días, a partir de enero de 2025. Con ese proyecto, la modernización de la central estaría finalizada en el correr de 2028. En el pico de las operaciones, habrá una ocupación estimada de 500 trabajadores, lo que generará un importante movimiento laboral en la zona. Finalizados los trabajos, la capacidad de generación será de 108 megavatios, 36 por máquina.
Se trata de una inversión que atiende las recomendaciones de un estudio del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) sobre necesidades de modernización de centrales hidroeléctricas en América Latina y el Caribe, elaborado por los especialistas María Ubierna, Juan Alberti y Arturo D. Alarcón y divulgado 2023, el cual señala que “casi el 60% de la capacidad de las centrales estudiadas tiene una necesidad media de modernización”. “Eso implica que en los próximos 5 a 10 años será necesario que se realicen las inversiones requeridas, lo que también justifica atender su planificación con cierta premura”, opinaron los especialistas.
El informe señalaba también que si bien Uruguay se encuentra mejor que otros países latinoamericanos en cuanto al estado y necesidades de modernización e inversión en sus principales centrales hidroeléctricas –habiendo dado comienzo, por ejemplo, un programa de modernización de la represa de Salto Grande para mejorar la producción de electricidad, mejorar la eficiencia y la seguridad en las próximas décadas, lo que incluye la renovación de equipos eléctricos y electromecánicos, así como la infraestructura civil–, también se requieren inversiones en las empresas de Baygorria y Constitución (Palmar).
En el caso de la represa de Baygorria en particular, fue categorizada como de “alto potencial de modernización” y la planta de Constitución se clasificó en la categoría media debido a su edad (42 años).
Se trata de inversiones necesarias para el desarrollo nacional y acertadas en el contexto de transformación hacia una generación de energía sostenible, así como atendiendo a la ya larga vida de los equipamientos de generación eléctrica de nuestras principales represas.