En nuestra edición del lunes dábamos cuenta de que en el marco de un escenario que se extiende a todo Uruguay, desde 1996 a 2023, es decir un período de 27 años, ha caído a menos de la mitad la cantidad de nacimientos en Paysandú, siguiendo la tendencia nacional, en tanto también se ha mantenido relativamente estable el número de defunciones, de acuerdo a los datos de Estadísticas Vitales del Ministerio de Salud Pública, que recoge información por edades y lugares de residencia, entre otros parámetros.
En el caso de Paysandú, surge de los datos estadísticos que mientras en 1996 se registraron 2.361 nacimientos, en 2023 esta cifra cayó a 1.164, pero a su vez en el período considerado la tendencia de reducción de nacimientos ha sido sistemática, salvo entre 2012 y 2016, que fue relativamente estable en todo el país, en el entorno de los 48.000, para luego volver a caer.
Esta tendencia en nuestro departamento y todo el Uruguay es similar a la de los países desarrollados, pero con una economía de un país subdesarrollado, donde los recursos resultan siempre insuficientes, lo que presenta un desafío en una serie de áreas, pero ante su gravedad e irreversibilidad se proyecta en todo el tramado socioeconómíco del pais hacia el futuro.
Debemos tener en cuenta que Uruguay es el país más envejecido de América Latina, con 74 adultos mayores de 65 años cada cien menores de 15 años, que es como se analiza la tasa de envejecimiento, según los informes nacionales y de organismos internacionales que analizan la evolución de la pirámide poblacional.
En este sentido, considerando solamente los índices de natalidad y mortalidad, según un estudio del Banco de Previsión Social nuestro país pasó de una Tasa Global de Fecundidad de 2,73 nacidos cada mil habitantes en 1950 a una estimación de 1,24 nacidos para este año, en tanto la tasa de mortalidad se sitúa en 9,3 en 2024.
Otros datos en este comparativo indican que en 1950 el 8,2 por ciento de la población era mayor de 64 años; en 2010, era el 13,60 por ciento, y para 2024 es del 15 por ciento del total de uruguayos. Incluso para 2050, las previsiones son de que por cada cien menores de 15 años habrá casi 119 adultos mayores de 64 años.
En ese sentido, el estudio destaca que el envejecimiento de la población es una manifestación de desarrollo “muy bienvenida”, porque refleja la caída de la mortalidad y el mejor control de la fecundidad en los hogares. Pero al mismo tiempo, recuerda que ese proceso genera demandas que sistemas como los de salud, jubilaciones o educación pueden no estar preparados para responder, dado el crecimiento de las necesidades de financiamiento de la población dependiente y la tendencia declinante en la población en edad activa.
Por otro lado, el trabajo señala que bajo un supuesto de un moderado desplazamiento en la edad de retiro (un año adicional cada diez años), producido en forma espontánea o mediante revisiones de la legislación, que mantenga estable la esperanza de vida al momento de retiro, la tendencia del gasto presentaría un cambio significativo. “El gasto total en jubilaciones y pensiones, que se espera aumente en alrededor de 75% en lo que resta del siglo si no hay cambios de fondo en el sistema, aumentaría aproximadamente la mitad con un ajuste en la edad de retiro de un año por década”, dice el informe.
También se menciona como desafíos claves el aumento de los niveles de ahorro interno, de modo que permitan una mayor inversión y acumulación de capital productivo. En relación al sistema educativo, se entiende que deberá contribuir a un proceso de generación de capital humano “más efectivo”, mediante la mejora de su cobertura y de la calidad de los resultados. Sobre el mercado de trabajo, se entiende necesario compensar la caída de la población en edad activa con una mayor participación de las mujeres y los adultos mayores en actividades de alta productividad.
Estamos ante una problemática que desde hace mucho tiempo debería estar en consideración y en búsqueda de respuestas por todo el sistema político, pero salvo campañas interesadas o dirigidas en determinado sentido –como la reforma de la seguridad social promovida por el Pit Cnt– se soslaya por regla general por los actores políticos, desde que es un tema que no genera réditos electorales.
Es que por más que se dé vueltas en el asunto, reaparece como el eje de la cuestión la sustentabilidad del sistema de seguridad social ante el aumento de la población mayor, los recursos disponibles y las exigencias que se irán acentuando en lo que refiere al apoyo para atender la calidad de vida de este sector de población, que de una forma o de otra siempre recaerá sobre los actores activos del sistema.
Además, entre otros dilemas demográficos, a la vez que la población del país se mantiene estable, envejeciéndose en la pirámida etaria, paralelamente sigue manifestándose con toda crudeza el éxodo de la población rural hacia los centros urbanos, lo que indica que la tendencia es a una población de mayor edad y concentrada en las ciudades, con mayor demanda de servicios y menos masa activa para mantener a un número creciente de pasivos.
Además, en un país de base esencialmente agropecuaria, la fuerza laboral y sectores activos también siguen disminuyendo en las áreas rurales. Mientras, el BPS ya tiene un déficit del orden de cientos de millones de dólares anuales y sus propios informes técnicos indican que se incrementará hasta ser insostenible en los próximos años, lo que va a ser paliado durante un tiempo a través de la reforma vigente, pero en un futuro más o menos cercano se necesitarán “retoques” ante la tendencia demográfica persistente.
Porque además, aunque el engendro promovido por el Pit Cnt no sea aprobado, como es de esperar, no es este un problema solo de este gobierno o de los que vengan, sino que es un tema de sostenibilidad del régimen, y si se encara la respuesta con una gradualidad adecuada, se podría más o menos atenuar los efectos traumáticos para las próximas generaciones, cuando se requieren cada vez servicios más caros y demandantes, y la despoblación rural afecte nada menos que la columna vertebral de la economía del país, que es el agro.

