Investigación confirma que somos “sandu” y no una “isla en el río”

Durante 87 años la única teoría difundida y aceptada sobre el origen de nuestra ciudad y el significado de su nombre, fue la de que Paysandú había sido fundada en 1772 por Gregorio Soto y su nombre derivaba del apellido del sacerdote que acompañó aquella empresa misionera junto a 12 familias: Fray Policarpo Sandú.
“Esa idea fue planteada por primera vez en 1841 (y también en 1850) por Juan De la Sota –el primer historiador de nuestro país– un santafesino radicado en el Estado Oriental del Uruguay en los albores de su institucionalidad. En 1864 dicha teoría fue replicada por Isidoro De María y desde 1896 fue ampliada y sostenida con firmeza por Setembrino Pereda”. Así –como apretado resumen de amplio tema– lo afirma el investigador histórico Andrés Oberti Rual quien acaba de publicar con gran éxito “Quiénes somos”, la primera parte de su obra “Historia de la ciudad de Paysandú”.
Quien hasta hace pocos años escribiera todos los viernes en estas páginas su interesante serie “Historias sanduceras no contadas”, ahora –a través de 120 páginas a color y con un atractivo diseño que incluye muchas fotos y mapas de alto valor histórico– nos introduce en el análisis de dos asuntos basales de nuestra identidad sanducera: el origen y el nombre.
“Ambos son temas ya abordados en varias obras por diferentes autores, pero sentí que hacía falta ordenar cronológicamente esas manifestaciones y volver a observarlas, o darlas a conocer a quienes todavía no habían tenido la ocasión de enterarse de ellas”, indica el autor, quien a su vez nos recuerda que “aquella teoría del Padre Sandú, que se sostuvo tantos años fue totalmente destruida por el Presbítero salesiano Baldomero Vidal durante el Primer Congreso de Historia Nacional desarrollado en Montevideo en 1928. Allí hubo una batalla de argumentos dirimida entre Vidal y Pereda y las autoridades del congreso emitieron sobre el final una declaración que de alguna manera laudaba tibiamente el asunto: ‘… no se podía probar la existencia del Padre Sandú pero sí debía aceptarse tal posibilidad porque era tradición primitiva, universal y constante’. Esa fue una manera elegante de conformar a los dos historiadores”. Agrega Oberti que “allí no terminaba la discusión, sino que empezaba”. Y así fue. La contienda se dirimió a través de la prensa local, básicamente en EL TELEGRAFO y en El Diario, los dos medios escritos más importantes de la primera mitad del siglo XX. Acota el autor: “La lucha argumental duró hasta que falleció Pereda, en abril de 1940, después hubo un impasse y en 1955 se retomó”.

Canoa encontrada en 1941 por personal de Hidrografía en el limo de la desembocadura del Queguay, durante estudios para un posible dragado.
Canoa encontrada en 1941 por personal de Hidrografía en el limo de la desembocadura del Queguay, durante estudios para un posible dragado.

Los historiadores Natalio Vadell e Isidoro Schulkin son otros de los importantes actores recordados en el libro. El primero por haber descubierto en Buenos Aires un documento al que se le llamó “el informe Cassero”, decisorio para determinar el año de comienzo del proceso fundacional, y Schulkin –por otra parte– fue quien precisamente en 1958 publicó su gran cantidad de valiosas biografías y en una de ellas revelaba la verdadera identidad del Padre Sandú, que en realidad se llamaba José Basilio López, poniendo así la lápida a aquella teoría presentada en primera instancia por De la Sota en 1841 y que Baldomero Vidal fuera el primero en aniquilar.
“En 1955, el ilustre profesor sanducero Juan Pivel Devoto fue quien tuvo que decidir qué año se podía considerar como el comienzo de la población de Paysandú, y éste –luego de analizar la copiosa documentación reunida– determinó que fuera 1756. Mas luego, en 1980, aparece el destacado profesor entrerriano Erich Poenitz presentando durante un congreso en Buenos Aires, dos cartas de Juan San Martín (gobernador de Yapeyú) dirigidas al gobernador de Buenos Aires Juan Vértiz, en las que afirmaba claramente que fue él mismo quien en 1776 pasó por paso Paisandú y se ocupó de ‘juntar en población aquellos naturales, fabricándoles su Capilla y ranchos’. A partir de esos documentos y muchos otros (de data posterior) presentados en mi libro, podemos confirmar que durante muchísimos años Paysandú fue –además de un punto de paso del río– solo un establecimiento de unos pocos ranchos, cumpliendo la simple función de un puesto (el más meridional) de la gran estancia de Yapeyú, también usado como puerto, pero que pasó mucho tiempo para llegar a ser una villa. Si en 1955 Pivel Devoto hubiese contado con los documentos de Poenitz, seguramente otra hubiese sido su conclusión respecto al año de nuestros orígenes, como por ejemplo mantener 1756 como comienzo pero resaltando 1776 como inicio de un rancherío más formal”, dice el investigador.
Sobre el origen, en el libro se desarrolla mucho más, siendo imposible trasladar a este artículo tantos datos. Mientras tanto, con respecto al nombre se presenta una interesante investigación que decanta en descartar la teoría más aceptada hasta hoy de que Paysandú significa “isla interpolada en el río” (traducción un tanto forzada del término Y’ pau çandog aparecido en una carta). En su obra, Oberti aclara con detalles por qué discrepa con ésta y otras acepciones, como por ejemplo ‘Padre que escucha’ o ‘Padre rubio’ o que ‘Zumé’ termine transformándose en ‘Sandu’, planteando que “esas posibles explicaciones del nombre nunca fueron analizadas en profundidad y hasta ni tan siquiera cuestionadas; solo se han repetido una y otra vez; incluso los mismos que las plantearon en su momento lo hicieron sin dar muchas justificaciones, más allá de mal traducir palabras y vocablos del guaraní. Nosotros no solo lo hacemos, sino que exponemos nuestra propia teoría sustentada con argumentos apoyados –entre otras razones– en ponencias de prestigiosos filólogos, a los que agregamos razonamientos propios”, afirma Oberti.

Algunos de los restos de cerámica hallados por el gran arqueólogo argentino Antonio Serrano a mediadios de los años cincuenta, en costa norte de la isla Caridad, donde se ubica el Paso Sandú. Su elaboración con una pasta arenosa combinada con numerosísimas espéculas de esponja de agua dulce, las hace muy particulares y por ello las tipificó como un grupo único llamado “Cerámica Paso Paysandú”. Según Oberti, sumando este hallazgo a la canoa monóxida (foto) y a una urna guaranítica encontrada en Arroyo Negro, se prueba la presencia relativamente estable en nuestra zona de los llamados “guaraníes de las islas” (los chandu).
Algunos de los restos de cerámica hallados por el gran arqueólogo argentino Antonio Serrano a mediadios de los años cincuenta, en costa norte de la isla Caridad, donde se ubica el Paso Sandú. Su elaboración con una pasta arenosa combinada con numerosísimas espéculas de esponja de agua dulce, las hace muy particulares y por ello las tipificó como un grupo único llamado “Cerámica Paso Paysandú”. Según Oberti, sumando este hallazgo a la canoa monóxida (foto) y a una urna guaranítica encontrada en Arroyo Negro, se prueba la presencia relativamente estable en nuestra zona de los llamados “guaraníes de las islas” (los chandu).

Según sus estudios, en tiempos pretéritos los habitantes de nuestra zona –ya conocida y utilizada como paso del río– fueron los indios guaraníes del grupo identificado como “guaraníes de las islas”, llamados “chandu”, término que se pronunciaba con sonido de “ye” (=yandu). De allí deriva el nombre, por suave transformación del dígrafo “ch” en “sh” y en “s”, con el antepuesto vocablo “Pai” que significa “antiguo”.
El análisis presentado en “Quiénes somos” es mucho más extenso y rico, pero en resumen se afirma que “Paysandú” significa la identificación de un lugar determinado: “Paso de los antiguos chandu”. Es que “uno de los errores más notorios que se han cometido para explicar nuestro nombre es traducir ‘Pai’ como ‘Padre’ en el sentido religioso, cuando en el guaraní usado en esa época (mitad del siglo XVIII) para que ‘pai’ fuera eso, necesariamente debía estar junto a la palabra ‘abaré’”, dice Oberti, acotando que “nunca se estudió lo que realmente se hablaba y –sobre todo– escribía, cuando en 1749 se estampó por primera vez el vocablo ‘Paisandù’ (que fue en el mapa del Padre Quiroga, publicado en Italia recién en 1753)”.
En el último capítulo se expone y analiza el contexto geopolítico y religioso en el cual fue surgiendo nuestra población, y se enfatiza en los puntos más salientes de nuestros caracteres primigenios que dan formación al ser sanducero, particular en la región.
Sobre el final hay un código QR que permite visualizar en un dispositivo móvil varios mapas en alta calidad. “Este es el primer volumen y abarca nuestra historia hasta 1802.
El segundo libro irá desde esa fecha hasta 1864 y saldrá aproximadamente a mediados de octubre, mientras que el tercero y último estará dedicado enteramente a la defensa de 1864/65”, termina diciendo Oberti, quien además promete “aportar en esos dos tomos algunos datos no conocidos y particulares análisis, tanto como –o más– que en ésta primera entrega”.