La dictadura venezolana y sus cómplices uruguayos

La terrible situación que atraviesa Venezuela resulta ser un espejo en el cual pueden y deben verse el resto de los países latinoamericanos para valorar los beneficios que tiene el sistema democrático y cuán caro es el precio que se paga cuando el mismo es suplantado por una dictadura cruel y despótica que viola de manera sistemática y permanente los derechos humanos de sus gobernados.
La farsa del gobierno bolivariano alcanza los niveles más elementales y tragicómicos de la matemática electoral. En ese sentido, la agencia de noticias alemana Deutsche Welle realiza esta crónica sobre los curiosos números que muestran los resultados difundidos por el gobierno: “El periódico Süddeutsche Zeitung publica un artículo titulado “Definitivamente una dictadura”, en el que llama la atención sobre los resultados de las elecciones de Venezuela y, particularmente, sobre las cifras que siguen a la coma: “Exactamente 5.150.092 votos habría recibido el presidente venezolano, Nicolás Maduro, en las elecciones del pasado domingo, según las cifras oficiales. Eso equivale al 51,2 por ciento, no redondeado, sino con toda exactitud, es decir: 51,2 por ciento. ¿Sospechoso? Bueno, algo muy similar ocurre en el caso del candidato opositor: 44,2 por ciento. ¿Y los otros contendientes? Exactamente 4,6 por ciento. La probabilidad de que los venezolanos hayan votado así por pura casualidad es de cerca de una en cien millones. Mucho más probable es, por eso, que alguien en el cuartel general de los gobernantes chavistas haya establecido a priori qué porcentaje se le asignaría grosso modo a la oposición. Luego se determinó rápidamente, con una calculadora de bolsillo, a cuántos votos equivaldrían tales porcentajes. Listo queda el resultado electoral”.
Las elecciones fueron realizadas en un clima de acciones violentas contra votantes y candidatos de la oposición, alteración de actas electorales, cierre de fronteras para observadores extranjeros y amenazas de violencia en caso de un resultado adverso para Maduro. La “furia bolivariana”, término acuñado por Nicolás Maduro para dar nombre a la persecución y hostigamiento contra la oposición democrática, advirtió además que su derrota electoral provocaría “un baño de sangre y una guerra civil”.
La comunidad internacional ha reaccionado en forma clara y contundente contra el fraude llevado a cabo por Maduro y sus secuaces y de la misma forma se han manifestado diversos mandatarios, con la penosa excepción que quienes han sido buenos socios de esa dictadura: Cuba, Nicaragua, Corea del Norte, China, Irán, México, Brasil, Colombia entre otros. En Uruguay la izquierda (incluyendo Orsi, que califico tímidamente al acto electoral de “sospechado”) hace grandes esfuerzos para no asumir una posición clara que pueda perjudicar a una dictadura “amiga” o afectar negativamente la campaña electoral en curso. Capítulo aparte lo constituye el comunicado del Movimiento de Liberación Nacional (MLN) que saludó al “pueblo venezolano” que “una vez más en un acto eleccionario ejemplar, decidió continuar el camino de la paz junto al proyecto bolivariano de soberanía y justicia social”.
Una honrosa excepción a ese apoyo automático es el exvicepresidente y excanciller Rodolfo Nin Novoa, quien no tuvo pelos en la lengua para calificar lo sucedido en Venezuela: “Sin ningún lugar a dudas, ha habido un fraude”. En una entrevista publicada por Montevideo Portal, “Nin apuntó, además, que el Comité Nacional Electoral (CNE) venezolano tenía, por ley, 30 días para proclamar al presidente electo. “[Lo] proclamaron al otro día de las elecciones, sin mostrar nada y con una denuncia de hackeo sumamente dudosa”, sostuvo. La situación en Venezuela es un desastre. Por ahora, no se vislumbra ninguna salida, porque Maduro no tiene para dónde irse. Ese es el problema. No se va a ir a ningún lado, y se va a aferrar al poder como todos los autoritarios y los dictadores” (…) “sin lugar a dudas, que en Venezuela se violan los derechos humanos y hay persecución”, al mencionar como ejemplo el “desastre” que es que se pida la detención de María Corina Machado y Edmundo González, líder de la oposición venezolana y candidato a la Presidencia, respectivamente (…) el de Nicolás Maduro “es un gobierno autoritario que restringe los derechos humanos”.
Asimismo, resulta oportuno recordar que en 1994, antes de ser presidente, Hugo Chávez visitó Uruguay y trató de reunirse con el general Líber Seregni, pero este no lo recibió por considerarlo un dictador. Como dijo en 2019 el exvicepresidente, senador y ministro de Economía y Finanzas, Danilo Astori, “Seregni no quiso recibirlo por la cercanía que había con una ruptura institucional que Seregni no compartía”. A pesar de eso, Maduro mintió cuando sostuvo en público “cómo admiró Hugo Chávez al general Seregni. Desde la primera vez que fue, en el año 94, a Montevideo, el comandante Chávez llegó feliz de cómo se iba encontrando la idea de la patria grande de los libertadores del siglo XIX y de los grandes líderes del siglo XX, como el general Seregni”, refiriéndose a una reunión que nunca existió.
En otro orden, sería bueno que algún fiscal (de esos que son rápidos en causas contra figuras de la coalición de gobierno pero son de “cajoneo o archivo rápido” cuando se trata de frenteamplistas), pudiera investigar los verdaderos lazos entre la izquierda uruguaya y el gobierno venezolano. No se trata solo de las valijas de Antonini Wilson (porque según el expresidente argentino Alberto Fernández “la plata de la corrupción venezolana iba para Uruguay”), sino también de la escandalosa venta de libros por parte de una empresa uruguaya por 32 millones de dólares. Según el portal 180 “en su momento, la venta llamó la atención porque cada unidad se vendió a cerca de 500 dólares y en Uruguay cuestan menos de 10 dólares. O sea que algo que valía 500.000 dólares acá se pagó 32 millones allá. Todos esos hechos ocurrieron durante los gobiernos del Frente Amplio y gracias a sus amigos en Fiscalía (a la cual podríamos llamar “la máquina de archivar” si los acusados son de izquierda) la investigación no llegó a nada.
En materia de “negocios” con Venezuela, sería bueno que los integrantes de la izquierda sanducera se dieran cuenta que si su líderes idolatrados Hugo Chávez y Nicolás Maduro le hubieran pagado en tiempo a la empresa Pili S.A. tal vez seguiría abierta y sus trabajadores hubieran conservado sus empleos. Pero claro… el gobierno venezolano es un “deudor compañero” así que es mejor quedarse callado la boca y mirar para otro lado.
Toda la izquierda que apoya el fraude electoral del pasado domingo forma parte de los cómplices locales que tiene la dictadura de Maduro en Uruguay, quienes defienden lo indefendible a capa y espada y que, cuando un día se sepa la verdad, dirán (como hicieron con la Unión Soviética) que ellos no estaban bien informados sobre la situación real del régimen. Pueden contarla como quieran, pero ellos son cómplices de una dictadura asesina que más temprano que tarde llegará a su fin. Como todas las dictaduras a lo largo de la Historia, porque al final las ansias de libertad terminan por romper cualquier cadena.