Los analfabetos del Siglo XXI

La presencia creciente de Internet en nuestra vida es una realidad que crece día a día, haciéndose cada vez más necesaria para diversos aspectos de nuestra vida diaria. Acciones tan diversas como comprar un pasaje de ómnibus, realizar un surtido en el supermercado o presentar una solicitud ante oficinas públicas se vuelven más corrientes, pero también más complejas, todo lo cual hace necesario que estemos familiarizados con el uso de esas herramientas digitales.

Según el especialista Gabriel Espinoza Traslaviña “actualmente, la tecnología digital está presente en cada aspecto de nuestras vidas. Sin embargo, existen personas que, debido a limitaciones en el acceso, habilidades, o naturaleza de su actividad laboral, no han adquirido las competencias básicas para manejarse en este entorno digital y su abrumadora oferta. Aquellos que carecen de estas habilidades básicas son conocidos como “analfabetos digitales”. Si bien no hay un consenso único sobre qué constituye exactamente el analfabetismo digital, generalmente se entiende como la falta de habilidad para usar dispositivos móviles o computadoras, la dificultad para adaptarse a nuevas tecnologías, y la carencia de competencias digitales autónomas, pensamiento crítico y la habilidad para discernir información útil y relevante en Internet.

Pero el analfabetismo digital va más allá de la incapacidad para usar un smartphone o navegar en Internet. Impacta directamente en la habilidad de las personas para participar activamente en una sociedad cada vez más digitalizada. Desde realizar compras en línea hasta acceder a servicios gubernamentales y manejar la banca electrónica, la brecha digital puede tener serias consecuencias en la calidad de vida de una persona. La penetración de lo digital es tal que actualmente en Paysandú hay muchos comercios que sólo venden sus productos a través de redes sociales y los envían a domicilio con servicio de delivery.
Según un informe del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA) y el Banco Interamericano de Desarrollo, aunque el 68% de la población en América Latina y el Caribe tiene acceso a Internet y dispositivos inteligentes, muchos no poseen las habilidades o conocimientos necesarios para aprovechar estas herramientas en su desarrollo intelectual o laboral. Especialmente las generaciones mayores que enfrentan retos significativos en este entorno digital.

“La rápida evolución tecnológica puede ser abrumadora, y muchos se apoyan en familiares o amigos para realizar actividades que ahora se efectúan predominantemente en línea, pero un amplio sector de la población ya no se clasifica como analfabeto digital. Sin embargo, la constante evolución de la tecnología sigue presentando desafíos para todos”.

“En términos demográficos, los expertos suelen distinguir entre tres categorías: nativos digitales, migrantes digitales y analfabetos digitales. Los nativos digitales son aquellas personas nacidas y criadas en la era de la tecnología digital. Los migrantes digitales son aquellos que han incorporado la tecnología en su edad adulta, y aunque la utilizan, no siempre aprovechan todo su potencial. Los analfabetos digitales, en cambio, tienen poco o ningún contacto con las tecnologías digitales y suelen depender de otros para su uso”.

En Uruguay, por su parte, es importante tener en cuenta la población preliminar estimada según el Censo 2023, es 3.444.263 personas, con la siguiente distribución etaria: 0 a 14 años (18%), 15 a 34 años (28%), 35 a 64 años (38%) y 65 años y más (16%). Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), el índice de envejecimiento, que expresa la relación entre la cantidad de personas mayores y la cantidad de niños y jóvenes, ha ido en aumento a lo largo de los años, y pasó de 50,86% en 1996 a 75,84%. Mientras tanto, el índice de sobreenvejecimiento, el cual manifiesta el peso relativo de la población más envejecida (85 y más años) dentro de la población adulta mayor (65 años y más), de 9,62% en 1996 se incrementó a 13,64% en 2021. Asimismo, este grupo etario es uno de los segmentos que ha incorporado más usuarios/as de Internet en términos relativos, en 2016 representaba el 51% y, en 2021, el 80%.

Las cifras mencionadas dejan en claro que, a pesar de los avances realizados, una parte importante de la población uruguaya puede verse marginada de las ventajas que brinda Internet, con lo cual se pone en peligro su inclusión digital. De acuerdo con un documento del Ministerio de Desarrollo Social (Mides) “teniendo en cuenta la relevancia que ocupan las tecnologías digitales en la Sociedad de la Información y el Conocimiento, la inclusión digital es concebida como un derecho humano, ya que posibilita el acceso a la educación, cultura, y a su participación en la vida social y comunitaria. Es decir, la inclusión digital, forma parte de la inclusión social de la persona”. Este informe hace referencia, asimismo, al Plan de acción de Madrid sobre el Envejecimiento del año 2002 el cual, en su artículo 38, argumenta que: “La tecnología puede utilizarse para unir a las personas y contribuir de esta forma a reducir la marginación, la soledad y la separación entre las edades. Por consiguiente, habría que adoptar medidas para permitir a las personas de edad el acceso, la participación y la adaptación a los cambios tecnológicos”. Es que ser analfabeto digital en esta época es tan problemático como no saber leer y escribir en la época vareliana. Quien no domina lo básico de Internet, como hacer compras, buscar información, realizar trámites, reservar horas para consultas u oficinas públicas, prácticamente queda marginado muchas de esas cosas. El mundo va para ese lado y es imprescindible adaptarse a él, porque en los tiempos actuales no es viable mantener las estructuras del siglo pasado para que quienes no se adaptan a la realidad puedan hacer su vida como en los ‘80.

Por eso en Uruguay, iniciativas como el Plan Ibirapitá o Inmayores constituyen ejemplos de políticas públicas de alcance nacional que apuntan a alfabetizar digitalmente a los adultos mayores.

Ante este escenario, los poderes públicos y el sector privado de nuestro país deben mantener una especial atención a los analfabetos digitales que, si bien pueden concentrarse, eventualmente, en el grupo etario de los adultos mayores, es probable que se distribuyan en edades más tempranas que por algún motivo (nivel educativo, dificultades de comunicación, analfabetismo a secas, etcétera) ven perjudicada o directamente frustrada su acceso a Internet. Ante la proliferación de cajeros automáticos, terminales de autoconsulta y/o gestión, entre otras modalidades operativas, resulta necesario que permanezcan al alcance de los usuarios personas que asistan a quienes desean realizar tales operaciones como forma de orientarlos y que el sistema les resulte más amigable y de mayor utilidad, lo cual al fin y al cabo es la razón de ser de toda esa incorporación tecnológica.