Desigualdades y desafíos para reducir la mortalidad por cáncer de mama

Paysandú fue sede, el pasado fin de semana, de las Jornadas de Mastología, organizadas por la Sociedad Uruguaya de Mastología, en una puesta al día para evaluar la realidad nacional en el tema, sobre todo porque nuestro país tiene características propias en la problemática, por un lado con elementos de un país desarrollado pero con escenarios vinculados al subdesarrollo, agravado por desigualdades territoriales, que tienen significativa incidencia.
Ello quedó expuesto claramente en estas jornadas, que forman parte de una serie de actividades a nivel nacional, apuntando a comprender y mejorar la situación epidemiológica del país, con un enfoque dirigido a reducir la mortalidad asociada a esta enfermedad.
En este sentido, la oncóloga Guianeya Santander, presidenta de la Sociedad Uruguaya de Mastología, jefa del Servicio de Oncología en el Hospital Militar de Montevideo, destacó el objetivo de que los profesionales se sitúen en la realidad nacional en cuanto a incidencia y mortalidad del cáncer, sobre lo que resumió que la incidencia es comparable a la de los países desarrollados, pero con porcentajes significativamente más elevados de mortalidad, lo que es precisamente indicativo de la contradicción que señalábamos.
Es que ello es especialmente marcado por el hecho de que se han logrado importantes avances en la detección temprana –fundamental para combatir el flagelo y reducir la mortalidad– pero este último aspecto es preocupante y no condice con el avance logrado en la detección temprana de la enfermedad.
Destacó que esta detección temprana se basa fundamentalmente en el uso de la mamografía, la que se procura poner al alcance de todas las mujeres en edades ya de riesgo y otras situaciones en que las posibilidades de padecer el cáncer se acentúan, pero ello no ha permitido que se pueda bajar el número de unas 800 muertes al año por esta causa.
Aquí precisamente se sitúa el desafío, porque no condicen las cifras de detección con la mortalidad que se da en los países desarrollados, lo que indica que la etapa inicial no es correspondida con las acciones que se requieren para bajar este índice.
Entre otros aspectos, la profesional considera que ello está relacionado “con el estilo de vida, con el sedentarismo, con factores de riesgo intrínsecos y extrínsecos que hoy contamos”, a la vez que hay marcadas diferencias en el contexto geográfico del país, con problemas que se acentúan en el Interior y mucho más aún en el interior profundo, donde la realidad golpea duramente, por cuanto en los centros urbanos es más accesible la detección temprana, el tratamiento y el seguimiento.
En este sentido, es considerado como un aspecto sustancial para revertir esta realidad, que “se pueda contar con equipos que puedan responder con los mejores tratamientos y en los tiempos adecuados, asegurando el acceso a la rehabilitación y el seguimiento de los pacientes sobrevivientes de cáncer de mama”. Sobre este escenario se trabajó en estas jornadas, por cuanto se evidencia una notoria disparidad en el acceso a tratamientos entre Montevideo y el Interior, a la vez que según la Dra. Santander, las diferencias de disponibilidad de recursos no solo se dan en este aspecto, sino incluso dentro de las mismas ciudades.
Es pertinente traer a colación apuntes que formula la Organización Panamericana de la Salud (OPS) sobre esta afección en la región, empezando por señalar que el cáncer de mama es más frecuente y la causa más común de muerte por cáncer en mujeres a nivel mundial, a la vez que causa más años de vida ajustados por discapacidad perdidos en mujeres que cualquier otro cáncer. A su vez, la carga de enfermedad que representa el cáncer de mama es desproporcionadamente mayor en los países en vías de desarrollo, donde la mayoría de las muertes por cáncer de mama ocurren prematuramente, en mujeres menores de 70 años.
Más aún, las Américas representaron casi una cuarta parte de los nuevos casos de cáncer de mama en los últimos años, y en América Latina y el Caribe, la proporción de mujeres afectadas por la enfermedad antes de los 50 años (32%) es mucho mayor que en América del Norte (19%).
En esta evaluación, nuestro país se sitúa con sus contradicciones, por cuanto hay un trabajo efectivo en la detección precoz por los elementos que señalábamos, pero con el contraste de acciones posteriores que desembocan en un índice de mortalidad que no es el de los países desarrollados, sino que está a medio camino con las estadísticas de la región.
Tenemos así que el pronóstico después de un diagnóstico de cáncer de mama ha mejorado dramáticamente en los países de altos ingresos, los cuales han tenido una disminución del 40% en mortalidad por cáncer de mama (estandarizada por edad) a partir de 1980 y la década en curso. Sin embargo la detección precoz y el acceso a tratamiento efectivo siguen siendo un reto para países con recursos limitados, a pesar de que existen intervenciones probadas y rentables. El tratamiento del cáncer de mama puede ser eficaz, especialmente cuando se detecta a tiempo. Por lo general, implica cirugía con o sin radiación y medicamentos. La efectividad del tratamiento depende de someterse al curso completo del tratamiento. Las características que se asocian con un mayor riesgo de desarrollar cáncer de mama incluyen la obesidad, consumo de alcohol, antecedentes familiares de cáncer de mama, exposición a radiación, antecedentes reproductivos y hormonales y consumo de tabaco. Alrededor de la mitad de los casos se desarrollan en mujeres sin factores de riesgo identificados además de ser mujeres con 40 años de edad o más.
Mientras tanto, Uruguay cuenta con una red de oncólogos bien distribuida en todo el país –por lo menos en el mapa general, pero naturalmente enmarcado ello en las dificultades de acceso de las zonas más alejadas de los centros urbanos– y un acceso generalizado a mamógrafos y diagnósticos patológicos en todos los departamentos, en tanto “el desafío ahora es incorporar técnicas que sabemos que ofrecen los mejores resultados”, para que el paso positivo de la detección precoz no se desvirtúe en los pasos subsiguientes, pese a que en nuestro país se cuente con la incorporación de la resonancia magnética para pacientes de alto riesgo y la implementación del tratamiento de neoadyuvancia, que son terapias previas a la cirugía, alineado ello con los protocolos de tratamiento a nivel mundial.
Igualmente, para optimizar el uso de estas herramientas, se requiere de una acción territorial y de campo, de difusión, de concientización a tono con el desafío, de forma de cumplir con el compromiso expresado por la Dra. Santander, de “asegurar que todas las mujeres, sin importar donde vivan, reciban el mejor tratamiento posible”, por encima de los escenarios socioeconómicos en que se desenvuelvan.