A medida que la población envejece, más personas se dedican al cuidado de otros. Es una tarea que pone a prueba, incluso, a quienes son más resilientes. El doctor Marcelo Luaces, integrante del equipo técnico de Atención de Alzheimer Paysandú (ADAP) señaló a Pasividades que este tema no sólo es trascendente en una población envejecida, sino a nivel mundial.
“El cuidado de un ser querido pone a prueba incluso a las personas más resilientes. Si están a cargo del cuidado de una persona, hay que tomar medidas para preservar la salud y bienestar del cuidador para tener un enfermo y no dos”. Ejemplificó que “aproximadamente uno de cada tres adultos en Estados Unidos es un cuidador informal o familiar”.
Síndrome del cuidador
Por definición, “un cuidador es cualquier persona que ayuda a otra que lo necesita. Una persona necesitada puede ser un cónyuge o pareja enfermo, un hijo con discapacidad o un amigo o persona mayor. Los cuidadores declaran niveles de estrés más elevados que las personas que cuidan. Es importante que esos cuidadores sepan que ellos también necesitan ayuda y apoyo”.
En estas circunstancias pueden padecer “el síndrome del cuidador, que es un estado de agotamiento físico, emocional y mental que se produce en las personas que cuidan de forma continua a un familiar o ser querido que padece una enfermedad. Este síndrome puede manifestarse en personas que cuidan de pacientes con Alzheimer, o de aquellos que requieren cuidados por otras enfermedades crónicas o mentales, o por la vejez”.
Síntomas
Algunos síntomas de los cuidadores se reflejan en el cansancio. “Es la preocupación continua, padecen insomnio, pérdida de peso o apetito, dolores de cabeza, palpitaciones, irritabilidad, cambios de humor, niveles elevados de estrés, ansiedad o depresión y dificultades para concentrarse o relajrse”, detalló.
Evitar enfermarse
Con el fin de evitar el síndrome del cuidador, recomendó “no ser el único cuidador e involucrar a otras personas, compartir la evolución del paciente con otros cuidadores o familiares, practicar hábitos saludables, tener momentos de respiro o practicar alguna afición y evitar el aislamiento social”. Destacó la importancia de “facilitar la autonomía del familiar, evitar el estrés en la medida de lo posible y mantener una actitud positiva”.
Prevención
La prevención del síndrome del cuidador comienza por “pedir ayuda. Es fundamental delegar responsabilidades y compartir la carga del cuidado con otras personas o servicios profesionales. Buscar apoyo emocional, participar en grupos para cuidadores o recibir orientación sicológica y establecer límites”.
Con relación a este último aspecto, enfatizó en “aprender a decir ‘no’ y establecer tiempo para el propio autocuidado”. Enumeró como ejemplo de actividades vinculadas al autocuidado, “tomarse momentos para descansar, hacer ejercicio, mantener una vida social activa y pasatiempos”.
En última instancia, señaló que existen “instituciones que ofrecen recursos y servicios para aliviar la carga de cuidadores, como el apoyo temporal de profesionales o voluntarios”.

