“Italianos sin Reconocimiento”: la lucha de 2.000 uruguayos por obtener su ciudadanía

Cada año, miles de uruguayos se embarcan en una travesía burocrática que trasciende fronteras y generaciones: la solicitud de la ciudadanía italiana. Para muchos, no se trata únicamente de un trámite administrativo, sino de una búsqueda de identidad, una conexión con el pasado y, en muchos casos, de la oportunidad de mejorar sus vidas y las de sus familias.
Gabriela Colombo forma parte del colectivo “Italianos sin Reconocimiento” en Uruguay. Este grupo, integrado por unos 600 miembros, busca que el consulado italiano agilice los trámites para la ciudadanía de unos 2.000 uruguayos descendientes de italianos que esperan el reconocimiento de su derecho.
Colombo relata que el principal problema radica en los escasos turnos que se liberan para presentar la documentación debido a que, en nuestro país, no se cuenta con un consulado italiano sino con una cancillería consular, lo que implica menor autonomía administrativa, menor cantidad de personal y por lo mismo menor capacidad para atender la demanda.
Para Colombo y los integrantes de este colectivo, el tema no apunta simplemente a obtener un pasaporte. “No se trata solo del pasaporte, sino de que reconozcan que somos ciudadanos italianos, no vulnerando los derechos que por ley tenemos”, subraya.
La situación es aún más alarmante para aquellos que desean emigrar a Europa, o sólo buscan que su descendencia pueda acceder a los beneficios de la ciudadanía italiana.
La migración italiana a Uruguay se remonta a finales del siglo XIX y principios del XX, cuando decenas de miles de italianos abandonaron su tierra natal debido a la pobreza, la falta de oportunidades y la inestabilidad política. Uruguay, por su estabilidad y oferta de tierras, se convirtió en uno de los destinos preferidos de los inmigrantes. Alrededor de un millón de personas, aproximadamente un tercio de la población actual de Uruguay, tienen algún tipo de ascendencia italiana.
Un derecho que
parece denegado
Colombo señala que existen métodos alternativos que podrían mejorar la eficiencia del proceso, como el uso de portales digitales y trámites más flexibles, pero asegura que las autoridades italianas han ignorado estas propuestas.
Actualmente, el sistema obliga a los solicitantes a ingresar una vez al mes en un sitio en línea, donde se asignan apenas unos 50 turnos, un número insuficiente para la cantidad de solicitudes acumuladas. “Es una carrera contrarreloj. Apenas liberan los turnos, se agotan en cuestión de minutos”, explica.
La desesperación ha generado un mercado paralelo de gestores que, utilizando software avanzado, logran reservar turnos y los venden a precios elevados. “Es un negocio. Te ofrecen el turno por hasta 1.200 dólares”, denuncia Colombo.
Pese a los obstáculos, el colectivo “Italianos sin Reconocimiento” ha logrado ciertos avances. Colombo relata cómo, tras varias reuniones con las autoridades de la embajada, lograron que los turnos se liberen a horas más accesibles. “Antes, tenías que entrar a la medianoche, hora italiana. Ahora lo hacen a horas más razonables”, indica. No obstante, estos pequeños logros no solucionan el problema de fondo: la escasez de turnos y de recursos en la oficina de la cancillería consular.
El grupo ha organizado varias manifestaciones frente a la embajada italiana, obteniendo algunos pequeños avances, asevera Colombo.
Este problema no es exclusivo de Uruguay. En países como Brasil y Argentina, donde el número de descendientes italianos es mucho mayor, los tiempos de espera son incluso más largos. “En Brasil, hay listas de espera de hasta 14 años en el futuro”, dice Colombo, evidenciando la magnitud del problema.
Posibles soluciones
A lo largo de los años, el colectivo ha presentado varias propuestas al gobierno y la embajada italiana, desde la creación de un nuevo consulado en Uruguay hasta la posibilidad de realizar trámites por correo electrónico. Sin embargo, estas propuestas han sido ignoradas. “Hemos sugerido que se acepte la documentación por mail, como se hizo en Caracas, pero no lo han aceptado”, afirma Colombo.
El colectivo no descarta nuevas acciones. “Nos organizamos en brigadas para reciclar cartelería y hacer nuevas manifestaciones frente a la embajada”, continúa. La lucha, como ella misma dice, es larga, pero no piensan desistir. “Hemos realizado varias movilizaciones, y además tenemos acciones pensadas en breve”, ahonda.
“Es un derecho que nos están vulnerando”, concluye Colombo, con la esperanza de que, algún día, miles de uruguayos sean reconocidos como lo que ya son: ciudadanos italianos.