Cuando está en desarrollo hasta el 24 de este mes de noviembre la Semana Mundial de la Concientización sobre la Resistencia a los Antimicrobianos (WAAW, por sus siglas en inglés), es oportuno y más pertinente que nunca subrayar la importancia de que se encare una campaña global para aumentar la concientización y comprensión sobre la resistencia a los antimicrobianos (RAM), y promover las mejores prácticas entre los actores de la salud para reducir la aparición y propagación de infecciones resistentes a los medicamentos.
Este es un tema que se arrastra ya desde hace muchos tiempo y que se viene agravando año a año, con nuevos desafíos para la ciencia y los avances tecnológicos en la medicina. Es que la resistencia a los antimicrobianos supone una amenaza cada vez mayor para la salud pública mundial y requiere medidas por todos los sectores del gobierno y la sociedad. Tiene un impacto significativo en la salud humana y animal, la producción de alimentos y el medio ambiente, debiéndose tener en cuenta que los agentes patógenos resistentes a los medicamentos representan un riesgo para todas las personas, en todas partes. Sin embargo, queda mucho por hacer para aumentar la concientización tanto del público como de los actores clave, de acuerdo a la opinión generalizada de los actores directamente involucrados.
El tema de la WAAW para este año es “Eduquemos. Promovamos. Actuemos ahora” y constituye un llamado a la comunidad global para educar a los actores clave sobre la RAM, abogar por compromisos audaces y tomar acciones concretas en respuesta a esta amenaza.
La Reunión de Alto Nivel de la ONU sobre RAM en 2024 representa una oportunidad importante para que los líderes mundiales aborden colectivamente la amenaza inminente que supone la RAM para la salud mundial, la seguridad alimentaria y la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de 2030.
El tema de este año hace un llamamiento a la colaboración intersectorial para preservar la eficacia de los antimicrobianos, apuntando a que todos los sectores utilicen los antimicrobianos de forma prudente y adecuada, al mismo tiempo que adoptar medidas preventivas para disminuir la incidencia de las infecciones y seguir buenas prácticas en la eliminación de residuos antimicrobianos contaminados.
Es que sin dudas en las últimas décadas, la resistencia antimicrobiana se ha constituido en un problema creciente que ha amenazado la prevención y los tratamientos efectivos para infecciones causadas por bacterias, parásitos y hongos. La disminución de las opciones de tratamiento efectivo para infecciones comunes resulta en una mayor morbi-mortalidad cuyo impacto se observa predominantemente en los pacientes más vulnerables.
Es fundamental en este contexto reducir la incidencia de infecciones a través de la efectiva aplicación de medidas de prevención, optimizando a su vez el uso de antimicrobianos en salud humana y animal.
Por regla general, el mayor consumo de antibióticos no se explica por una mayor prevalencia de infecciones susceptibles, sino que se utilizan también para tratar infecciones, como las causadas por virus, que no requieren ni responden al tratamiento con antibióticos. Un gran porcentaje del consumo de antibióticos es extrahospitalario y de éste una gran parte lo ocupa el tratamiento de las infecciones respiratorias tanto en niños como en adultos, que en la mayoría de los casos no requieren tratamiento antibiótico al tratarse de infecciones víricas.
Aunque los antibióticos son medicamentos que requieren receta médica, la realidad es que buena parte de su consumo se hace sin que el tratamiento haya sido indicado por el médico, o que el propio paciente o familiar sea el que demande del médico la prescripción de un antibiótico, especialmente en los casos de infecciones respiratorias que aparecen en niños.
Una regla de oro a seguir cuando la medicación es prescrita, salvo que aparezca alguna reacción adversa clínicamente significativa, es que la administración se prolongue por el tiempo que indique el médico, y que el paciente no deje de tomar la medicación tan pronto como sienta mejoría. La resistencia a antibióticos es más probable que ocurra si éstos se administran de forma intermitente o a dosis por debajo de las terapéuticas.
Tomar antibióticos cuando no se necesitan hace que las bacterias se hagan resistentes a ellos, es decir, que cuando se adquiera una infección por una bacteria, el antibiótico ya no tendrá efecto sobre ella y, por tanto, no se curará la infección. Las bacterias pueden transmitirse de unas personas a otras y como consecuencia, el uso irresponsable de antibióticos puede aumentar el número y la gravedad de las infecciones, que pueden ser muy difíciles de tratar.
En nuestro medio a menudo nos enteramos de pacientes internados en hospitales cuyo estado se agrava como consecuencia de infecciones intrahospitalarias, a la vez que en otras ocasiones se advierte que enfermedades que respondían bien a determinados tratamientos, sobre todo en base a antibióticos de uso común, requieren mayores dosis e incluso cambio de medicamentos porque ya las patologías no ceden con aquellas drogas con las que ello se lograba hasta no hace muchos años.
Esta problemática es de carácter global, y en gran medida responde a la automedicación y el uso inadecuado de antibióticos por “recetas caseras” o porque le hizo bien a otra persona, pasando por alto la complejidad de la medicina y la especificidad de los medicamentos para determinados agentes patógenos, que incluso responden distinto en base a las características del paciente.
Entre otros aspectos, existe una falsa creencia en el imaginario colectivo que relaciona a los antibióticos con la cura de enfermedades infecciosas comunes como la gripe y otros cuadros frecuentes en invierno que, en su mayoría, son virales. Estos fármacos no funcionan en estos casos, ya que solo sirven para tratar las infecciones bacterianas.
Surge claramente que además de la responsabilidad individual del ciudadano para no recurrir a la automedicación, también incide la acumulación y eventual interacción en el paciente de diversidad de drogas recetadas por más de un médico y especialistas que priorizan medicamentos para su área específica, por lo que se requiere como respuesta ineludible una mejor coordinación de los equipos médicos, así como concientización a nivel ciudadano, a través de una campaña persistente, además de correctivos de prácticas y reuniones a nivel de sociedades médicas y agentes de prestadores de salud.
