Ecos de un concierto memorable

El cierre de la velada contó con la participación de numerosos músicos invitados.

Una noche colmada de buena música se vivió en la Basílica Nuestra Señora del Rosario y San Benito de Palermo, con el concierto en el que se presentaron oficialmente los dos claves llegados desde Europa, donados gracias a las gestiones del organero sanducero Mario d’Amico. Como se ha informado, uno de estos instrumentos fue destinado a Paysandú y el otro a Salto.
El concierto, considerado uno de los más impactantes de los últimos tiempos, contó con la actuación del Dúo Dearmas, integrado por las hermanas Laura y Nives Dearmas, excepcionales clavecinistas uruguayas que se sumaron generosamente a la propuesta. Ambas son licenciadas en piano por la Escuela Universitaria de Música y egresadas en clave del Conservatorio Superior de Música de Zaragoza y de la Universidad Estatal de Campinas y durante su trayectoria se han presentado en muchos países del mundo. En su presentación, dialogaron con los claves y también ejecutaron piezas en solitario, intercambiándose los instrumentos que, según explicaron, poseen cada uno su propia personalidad. En otro momento, Laura Dearmas se trasladó al centro de la nave izquierda del templo, para tocar el piano.

Un cierre impactante

Esta verdadera fiesta de la música barroca tuvo un final impactante cuando se sumaron otros músicos e instrumentos. Para cerrar el concierto, d’Amico convocó a otros prestigiosos intérpretes, para interpretar todos juntos dos piezas en forma colaborativa. Desde Buenos Aires llegó Tomás Alfaro, titular del gran órgano Cavaillé-Coll de la Basílica del Santísimo Sacramento, y desde Paysandú se unieron otros, algunos muy jóvenes. Entre ellos estuvieron integrantes de la Banda Municipal y músicos independientes, incluido el propio Mario d’Amico. La lista incluyó a Joaquín Stekl (guitarra), Carolina Ríos (flauta traversa), Virginia Ríos (clarinete), Enrique Porro (violonchelo), Clarisa Balma (campanas), Isabel Ramírez (clavecinete y cascabeles), y Cristina Del Valle (armonio).

Sentados frente al público, los músicos invitados mostraron su calidad.
Los claves estaban situados junto al altar, a su derecha se ubicó el clavecinete y, en otros espacios del templo, el antiguo armonio, el piano y, por supuesto, el emblemático órgano Walcker. La capacidad artística y de organización de d’Amico logró concretar una puesta en escena única, que se tradujo en momentos de gran disfrute para el público presente, que sorpresivamente oía los distintos sonidos surgir desde diferentes puntos del recinto.

“Fue genial. Quedamos sumergidos en una bellísima despedida, con sonidos de diferentes timbres que solo músicos de sólida formación logran acoplar en el escaso tiempo dispuesto para ensayar”, comentó una integrante de la Comisión del Órgano Histórico. “La emoción enmudeció a la gente durante prácticamente dos horas. Ojalá se repitan acontecimientos como este en nuestra histórica Basílica, con su acústica notable”. El público, que colmó la Basílica, premió a los músicos con un largo y merecido aplauso, que coronó una velada inolvidable.