“El empleo ha muerto, viva el trabajo”

Cada día que pasa el empleo tradicional, tal como lo conocemos, va sufriendo modificaciones más profundas. Se trata de un fenómeno que cuestiona la propia noción de empleo y nos desafía para saber manejarnos en un mundo muy diferente al que Uruguay conoció en los años ‘50, donde mantenerse trabajando en una misma empresa era un símbolo de orgullo personal y reconocimiento social, algo que ha quedado muy lejos y no sólo desde el punto de vista cronológico. Hoy en día haber trabajado en diferentes empresas demuestra no sólo el coraje para cambiar de empleo y las ansias de mejorar, sino también que la persona en cuestión ha captado la atención de varios empleadores.

La fábrica: una especie en extinción

Un trabajo publicado en el año 2015 por el especialista Jairo José Niño Pérez se preguntaba: “¿Quién quiere trabajar 40 horas a la semana para un solo empleador? En el futuro, tal vez nadie. El trabajo a tiempo completo, tan normal para nosotros, no es un estado natural de la existencia humana. Antes de 1800, pocas personas trabajaban en la estructura de “semana laboral”. Esa idea es un sueño de los primeros industrialistas, quienes necesitaban reunir trabajadores dentro de una fábrica de manera simultánea para manufacturar productos de manera eficiente. Durante los últimos 100 años, el trabajo de 40 horas ha sido la pieza angular de la vida laboral, en ausencia de una mejor manera de lograr que las personas se reunieran en un mismo tiempo y lugar para conectarse, colaborar y producir. Pero la tecnología está cambiando la naturaleza del trabajo. La tendencia apunta a una nueva era en la que la mayoría de nosotros va a trabajar en múltiples ‘microcarreras’ al mismo tiempo, dejando el trabajo de tiempo completo tradicional atrás. Es posible que ‘el trabajo’ se convierta en un mercado en la nube en lugar de un escritorio y una silla en una empresa tradicional. Una fuerza laboral de agentes libres será capaz de obtener un buen ingreso sobreponiendo un número diverso de capas generadoras de dinero como relaciones profesionales, pasiones emprendedoras y otras actividades”.

2. Trabajo sí, empleos no

Para el experto Juan Carlos Casco Casco, “En los próximos años vamos a tener mucho trabajo y muy pocos empleos. Tenemos que prepararnos para hacer frente a esta situación, trabajo va a haber mucho, porque casi todo está por hacer, sin embargo las ofertas de empleo van a reducirse, una situación que parece contradictoria y anómala a la que tendremos que aprender a adaptarnos y sacar partido. (…) La brecha entre oferta de empleo y demanda es cada vez mayor. Un mundo en crecimiento que rebasa ya los 7.500 millones de personas, ávido de nuevos empleos, frente a una realidad de grandes empresas que reducen la necesidad de mano de obra y un sector público que oferta cada vez menos puestos de trabajo. (…) La capacidad de crear más empleos por parte de los empleadores tradicionales está agotada, de hecho, asistimos a una competición de las compañías para sustituir trabajadores por máquinas. Frente a esta realidad, la tecnología está creando millones de posibilidades inéditas para el desarrollo de nuevas actividades (nichos de trabajo) y negocios (…) Pero para explotar todo el potencial del trabajo que surge de la revolución tecnológica que está propiciando la Cuarta Revolución Industrial hay que repensar y rediseñar las políticas educativas, económicas, empresariales, laborales y fiscales, que faciliten a las personas inventar de manera autónoma su trabajo y forma de ganarse la vida. Por eso hay que sustituir las viejas políticas activas de empleo por nuevas políticas activas de trabajo (…) En el futuro, cada persona estará ante la disyuntiva: ¿Qué empleo me puedes dar? ¿Qué trabajo voy a inventar? En la actualidad, la inmensa mayoría está con su cabeza puesta en la primera opción. Si no comenzamos a enfocarnos en la segunda opción, nuestro futuro estará seriamente comprometido”.

3. Teletrabajo: sí, pero no tanto

Para el asesor Jorge Salinas, “el teletrabajo ha supuesto un efímero puente entre la manera tradicional de trabajar en las empresas, es decir, presencialmente, y lo que cada vez demanda más el nuevo presente de dichas empresas, una actitud permanente de trabajo y disfrute solapado donde no hay horarios definidos para una ni para otra cosa… El puesto de trabajo ya no es un sitio al que ir o un horario que cumplir. El puesto de trabajo ahora es una serie de tareas a realizar y unos objetivos que cumplir y da igual cuándo y desde dónde lo hagamos (…) De hecho, ya hay muchos millennials y algunos jóvenes de la generación Z, que ya se empiezan a incorporar al mercado laboral, que no buscan tan siquiera un puesto fijo sino que pertenecen a la corriente de los gigonomics, aquellos profesionales expertos en determinadas áreas que trabajan por proyectos en diferentes compañías de forma temporal, solo mientras sientan que aportan valor con esa especialización con la que están apasionados y se divierten”.

4. Reflexiones finales

De los comentarios mencionados surge un mensaje claro y fuerte: cada día existe menos empleo en el mundo, por lo que las personas deberán autoemplearse, reinventando su rumbo vital y buscando nuevas opciones desde las cuales trabajar. Tal como evoca la frase que usamos como título de la presente entrega, el empleo ha muerto, ahora sólo nos queda el trabajo.

Dr. Rodrigo Deleón

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