Se acerca Navidad y Fin de Año y las personas eligen celebrar estas fiestas de maneras diferentes. Mientras unos prefieren los grandes encuentros, otros optarán por reuniones más íntimas, algunos elegirán asistir a eventos y, por diversas razones, habrá quienes decidan no celebrar.
Es importante saber que no hay una sola regla y aunque sean quizás las festividades más populares en todo el mundo, esto no significa necesariamente que todos disfruten de la Navidad o el Año Nuevo. Incluso tenemos que validar que, para cada uno, esta época puede representar y simbolizar algo completamente distinto.
Para algunas personas, estas fechas pueden llegar a ser también, una época de recuerdos, nostalgia o ansiedad.
Las personas mayores, claro está, también vivencian estas fechas de diferentes modos, incluso representando para algunos momentos en los que aparecen o se potencian sentimientos de soledad y síntomas ansiosos. Y es que esta temporada puede ser particularmente difícil para algunas personas que no tienen tantas conexiones sociales, o se ven impedidos por limitaciones físicas. Contextualizar estos sentimientos es fundamental: ¿la persona disfrutaba de estas celebraciones antes y ahora no? ¿Cuál es su situación actual? La soledad se convirtió en una epidemia en la sociedad moderna y las personas mayores no están exentas.
Esta puede ser una época del año especialmente difícil para cualquiera que haya sufrido una pérdida o que no tenga ese sentimiento de comunidad que desearía tener. Eso es realmente lo que define la soledad: no tener las conexiones sociales que uno desea. Personas que han perdido a sus parejas, que tienen a sus hijos lejos imposibilitando una reunión familiar, o que sufren de la indiferencia de las personas cercanas, pueden generar una acentuada sensación de soledad no deseada durante estas fiestas tradicionales. Esto puede verse potenciado por el bombardeo desde los medios de comunicación, ya sean especiales de televisión, anuncios publicitarios, programas de radio o cartelería, de mensajes sobre el estar juntos con la familia y amigos en estas fechas. Este contraste entre la imagen idealizada de las fiestas y la realidad vivida por algunos genera una experiencia que puede ser profundamente dolorosa.
La soledad no solo tiene un costo emocional, sino que también es un problema de salud cuando genera angustia, síntomas depresivos, cuando es autopercibida por la persona y realmente la sufre. Es considerada incluso, un factor de riesgo cardiovascular y cerebrovascular, como podría serlo la hipertensión, la obesidad, la diabetes o el cigarrillo.
Por otro lado, la pérdida de audición, el deterioro de la memoria, la incapacidad para conducir con seguridad, el miedo a ser “una carga”, y otros cambios funcionales que pueden venir con la edad, afectan al deseo o la capacidad de asistir a las reuniones navideñas y pueden exacerbar los sentimientos de soledad y ansiedad.
El encontrarse institucionalizado en un establecimiento de larga estadía, conlleva también un cambio enorme que puede profundizar estos sentimientos, sobre todo para aquellas personas que en esas fechas no salgan a pasar las fiestas con sus familiares y deban hacerlo en la institución junto a personas nuevas y ajenas a su círculo familiar de toda la vida.
De ser posible, en estos momentos, que son muy movilizantes, se recomienda habilitar que las personas mayores elijan dónde quieren pasar las fiestas. Asimismo, además de incluirlo en reuniones, se recomienda animarlo a que se integre, estimulando que participe pero evitando situaciones que generen estrés. Es muy importante saber cómo quieren pasar estas celebraciones y qué esperan de las mismas y para ello debemos escucharlas activamente y dedicarles el tiempo que ellas consideren suficiente. Este acto de escucha no solo contribuye a mitigar la soledad, sino que también refuerza su sentido de pertenencia y valoración dentro del núcleo familiar.
En otros casos, una llamada, una videollamada o incluso una visita breve pueden marcar una gran diferencia.
Tengamos en cuenta que la soledad que muchas personas mayores experimentan no se limita a la ausencia de contacto físico, sino también al emocional. La falta de comunicación profunda con sus seres queridos puede intensificar la sensación de desconexión. Esto se agrava cuando las familias no abordan temas importantes para sus mayores, como sus recuerdos, anécdotas o deseos para el futuro. El desinterés percibido puede llevar a sentimientos de invisibilidad y tristeza durante esta época que, tradicionalmente, celebra los lazos familiares. La soledad en la vejez no es un tema menor, se encuentra entre los desafíos más significativos que enfrenta este grupo etario. Pero ante este flagelo, podemos ayudar con pequeños gestos de amor y empatía. Es nuestra responsabilidad colectiva asegurarnos de que los mayores se sientan valorados y acompañados.
Sebastián Cobas

