La discusión que se viene

En la página oficial del Ministerio de Ambiente de nuestro país se publicó un artículo en el que se alude a la participación del ministro Robert Bouvier en la reciente COP29, conferencia sobre cambio climático organizada por Naciones Unidas (COP29), desarrollada en Bakú, Azerbaiyán. Allí, Bouvier en nombre del país, advirtió que “el financiamiento climático es impostergable y urgente”, y vaya si dio en el blanco en uno de los temas que se va a discutir muchísimo a partir de los próximos meses. En concreto, Bouvier realizó un llamamiento a que en esta COP, denominada como la “del financiamiento climático”, se pudiese alcanzar una decisión ambiciosa sobre el Nuevo Objetivo Colectivo Cuantificado, lo que permitiría que los países en desarrollo puedan implementar las acciones necesarias para mitigar y adaptarse al cambio climático y lograr fortalecer la credibilidad del sistema multilateral “ya que este es nuestra esperanza para enfrentar uno de los mayores desafíos de nuestro tiempo”.

Bouvier presentó los avances que ha hecho nuestro país en materia de acción climática con políticas concretas “como la emisión en 2022 de un bono soberano vinculado a indicadores de cambio climático, y un préstamo con el Banco Mundial que premia el cumplimiento de nuestros objetivos climáticos nacionales”. A ello sumó en su mensaje la concreción de cuatro planes de adaptación: dirigidos a la Producción agropecuaria, Costas, Ciudades e infraestructuras y Energía. En la misma línea mencionó que el 95% de la matriz eléctrica proveniente de fuentes renovables y que nuestra hoja de ruta hacia la Segunda Transición Energética se basa en el hidrógeno verde, la Política Nacional de Movilidad Urbana Sostenible y la reducción de las emisiones en la producción ganadera, “demostrando que sostenibilidad y productividad son compatibles”.

Bouvier adelantó además que en febrero del año que viene —a pocos días de asumir el nuevo gobierno que elegiremos mañana— Uruguay va a presentar la tercera Contribución Determinada a Nivel Nacional, en la que asumirá nuevos compromisos concretos para la acción climática “que van a marcar un paso adelante en nuestras metas”. El ministro agregó que “es urgente e impostergable que instituciones financieras internacionales amplíen las herramientas que promuevan la acción climática con verdadera ambición y cumplan con los compromisos internacionales de financiamiento, garantizando recursos accesibles y sostenibles para los países en desarrollo, los más vulnerables al cambio climático”.

Se anticipa también en el artículo que Bouvier participará la semana entrante en un evento organizado, justamente por CAF, Banco de Desarrollo de América Latina, sobre “Financiación de la Adaptación para una Transición Justa en los países en desarrollo, Lecciones y retos de los países en desarrollo para aumentar la ambición en la adaptación”.

Pero, ¿qué es lo que en concreto se está discutiendo en Bakú? ¿Qué es este Nuevo Objetivo Colectivo Cuantificado? Se trata nada menos que de la financiación de las acciones para el clima a escala global, que apunta a establecer un objetivo para las transferencias financieras relacionadas con el clima hacia los países en desarrollo, financiamiento que se considera crucial para ayudar a las naciones a reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero y adaptarse al cambio climático; mecanismos que se vienen desarrollando en las últimas décadas y que han enfrentado la reticencia del mundo desarrollado, los grandes generadores del problema planetario que afrontamos, como viene planteando la Ciencia hace más de medio siglo.

En el año 2009 los países desarrollados se comprometieron a proporcionar 100.000 millones de dólares anuales para 2020. “No solo se incumplió el plazo por dos años, sino que los 100.000 millones de dólares destinados a toda la acción climática son lamentablemente insuficientes para cubrir la financiación necesaria para las medidas de adaptación”, publicó en su página el Programa de Naciones Unidas para el Ambiente (Unep, por sus siglas en inglés), en un artículo en referencia a esta cita. Agrega al respecto que “es una triste ironía que el mundo en desarrollo, que es el que menos ha contribuido a la crisis climática, sea el más afectado por los desastres climáticos y tenga menos recursos para responder”, citando a Dechen Tsering, el director interino de la División de Cambio Climático del Unep (también referido en español como Pnuma), quien además reclamó ver en esta cumbre “avances tangibles en el financiamiento para los países en desarrollo, que es esencial para garantizar que los más vulnerables no se queden atrás”.

Previo a esta reunión se conocieron nuevos datos a través de la publicación del Informe sobre la Brecha de Emisiones 2024, en el que se advierte que, de no haber “recortes más ambiciosos de las emisiones de gases de efecto invernadero”, el mundo se encamina a un aumento de la temperatura de entre 2,6 °C a 3,1 °C este siglo. Los países deberían reducir las emisiones en un 42% para 2030 para limitar el calentamiento global a 1,5 °C por encima de los niveles preindustriales, como se definió en el Acuerdo de París sobre el cambio climático.

Pero el panorama es sumamente complejo si consideramos que en enero próximo asumirá la conducción de una de las naciones más influyentes del mundo una de las voces que más enérgicamente se ha pronunciado como negacionista del cambio climático y a quien no le ha temblado el pulso para incumplir los compromisos y hasta retirarse en su momento —y en qué momento, en plena pandemia— de la Organización Mundial de la Salud.
Con este escenario, da la impresión de que las preocupaciones de Bouvier son cuando menos justificadas.