Poco ambiente de acuerdo

Hace unos 25 años que el Mercosur y la Unión Europea están negociando un acuerdo de asociación que favorecería el comercio entre los bloques, aligerando las cargas arancelarias que limitan el intercambio. Hace cinco años se alcanzó el punto máximo de acercamiento, cuando el 28 de junio de 2019 se firmó un principio de acuerdo y todo parecía encaminarse hacia la luz al final del túnel. Sin embargo desde entonces no se ha logrado dar ese paso, principalmente por las objeciones que en Europa ha interpuesto Francia, argumentando que detrás de la producción agropecuaria en nuestro bloque ocurren crímenes ambientales. Recientemente un episodio marcó el humor actual en las relaciones, al anunciar la cadena francesa de supermercados Carrefour que dejará de comprar carne en el Mercosur para abastecer sus establecimientos, y por más que luego aclaró que se trata únicamente de sus establecimientos en Francia, de todos modos la medida en sí misma es un gesto poco amistoso hacia la producción y los productores del Mercosur.

El postergado acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea generaría grandes beneficios en el comercio entre ambos, “las exportaciones europeas se beneficiarán de un ahorro arancelario de 4.000 millones de euros anuales, lo que representa cuatro veces el ahorro arancelario que ofrece el acuerdo con Japón. El Acuerdo permitirá eliminar numerosas barreras arancelarias y no arancelarias. Mercosur liberalizará el 91% de sus importaciones (91% de líneas arancelarias) y la UE liberalizará el 92% de sus importaciones (95% de líneas arancelarias)”, publicaba en ocasión de la firma del preacuerdo de 2019 el Ministerio de Economía de España. “La UE liberalizará el 82% de las importaciones agroalimentarias del bloque de Mercosur e impondrá contingentes arancelarios para aquellos productos más sensibles. Se mantendrán los exigentes estándares de seguridad alimentaria europeos, ya que todas las exportaciones de Mercosur deberán cumplir con estos”, así como se garantiza “la protección de 357 Indicaciones Geográficas de alimentos y bebidas de la UE, de las que 59 son españolas”. En el sector industrial, el Mercosur eliminará aranceles “al 90% de sus importaciones procedentes de la UE”, beneficiándose más “aquellos sectores que tienen un arancel más alto, como el automóvil, los bienes de equipo, los productos químicos, los productos farmacéuticos o el textil y calzado”. El gesto de Carrefour no ha pasado así sin más. La primera reacción fue un rechazo desde la Federación de Asociaciones Rurales del Mercosur (FARM), a través de una declaración en la que expresaron su “total desacuerdo y repudio a la decisión anunciada por el director general de Carrefour, Alexandre Bompard, de suspender la compra de carne del Mercosur”, decisión que calificó de “actitud arbitraria, proteccionista y equivocada”, que perjudica al bloque “e ignora los estándares de sostenibilidad, calidad y cumplimiento que caracterizan la producción agrícola en sus países miembros”. Agregan las asociaciones que la decisión “ataca injustamente la reputación de miles de productores rurales comprometidos con la seguridad alimentaria y la preservación del medio ambiente” y asegura que “no es una decisión aislada, sino un ataque directo a la credibilidad y la contribución del sector agrícola del Mercosur a la seguridad alimentaria mundial”.

A su vez recordaron que en 2023, “los países del Mercosur produjeron 38 millones de toneladas de carne, entre vacío, porcino y aves, de las cuales exportaron 11 millones” y que nuestra región “es el principal proveedor de proteína animal del mundo, y esta producción de alta calidad llega a más de 160 países”.
Anunciaron que “no aceptarán ataques injustificados y se reservan el derecho de reaccionar con firmeza, ya sea por medios económicos o institucionales, para proteger la imagen y los intereses del sector agrícola en sus países”.

En nuestro país, la empresa francesa no tiene presencia, pero sí en Argentina y en Brasil, que por los volúmenes de exportación fueron los dos países más afectados por la determinación de la empresa supermercadista. Pero no le salió gratis. La cadena francesa enfrentó casi instantáneamente una amenaza de boicot por su decisión de dejar de vender carne del Mercosur en Francia.
El gobernador del estado de Mato Grosso lideró el llamado a boicotear las tiendas Carrefour a nivel nacional. “Como ustedes me tratan a mí, yo también puedo tratarlos a ustedes. Así que, si Brasil no sirve para venderles carne, entonces ellos tampoco sirven para vender productos franceses”, dijo el gobernador, Mauro Mendes, en un video difundido el viernes en las redes sociales. “Yo, como ciudadano, no compraré más en sus tiendas”, anunció, recabando miles de reacciones en apoyo.

También la firma brasileña JBS —la mayor empresa cárnica del planeta— anunció un boicot a las tiendas de la empresa francesa en Brasil y llegó a suspender el suministro a los supermercados como protesta, según dieron a conocer este lunes, aunque la suspensión empezó el 21 de noviembre y alcanza a otras marcas vinculadas al grupo francés en Brasil, como Atacadão y Sam’s Club.
La última novedad en torno a este caso, conocida apenas ayer, es que el Ministerio de Agricultura y Pecuaria de Brasil informó haber recibido formalmente una carta firmada por el director-presidente del Grupo Carrefour, Alexandre Bompard, en la que aclaró su declaración en apoyo a los agricultores franceses, y “reconociendo la alta calidad, el respeto a las normas y el sabor de la carne brasilera” y aseguró que la comunicación no debió ser interpretada como un cuestionamiento o como una crítica, y que en tal caso pedía disculpas.

Esta situación no hace otra cosa que revelar el preocupante tono en que se están manejando las cosas en Francia, cuyo sector agropecuario está haciendo fuertes presiones en oposición al acuerdo entre los bloques y ha encontrado eco en el actual gobierno. La empresa —un coloso, indudablemente— buscando tal vez tener un gesto de simpatía política hacia los productores y el gobierno, puso de manifiesto la tensión latente en todo esto.