A pesar de que mantiene su disposición a hablar de todo casi todo el tiempo, Donald Trump, presidente electo de los Estados Unidos, ha retomado unas estrategias que utiliza como arma arrojadiza toda vez que desea imponer una medida sumamente agresiva respecto de sus aliados.
Ahora mismo, el presidente ha vuelto a esta práctica: anuncia “aranceles hasta el final” salvo que Europa se avenga a comprar más petróleo y más gas estadounidense. Los técnicos que manejan estos asuntos, suelen ser expertos en el manejo de la retórica, pero esa vez están demostrando cierta dificultad para encarar las amenazantes advertencias del trumpismo. Así las cosas, los funcionarios europeos asumen que no tienen una definición “definitiva” en cuanto a que ésta sea una estrategia clara para evitar una guerra comercial.
Es una debilidad severa no poder asumir que se está frente a unas negociaciones más agresivas o simplemente, como dos boxeadores de poca experiencia, se están estudiando mientras estiran sus brazos para mantener al contrario a distancia. El problema es que ninguno de los dos en el ring tiene definido su posición, si es defensiva u ofensiva.
Amenazas
Las amenazas del presidente electo parecen responder a la de definir zonas de actitudes dentro del ring, buscando extender los tiempos de estudio y reiterar que lo que está en juego es el propósito de redefinir aranceles tanto respecto de los aliados como de los adversarios por igual.
En principio, son advertencias y aspiraciones de posicionamiento pero aún así tanto para las empresas como para los gobiernos de toda Europa, el semblante se ha alterado. Pero la cuestión de fondo, lo que realmente parece ser el centro, es esta tensión que aún sigue al alza y que disgusta: el temor a una guerra comercial transatlántica.
Nivel alto
En la medida en que hasta el momento se podría asumir que es necesario reforzar el diálogo para ir asumiendo con más precisión los puntos críticos. No está de más dejar sentado que la tentación de definir tempranamente las herramientas de aproximación puede llevarnos a la otra tentación de arriesgar sólo a cambio de nervios e inexperiencia.
La Comisión Europea se muestra más proactiva respecto a las respuestas que dio durante la primera vez que Trump ejerció el cargo. Todo hace pensar que no hay empuje o espacio para dar una respuesta europea.
Adicionalmente, la fatiga de los gobiernos francés y alemán se hizo inocultable. También Austria y Bélgica intentan coaliciones de gobierno luego de sus elecciones. No aparece un cierto consenso acerca cómo responder a un segundo Trump. No hay punto de acuerdo para una estrategia de represalias en el caso de que Trump amenace con impuestos a las exportaciones europeas y los que están a favor de la negociación.
Este Trump prefiere que “la Unión Europea compense su tremendo déficit con Estados Unidos mediante la compra a gran escala de nuestro petróleo y gas. De lo contrario, es tarifas”.
Los economistas advierten que las guerras comerciales generalmente perjudican a todas las partes involucradas, obstruyendo el intercambio de bienes y servicios y reduciendo el crecimiento económico. Pero la debilidad de la economía europea desde el inicio de la pandemia, y la agitación política, podrían dejarla particularmente vulnerable a los daños. Trump ha insistido con “un nuevo impuesto del 10 o 20 por ciento a todas las importaciones a Estados Unidos, independientemente de su origen”. Junto con las vagas amenazas de atacar a Europa el viernes, también emitió advertencias directas para México, Canadá, China y varios países de mercados emergentes desde su elección.
Este tipo pondría en peligro la que es efectivamente la mayor relación comercial tanto para Estados Unidos como para la Unión Europea, que comerció más de 1,5 billones de dólares en bienes y servicios en 2023. El año pasado, Estados Unidos tuvo un déficit comercial con Europa, importando un poco más de los países de lo que les exportó. Europa ya es uno de los mayores compradores de gas natural licuado de Estados Unidos, que es el mayor proveedor mundial.
Otra posible respuesta sería que la Comisión Europea repita lo hecho en 2018, cuando implementó aranceles de represalia sobre 3.200 millones de dólares en bienes fabricados por empresas en áreas donde Trump tenía un fuerte apoyo. Eso incluía aranceles a las motocicletas de Harley-Davidson, con sede en Wisconsin, y a otros productos como el bourbon, los naipes y el jugo de naranja.
Hay otra línea de razonamiento; funcionarios europeos tendrían otro plan para aumentar las importaciones desde Estados Unidos. Otra idea es apelar directamente al equipo principal de Trump sobre cómo las empresas europeas tienen fábricas en Estados Unidos y explicar cómo cualquier arancel podría obligarlas a reducir su fuerza laboral estadounidense, dijeron dos diplomáticos europeos que hablaron bajo condición de anonimato dada la sensibilidad del tema. Aunque los funcionarios y líderes empresariales alemanes intentaron ese enfoque durante la primera administración de Trump, hizo muy poco para protegerlos de sus aranceles.
La CNMV advierte sobre los “riesgos significativos” de la inversión en cripto pese a la entrada en vigor de MiCA. Así las cosas, “Durante el año 2025 podrán coexistir proveedores autorizados bajo la normativa MiCA con aquellos que se han acogido al régimen transitorio español”, alertó la MiCA.
No a los bitcoin
Jerome Powell, presidente de la Reserva Federal de EE.UU. adelantó que el Federal Reserve Act no incluye los activos digitales. El jueves por la noche, Trump trató de evitar esas posibilidades instando a los legisladores de su partido a votar a favor de un proyecto de ley republicano diferente que habría suspendido el límite de deuda de la nación y retrasado un ajuste de cuentas legislativo hasta 2027, bien entrado su segundo mandato. Más de tres docenas de republicanos conservadores votaron en contra de los deseos de Trump, condenando la legislación.

