Los tropezones internacionales de Milei

Buenos Aires (Por Horacio R. Brum).- El Rey León es una película de dibujos animados de 1994, hecha por los estudios Disney, que narra cómo el pequeño león huérfano Simba llega a ser el rey de la manada, después de sufrir muchas aventuras en las sabanas de África. Alex es otro león, uno de los protagonistas de Madagascar (2005), que ha pasado toda su vida en cautiverio en el zoológico de Nueva York y goza con el aplauso del público local, sin lograr adaptarse a la libertad que prueba en otros dos filmes: Madagascar, escape de Africa y Madagascar, los fugitivos. Finalmente, Alex se une a un circo y sigue disfrutando de la popularidad farandulesca.

El presidente argentino Javier Milei gusta de identificarse con un león que se comerá el mundo, pero a juzgar por sus últimos pasos en el escenario de la alta política internacional, se parece más a Alex que a Simba. La reunión de jefes de Estado del G20 que se realizó en Rio de Janeiro fue la primera ocasión en que Milei asistió a un foro en el extranjero donde pocos asistentes estaban dispuestos a aplaudirle sin reservas. Aunque ya se había presentado en la Asamblea General de las Naciones Unidas con mensajes más propios de los tiempos de la Guerra Fría que de esta era de la globalización, en Rio el “león” estuvo rodeado por gobernantes que, al margen de sus diferencias políticas, coinciden en los grandes temas que afectan al planeta, como el hambre, la pobreza o el cambio climático. En ese ambiente, el presidente de los argentinos pareció desubicado y tuvo que marcar el ritmo de Lula Da Silva, el anfitrión de la cumbre, que él llamó antes “comunista corrupto”.

En la alta diplomacia, los detalles y los gestos son importantes; por eso es que, desde antes de ir a Brasil, Milei tuvo algunas novatadas que repercuten en la imagen internacional de Argentina. Cuando Donald Trump ganó las elecciones, en la Casa Rosada hubo actitudes casi infantiles de alegría por esa victoria, como obligar a algunos funcionarios a presentarse en una conferencia de prensa con corbatas rojas, del color del partido Republicano estadounidense. Posteriormente, en el marco de una reunión de políticos y empresarios conservadores que se realizó en Florida, el jefe del Ejecutivo argentino propuso a su país como el bastión en el sur de América de la lucha contra “la barbarie del socialismo”, en una alianza que imagina integrar con Estados Unidos, Italia e Israel.

Aunque intentó conseguir una reunión a solas con Trump, Milei tuvo que conversar con su ídolo en el marco de la cena de la reunión de los conservadores y hubo imágenes que en Buenos Aires provocaron comentarios irónicos, así como varias caricaturas. “Lo veía saltar como un koala a los brazos de Trump”, dijo Máximo Kirchner, en alusión a los pequeños y peludos marsupiales australianos. De la izquierda a la derecha, en Argentina hay unas fuertes corrientes nacionalistas que nunca han visto con buenos ojos la cercanía a los gobiernos de Washington, pero para el oficialismo actual la presidencia de Trump podría crear la oportunidad de sacar al país de la irrelevancia en los asuntos mundiales.

Con esa impresión fue Milei a la cumbre del G20, donde Buenos Aires tiene una invitación permanente desde los tiempos en que Carlos Menem estableció lo que llamaba “una relación carnal” con Estados Unidos. La idea inicial del presidente era bloquear cualquier acuerdo que no se ajustase a su concepción del mundo, desde los temas del medio ambiente hasta los derechos de las minorías. Sin embargo, durante las semanas anteriores los representantes del mundo desarrollado le habían mostrado varias luces rojas: el 2 de noviembre, los embajadores de varios países europeos apoyaron la Marcha del Orgullo de las minorías sexuales y emitieron una nota a favor del respeto por los derechos de esos grupos (el gobierno cerró o desarticuló todos los organismos relacionados con ese tema); a mediados del mes, durante la recepción por el cumpleaños del rey Carlos III, la embajadora británica pronunció un discurso a favor de la libertad de pensar y ser lo que cada uno quiera, además de destacar la importancia de proteger el medio ambiente. Palabras similares expresó el embajador belga, en la reunión por el Día del Rey de su país y durante la breve visita del presidente de Francia, éste fue claro respecto a cualquier esperanza de apoyo irrestricto a Milei: “No siempre pensamos lo mismo sobre los mismos temas”. Emmanuel Macron ejerció discretamente una presión para que su colega no desentonara con las opiniones mayoritarias en la reunión cumbre y también la siguiente visitante, la primera ministra italiana Giorgia Meloni, mantuvo una distancia prudente de las opiniones extremistas que pretendió compartir con ella el mandatario argentino.

Ya en Brasil, fue Lula Da Silva el encargado de poner en su modesto lugar a Milei, comenzando por unos detalles protocolares: después de recibirlo con un frío apretón de manos, el presidente brasileño y su esposa hicieron notar a Karina Milei que no tiene rango presidencial y que por lo tanto, no le correspondía posar para la foto junto a la primera dama anfitriona. Como una funcionaria más del gobierno argentino, Karina tuvo que quedarse al lado de su hermano.

“Poco aplaudido, Milei defiende el neoliberalismo”; “La realidad dobla las posiciones ideológicas de Javier Milei”. Con esos titulares, O Globo y O Estado, dos de los principales diarios de Brasil, subrayaron el mínimo impacto que tuvo la intervención del mandatario argentino en la sesión plenaria del G20. Para el periodismo del país de Lula, quedó claro que Argentina “no puede darse el lujo de volverse una especie de paria internacional ni de fiarse de apenas uno o dos aliados… por más que él crea que ser un jefe de Estado signifique abrazar solamente a los que le son simpáticos” (O Estado). Otro detalle que no se dejó pasar fue la firma, por el ministro de Economía argentino, de un acuerdo para vender a Brasil el gas del gran yacimiento de Vaca Muerta. El país del “comunista corrupto” abrió de esa manera una oportunidad para que lleguen a Buenos Aires los dólares esenciales para la economía mileísta.

Finalmente, Argentina firmó sin reservas la declaración final del G20, que incluye medidas para mejorar la protección del medio ambiente y la posibilidad de crear un impuesto a las grandes fortunas, para apoyar el combate del hambre y la pobreza. No obstante, emitió una declaración propia, para expresar algunas discrepancias, pero además, el “león” tuvo que reunirse con un comunista de verdad, porque hay una deuda con China de más de 18.000 millones de dólares. Por su parte, el presidente Xi Jingping presionó para que se reanuden las obras de dos represas patagónicas a cargo de empresas de su país, que fueron suspendidas durante el kirchnerismo, e instó a una mayor relación comercial. “Yo no haría negocios con China porque no vendo mi moral, ni hago pactos con comunistas”, dijo alguna vez el candidato presidencial Javier Milei…

La temporada de desaciertos y retrocesos diplomáticos culminó el lunes pasado, cuando el embajador en el Vaticano y un puñado de funcionarios menores concurrieron a la ceremonia por el 40° aniversario del tratado que puso fin a los roces militares con Chile. Los chilenos llegaron presididos por su ministro de Relaciones Exteriores, en una representación del más alto nivel, pero desde Buenos Aires se dijo que no hubo una delegación equivalente, por los supuestos desencuentros entre los mandatarios de ambos países en la reunión del G20.

Al parecer, en otra manifestación de personalismo, Milei tomó a mal que el presidente de Chile Gabriel Boric manifestó en la cumbre –sin siquiera aludirlo directamente–, críticas a los malos efectos en la sociedad de las políticas económicas ultraneoliberales. Por otra parte, el triunfo del Frente Amplio uruguayo no mereció más que un comunicado de saludo a Yamandú Orsi, sin que el teléfono de la Casa Rosada, donde deseaban indisimuladamente el triunfo de Álvaro Delgado, sonara en Montevideo. Con miras a la próxima reunión de mandatarios del Mercosur, cuya presidencia asumirá Argentina, habrá que ver si desde la orilla occidental del Plata llegará a Uruguay un Simba, o apenas un Alex.