Escribe Ernesto Kreimerman: Otro periodismo para el siglo 21

La crisis de la industria de la información aún a cuenta de la búsqueda para reconstruir oportunidades, generar nuevas tendencias y experimentar nuevas formas de valor agregado, muestra que a pesar de los sinsabores de la crisis, la confianza sectorial da batalla y se desafía en recrear nuevas oportunidades para desarrollarse en escenarios más estables.
El rol de los diarios en las sociedades contemporáneas ha sido ampliamente descrito y estudiado. La prensa supo conformar las representaciones materiales de la esfera pública, apuntaría Junger Habermas (2015), en su libro The Theory of Communicative Action: Lifeworld and Systems, a Critique of Functionalist Reason, editado por John Wiley & Sons.

Pero esta realidad cambió hacia las últimas dos décadas del siglo pasado. Los diarios impresos fueron disminuyendo, con caídas dramáticas en los números de lectores e ingresos, así como una reducción en el personal y en los recursos. Centrándonos en nuestra región, vale precisar que en Latinoamérica han sido varios los periódicos que primero vieron disminuir el volumen de sus ediciones. La crisis del negocio está en plena batalla, tanto como la recuperación de impresos en cada edición. A estas alturas, la crisis del sector se ha visto afectada al extremo de que ya son muchos los que han abandonado la edición impresa. La energía se concentra en las ediciones digitales y otros, incluso hasta llevando a algunos a su completa desaparición.
Diarios decanos en países de nuestra América, han terminado con la edición impresa en papel. Tal el caso de El Nacional de Venezuela, hacia fin de 2018, con 75 años de circulación, cerró. Otros diarios se han visto fuertemente tocados por la crisis, reduciendo drásticamente sus equipos. Algunos antiguos diarios locales, como el de Pernambuco, de los más antiguos del Brasil, redujo su redacción en un tercio (Knight Center for Journalism in the Americas, 2018). Sin embargo, la realidad más dolorosa es que la mayoría de la prensa sintió el rigor inexorable de la crisis. Por ejemplo, el Jornal do Commercio, diario sobre economía y negocios más antiguo de Río de Janeiro, con casi 200 años de circulación, debió renunciar a su continuidad y en 2016 cesó sus actividades. Todas sus actividades cesaron, tanto la rotativa como una batalladora versión digital.
Un extremo de esta crisis lo constituye el cierre en Argentina de diarios que reaccionaron algo tardíamente a la caída de volumen de las ediciones, pero en el mix fortaleció su proyecto, concentrándose en las condiciones de producción que impone lo digital.

En reconstrucción

La magnitud de la transformación que vive la prensa precisa de estudios concretos y parciales de todos y cada uno de los elementos que intervienen en ella. Pero en este caso lo que pretendemos es, precisamente, ver cómo interactúan entre ellos todos estos elementos. Intentamos ver el bosque para, después, si es necesario observar de cerca cada uno de los árboles. Porque, a consecuencia de los poderosos intereses que están en juego, a menudo las interpretaciones de la crisis de la prensa carecen de la perspectiva amplia y global que precisan. El periodo analizado, es el último decenio (2003-2013), cuando se desencadena por múltiples causas la que conocemos como crisis de la prensa escrita. La prensa escrita no sólo padece una crisis de modelo económico; se trata de una crisis de confianza y credibilidad. Todos coinciden en que la opinión pública percibe que la prensa ha abandonado su función social para atender sus propios intereses. En otras palabras, que ha renunciado a su principal función, la de reflejar la realidad de forma honesta y con voluntad de veracidad e independencia.

La caída

Aunque aún hoy no hay una certeza firme con relación al futuro del sector, parece que se ha frenado la caída. Ello se percibe en los múltiples desafíos de los editores de noticias de todo el mundo, que son conscientes de la inestabilidad del negocio y de las dudas de por dónde consolidará la reformulación de la industria, y al mismo tiempo, en este aprendizaje sobre nuevas tecnologías, han descubierto oportunidades que se van dando a partir de que el usuario va familiarizándose, encontrándole sentido a algunas de las novedades de las multiplataformas, hacer búsquedas, incluso al azar. Obviamente, el usuario debe, a partir de su experiencia, sentir que el beneficio justifica dos factores; uno, el precio del equipo y dos, los consumos de datos. Toda relación de satisfacción vincula valor y precio.

Es cierto todo lo que se pueda detallar acerca de ello, pero también lo es que hay motivos para el optimismo, pues a medida que avanza esa proyección multiproducto también gana tangibilidad la diversificación de los ingresos. Aunque quizás aún sea temprano para sostener que la tarea está cumplida, ya el ánimo de los editores es otro, y lo será más aún a medida que se proyecten con menos temeridad los costos, se consoliden nuevas fuentes de ingresos y maduren nuevos productos editoriales.

Crisis económica, también de confianza

La prensa padece una crisis de confianza, de credibilidad, de propósitos. Esta mirada amplía el cuestionamiento, y para reflejar la realidad tal cual es deberá resumirla así: existe en amplios círculos la percepción de que la prensa ha renunciado a su función social para ignorarlos y atender sus propios intereses. Es que aquel binomio virtuoso de negocio y función social se ha modificado por el binomio donde grandes grupos mediáticos luchan por unos recursos cada vez más escasos.
Tengamos presente que durante más de doscientos años fue el principal soporte y refugio del periodismo, es fácil concluir que estamos frente a una crisis profunda. Si miles de periodistas dejan de ejercer porque se han quedado sin páginas donde escribir es evidente que la crisis va mucho más allá de las cuestiones económicas. Si los periodistas más críticos e independientes son expulsados de las redacciones, existe una crisis del periodismo. Si no hay recursos para financiar reportajes de investigación ni para ver y contar en primera línea los acontecimientos entonces el periodismo se empobrece.

Todos menos libres

En la medida en que los periódicos son menos libres sus periodistas también lo son. Y ante las circunstancias difíciles, hay quienes se rebelan y quienes se encausan. Por ello, la renuncia que muchos periódicos han hecho del periodismo está, precisamente, en la raíz de su decadencia. Se han olvidado de la función social del medio.
Hay un desafío enorme por delante, el de la reconstitución de la democracia. Y es condición previa recuperar la confianza de la sociedad. Porque antes de la llegada de Internet, la prensa escrita ya declinaba. La red ha acelerado la caída, pero no la ha motivado. Las causas últimas son más profundas y no se pueden revertir únicamente con una redefinición del modelo económico. Es preciso ir más allá.