Escribe Ernesto Kreimerman: Fin de un año marcado por las guerras

Pocas veces en la vida política de un país, un derrotado presidente vuelve a la batalla electoral después de dejar pasar un período, y contra casi todos los pronósticos, gana. Y con cierta contundencia. Con varios procesos judiciales avanzados, con malas perspectivas, pero una fuerza frente a la adversidad que finalmente le llevó a ganar la elección presidencial. También es cierto que los errores de la campaña electoral de los demócratas parecían una contribución. No quedó error por cometer, torpeza por exhibir, e incluso insólitas promesas electorales que enredaban aún más el panorama de Biden primero y Kamala después.

Cambia, todo cambia…

Con sonrisas irónicas o con alegría algo crazy, casi todos coinciden en que este 2025 no será un año más en el calendario. Por el contrario, promete que será intenso, que nadie le será ajeno; un año que no pasará inadvertido.
Así como este 2024 que acabamos de dejar atrás fue un año de intensa actividad electoral, este 2025 ha llegado con grandes desafíos para gran parte del planeta, con asuntos diversos. Se mezclarán asuntos de las nuevas políticas económicas y sociales, la incertidumbre por la evolución de varios conflictos bélicos que ya han dejado miles de muertos y una enorme destrucción de infraestructura. Estas guerras han arrasado con ciudades enteras, y provocado un endeudamiento que ha llegado a niveles varias veces millonarios. Mientras, la tecnología sigue su desarrollo a ritmos cada vez más rápidos y sorprendentes, siempre innovando.
Si lo anterior parece poco ajetreo, la llegada de Donald Trump a un segundo período al frente de la Casa Blanca impulsará a muchos países a replantear su forma de abordar la relación con Estados Unidos tanto en materia económica como diplomática.
Conflictos internacionalizados
Los conflictos del siglo XXI tienen una condición frente a los de los del siglo pasado: se caracterizan por su creciente internacionalización, con más países involucrados, por unos niveles de violencia mucho más dura, y en general, con cuidados estratégicos algo más sofisticados, y también alianzas políticas y militares en la que se combinan rencores de vieja historia así como nuevas contradicciones estratégicas, tanto de infraestructura como de previsiones de reservas energéticas (https://www.iiss.org/publications/armed-conflict-survey/2024/editors-introduction/).
Si en algún momento la humanidad imaginó que el nuevo milenio sería menos violento, con menos guerras, más racional y sensato a la hora de encarar posibles soluciones, ello no ha funcionado así. Tres conflictos grandes, los de Gaza, Sudán y Ucrania, los de mayor cobertura mediática en el período 2023-24, seguramente debido a su valor estratégico desde el punto de vista geopolítico. Pero también por el terrible efecto de destrucción y muerte.

Cada vez peor

Con armamento de alto poder de destrucción y muerte, el costo humano de los conflictos armados es muy elevado. La sistematización de la información así lo deja en evidencia: las muertes en conflictos bélicos se incrementaron un 37% interanual (período del informe 1 de julio de 2023 al 30 de junio de 2024) de la Encuesta sobre Conflictos Armados 2024, alcanzando casi 200.000 en todo el mundo.
Aunque las muertes disminuyeron ligeramente en las Américas (-9%) y Asia (-3%), el saldo de pérdidas humanas creció un 315% en la región de Oriente Medio y África del Norte, en particular Hamas y Gaza. Las guerras en Israel, Líbano, Azerbaiyán, Sudán y Níger también tuvieron mayor poder destructivo y de muerte. La proporción general de muertes por evento aumentó significativamente (aprox 17%), lo que desnuda la mayor letalidad de la violencia armada.
Guerra y costos
Los organismos internacionales atraviesan serios problemas de recursos y de compromiso con sus objetivos fundacionales. El desgaste de los últimos tres lustros ha sido enorme y la profundización de la vocación multilateral de casi todos ellos debería forzar una profunda reflexión no solo a los países en conflicto o guerra, sino al propio sistema de Naciones Unidas.

Es evidente que hay más problemas que agudizan estas situaciones, pero no alcanza con asumir casi en silencio que el mundo se encuentra ante un nuevo reordenamiento del ajedrez del poder de las potencias. Lo que está a la vista para la humanidad no es el riesgo de una nueva guerra fría. Muy otra es la situación. La coyuntura es muy diferente; los intereses geopolíticos y militares son otros. Hay un deterioro de las condiciones democráticas que urge reconstituir. No solo dan señales de agotamiento los organismos multilaterales del siglo XX también las democracias nacionales. Si para los estadounidenses era un absurdo hablar de que su democracia era débil, en los últimos años no hablan de otra cosa. E incluido un intento de golpe de estado violento, encabezado por el presidente saliente, Donald Trump, que derrotado no aceptó el resultado, intentó “bananeramente” resistir por la fuerza y fracaso. Sin embargo, con varias causas se espera para el 10 de enero la sentencia del caso penal en el que fue declarado culpable de cargos relacionados con el pago de dinero a una estrella porno para su silencio. Aún con fallo adverso a sus intereses, es poco probable que vaya a prisión.

Los recursos de que disponen los países en guerra para hacer frente a las necesidades humanitarias y de reconstrucción sin precedentes resultado de la destrucción de infraestructura, y una violencia que aún no acaba.
El último informe de la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de las Naciones Unidas (OCHA) ha estimado que unos 290 millones de personas necesitaron asistencia a lo largo de 2024. De los 48.300 millones de dólares necesarios para reconstruir y volver a reconstruir, a finales de abril de 2024 solo se habían logrado recaudar 7.300 millones de dólares para fondos humanitarios, lo que refleja una disminución del 36% interanual.
Pero el mundo no sólo ha debido enfrentar estas guerras. También en los últimos años la pandemia de coronavirus y el impacto de la guerra entre Rusia y Ucrania en la seguridad alimentaria y energética ha incrementado la necesidad de fondos frescos.
Para dar dimensión al problema que se tiene por delante en Ucrania, el Banco Mundial estima que la reconstrucción y recuperación costaría aproximadamente 486.000 millones de dólares durante la próxima década.

No estatales

Finalmente, hay otros actores en estas guerras. Se trata de los grupos armados no estatales como actores políticos nacionales, que han vivido una creciente internacionalización y que han recibido apoyo de terceros estados. Su importancia fue evidente en la región de Oriente Medio y el Norte de África, donde grupos como Hamas, Hezbolá y los hutíes han jugado un papel fundamental en la reconfiguración del conflicto. Estos grupos ilustran la creciente influencia internacional y geopolítica de los grupos armados no estatales, ya que se relacionan con los actores estatales o los desafían para promover sus objetivos estratégicos.
El año nuevo hereda del 2024 un panorama muy difícil e incierto. Se fue un año marcado por las guerras y la crisis de los organismos multilaterales. Es tiempo de reconfigurar la sociedad de naciones, y la colaboración solidaria entre las democracias del mundo.