La música como emoción y aprendizaje

Como ya había sucedido el año pasado, el Instituto Musical Delia Buono, dirigido por las profesoras Gianina y Yasmín Buono, participó en la Fiesta de la Prensa. Y lo hizo con novedosa propuesta, que combinó interpretaciones de jóvenes pianistas con una charla titulada “Música y emoción: la ciencia de sentir a través del arte”, a cargo de Yasmín Buono, quien, además de profesora de música es licenciada en psicología. Ante un público numeroso y entusiasta, la actividad alternó la música con información y reflexiones sobre la música como fenómeno psicológico, ofreciendo una experiencia sumamente enriquecedora que conectó arte y ciencia.

Repertorio variado

El concierto comenzó con la interpretación a cuatro manos de “Danza de las hadas de azúcar”, de Tchaikovsky, a cargo de Camila Cardozo y Juana Saporito. Luego, Alfonso Toscanini presentó una adaptación de “Verano”, de Vivaldi; Juana Saporito ejecutó “Experience”, de Ludovico Einaudi; y Paulo Dalmao deleitó al público con “Hit the road Jack”, popularizada por Ray Charles. El cierre estuvo a cargo de Selene Méndez, una de las alumnas del Instituto que han obtenido importantes premios en el Concurso Nacional de Piano, que se realiza anualmente en Montevideo. La joven pianista demostró su gran talento con un programa que incluyó clásicos populares como “El día que me quieras”, “Taquito militar” y “Manojito de claveles”, además de obras de Piazzolla y Rachmaninoff. En “La muerte del cisne”, de Tchaikovsky, estuvo acompañada por el violonchelista Enrique Porro y la bailarina Lucía Furtado, del Instituto de Danzas Verónica Samurio, ofreciendo un momento de gran belleza y emotividad.

La música como fenómeno psicológico

En su charla, Yasmín Buono abordó la música desde una perspectiva psicológica, destacando cómo este arte ha sido un medio de comunicación y expresión a lo largo de la historia. “La música siempre ha servido a la humanidad para comunicarse, tanto con los dioses, con los demás o consigo mismo”, explicó al iniciar su exposición. Con el apoyo de diapositivas, habló primero de los antecedentes históricos del arte musical, pasando por la época antigua, donde los griegos ya utilizaban la música y el canto como herramientas terapéuticas. Posteriormente, explicó el impacto de la música en el cerebro, detallando los procesos neuroquímicos que generan neurotransmisores como la dopamina y hormonas como la oxitocina o la melatonina, capaces de influir en el estado de ánimo, el comportamiento y la toma de decisiones. Asimismo, abordó el concepto de neuronas espejo, que permiten al oyente conectarse con el intérprete a través de una respuesta empática. “Al tener este conocimiento, nosotros podemos escuchar una música que nos guste, para poder cambiar nuestro estado anímico y tener bienestar”.
En otro segmento presentó un mapa corporal que muestra a través de imágenes cómo actúan sobre nuestros cuerpos emociones como el enojo, el miedo, la felicidad, el amor, la tristeza, la sorpresa o la ansiedad. Presentó también parámetros, obtenidos a través de la neurociencia, que muestran la influencia de ciertas características de las obras musicales en las emociones. Una tonalidad menor y rápida, por ejemplo, sugiere miedo; una tonalidad mayor y un tiempo rápido, provoca alegría; un modo mayor y un tiempo lento, provoca tranquilidad y sosiego. Si bien hay matices en estos parámetros, que dependen de diversas variables –el estado de ánimo, la memoria emocional, la personalidad, la cultura–, puede afirmarse que la música permite la identificación de las emociones propias, facilitando la detección, control y regulación emocional.

Sugerencias para una escucha activa

En el cierre de su disertación, compartió “algunas sugerencias, para que les sirvan para escuchar música de ahora en adelante, y puedan tener una experiencia musical”.
Algunas estuvieron formuladas como preguntas: “¿De qué manera (la música) está impactando en mi cuerpo ahora? ¿Dónde lo siento? ¿Qué siento? Es importante no juzgar, para compenetrarnos un poco más. No empezar con un discurso mental, sino dejar que esa música realmente esté en nuestros cuerpos”, expresó.
También sugirió sincronizar la respiración con las obras escuchadas, y potenciar la conexión entre el oído, las emociones y el cuerpo. La propuesta demostró que la música no solo es un arte, sino también una herramienta poderosa para el desarrollo integral de las personas, dejando una profunda impresión en el público presente.