Las películas sobre asesinos seriales abundan. Las series también. Es un tema que en el cine ha pasado a ser un género en sí mismo. Y lo que muchas veces pasa con los géneros es que todas las películas que lo tocan terminan por parecerse. Salvo raras excepciones.
Sin dudas, la película iraní Araña sagrada es una de esas excepciones. ¿Por ser iraní? Algo de eso puede haber, pero las diferencias van mucho más allá. El director Ali Abbasi –que acaba de estrenar en Estados Unidos El Aprendiz, algo así como una biografía de Trump–, toma el hecho real de un asesino que se dedicó a matar prostitutas para también hablar de la realidad de su país. Un país tan diferente a occidente que, al verlo con nuestros ojos, todo nos parece más primitivo, más sórdido, más cruel. Y Abbasi no se ahorra ningún recurso a la hora de mostrar lo terrible de la vida de las prostitutas en un país donde inclusive las mujeres “normales” son vistas como inferiores, ni qué decir tiene de las prostitutas.
Bueno, entonces el asesino de turno aquí, para “limpiar” las calles del pecado, mató a decenas de prostitutas a comienzos del siglo XXI. ¿La Policía? Bien, gracias. Ineficaz por un lado pero también ordenada por el gobierno a no investigar a cierta gente que había servido en el ejército, como es el caso del asesino en cuestión. Otro dato de la realidad iraní que, al exponerlo en su filme, llevaría a que el director Abbasi se terminara exiliando.
Y ya que la Policía no reacciona entre la indiferencia y los intereses políticos, aparece… una heroína en la figura de una periodista. O sea, otra mujer, algo impensable en Irán. Pero así fue. Que sea una periodista la que investigue un caso en vez de la Policía no es algo nuevo para el cine. Es algo que se ha visto muchas veces, al igual que el tema del asesino en serie. Pero Abbasi cuenta con muchas cartas para jugar en su película para lograr que sea a la vez intrigante y dura, diferente y, en un sentido tremendo, inolvidable.
Claro, su atractivo e interés se despierta en el espectador no por el glamour de un asesino súper inteligente que burla a los investigadores, sino por filmar sin ningún prurito la realidad más cruda e hipnotizar al público más indiferente. Por supuesto que quien esté interesado en ver algo realmente distinto, lo tendrá con creces en Araña sagrada, donde no hay ambientes lujosos, criminales millonarios o geniales, policías atractivos como modelos o vueltas de tuerca basadas en esconder datos al espectador. Al final, hay que anotarlo, hay una vuelta de tuerca, pero no de las que estamos acostumbrados a ver tampoco.
Finalmente hay que destacar la actuación de Zar Amir-Ebrahimi como la periodista, una actriz que ya se ha convertido en directora y también va por el camino de Abbasi en cuanto a criticar a su país, pero más que nada hay que hacer una mención aparte a lo que el actor Mehdi Bajestani consigue como el asesino. Por acá siempre recordamos a intérpretes como Anthony Hopkins, Gary Oldman o John Malcovich en sus papeles de villanos asesinos, pero luego de ver a Bajestani…, bueno, todo parece un juego de niños al lado de lo que logra este iraní. Lo mismo va para el director Abbasi, que si de valentía hablamos hay que sacarse el sombrero, porque luego de lanzar sus dardos contra Irán, ahora lo hizo con Donald Trump, nada menos.
Fabio Penas Díaz

