A la par del crecimiento de la contaminación y las presiones sobre los recursos básicos para la vida y la sostenibilidad del planeta, algunas naciones han apostado por avanzar hacia energías renovables y limpias. Lo que comenzó lentamente hace décadas en algunos países europeos como Dinamarca, Alemania y España, posteriormente se amplió por razones ambientales, económicas y de soberanía energética.
En el contexto latinoamericano, Uruguay es un líder indiscutible en energías renovables, siendo además un ejemplo de cómo un pequeño país ha logrado transformar y diversificar su matriz energética para reducir su dependencia del petróleo y mitigar los efectos de los ciclos de lluvias en su matriz hidráulica.
Los esfuerzos no se han detenido ahí. A través de políticas de largo plazo implementadas por distintos gobiernos, se ha avanzado en la búsqueda de soluciones sostenibles para el futuro, transitando caminos de mayor sustentabilidad ambiental y energética. Esto, es importante resaltarlo, impacta directamente en la vida cotidiana de las personas, así como en los procesos industriales y productivos.
Esta semana, la ciudad de Colonia del Sacramento fue reconocida y premiada como “comunidad inteligente”, siguiendo el camino ya trazado por La Paloma (Rocha) y Fray Bentos (Río Negro).
Para acceder a este reconocimiento, estas ciudades debieron alcanzar ciertas metas, como completar la instalación de medidores inteligentes de UTE en toda la ciudad y fomentar la adhesión de los hogares al Plan Inteligente impulsado por el organismo estatal a nivel residencial. En el caso de Colonia, los hogares adheridos a esta iniciativa superan la media nacional, lo que ha permitido a estas familias ahorrar, en promedio, un 20% del costo mensual en la factura de energía.
Asimismo, la proporción de pequeñas y medianas empresas que han optado por tarifas multihorarias también supera la media nacional. El premio incluyó, además, un apoyo de 25.000 dólares a la Intendencia para la remodelación lumínica de la Plaza 25 de Agosto de Colonia del Sacramento, incorporando artefactos LED e infraestructura moderna.
La presidenta de UTE, Silvia Emaldi, destacó que estas ciudades están iniciando “un camino de sustentabilidad”, subrayando su compromiso con el cuidado del medioambiente, la movilidad eléctrica y la eficiencia energética.
Para que una ciudad de Uruguay sea designada como “comunidad inteligente”, debe cumplir ciertos requisitos básicos, como la adopción de planes energéticos inteligentes que permitan un uso más eficiente de la energía a través de tarifas diferenciadas según el horario de consumo (doble y triple horario); la instalación generalizada de medidores inteligentes que faciliten el control del consumo y optimicen la gestión eléctrica; y la disponibilidad de infraestructura para la recarga de vehículos eléctricos, promoviendo así una movilidad más sostenible y la reducción de la huella de carbono.
Las denominadas “comunidades inteligentes”, “ciudades inteligentes” o “smart cities” constituyen un modelo que muchas urbes en el mundo están intentando replicar. Existen, además, esfuerzos internacionales, nacionales y locales para su promoción.
Según la definición adoptada por United for Smart Sustainable Cities, la plataforma de ciudades inteligentes de la ONU, una ciudad inteligente es “una ciudad innovadora que utiliza las tecnologías de la información y la comunicación, junto con otros medios, para mejorar la calidad de vida, la eficiencia de los servicios urbanos y la competitividad, garantizando al mismo tiempo que satisface las necesidades de las generaciones presentes y futuras en los aspectos económicos, sociales, ambientales y culturales”.
A su vez, las críticas a enfoques excesivamente centrados en la tecnología han llevado a un cambio de paradigma: hoy se conciben las ciudades inteligentes con un enfoque centrado en las personas. Esto significa que deben utilizar las tecnologías digitales de manera ética, inclusiva y sostenible, asegurando que nadie quede rezagado.
De este modo, las ciudades inteligentes pueden contribuir a afrontar estos desafíos, aprovechando la innovación digital y garantizando que el diseño e implementación de tecnologías respondan a las necesidades de las comunidades urbanas, considerando sus impactos sociales y ambientales.
No obstante, según el informe sobre ciudades inteligentes de ONU-Hábitat de 2024, el potencial transformador de estas iniciativas aún no se ha aprovechado plenamente a nivel global. El estudio señala que el nivel de desarrollo y madurez de las ciudades inteligentes sigue siendo desigual tanto dentro de las regiones como entre ellas.
El informe también destaca que los gobiernos municipales de todo el mundo están liderando el desarrollo de ciudades inteligentes centradas en las personas, en colaboración con una amplia gama de actores locales e internacionales. Sin embargo, aunque el 69% de los municipios del mundo cuentan con una agenda estratégica para el desarrollo de ciudades inteligentes, la escasez de recursos y de habilidades técnicas en estos gobiernos representa un obstáculo significativo para su liderazgo en los múltiples aspectos de este desarrollo.
En Uruguay, el camino hacia la consolidación de ciudades inteligentes está en una fase inicial, pero presenta amplias oportunidades. Su condición de país pequeño, con una baja densidad de población, una cobertura amplia de infraestructura de servicios básicos y una consolidada conectividad digital, le otorgan ventajas para avanzar en este modelo.
Además, la visión de “ciudad o territorio inteligente” es transversal a las competencias de los gobiernos locales, aplicándose a la movilidad, el medioambiente, la salud, la seguridad, la economía y la gestión interna, entre otros ámbitos.
Las experiencias incipientes de La Paloma, Fray Bentos y Colonia deberían servir de inspiración para otras localidades, incentivándolas a adoptar prácticas responsables y a repensar la manera en que interactúan con los recursos energéticos. Esto permitiría avanzar hacia modelos más avanzados de ciudades inteligentes.
Se trata de un camino aún por construir, que dependerá de la necesaria convergencia entre decisiones políticas, innovación tecnológica y conciencia energética y ambiental por parte de la población. Solo así podrán aprovecharse las oportunidades y generarse mejores condiciones de vida de manera sostenible.

