La voluntad es la llave maestra que abre la puerta a buena parte del éxito en la vida, es la herramienta, al principio costosa, que nos lleva a hacer algo bueno y conveniente para nosotros, es la capacidad para ponerse unos objetivos concretos e irlos alcanzando gradualmente. La voluntad es un rasgo de la personalidad más importante que la inteligencia, con ella uno proactivamente consigue hacer realidad sus sueños.
Esta herramienta no es genética, debe ser educada y entrenada diariamente para irla adquiriendo. La voluntad consiste en hacer lo que se debe, sin titubeos, sin miramientos, se conquista en un trabajo secuencial, sucesivo de aciertos y errores, de objetivos claros, precisos, medibles y estables.
La disposición decidida y generosa de la voluntad no se desarrolla solo mediante autodisciplina, también y sobre todo afinando el sentido moral que vive en lo profundo de nuestro ser, y que motiva la acción.
Tener modelos atractivos (padres y educadores) ayuda a tirar hacia arriba en todos los sentidos, lo normal es seguir a las personas más que a las ideas, de poco sirven los sermones si no alcanzamos nosotros las metas que proponemos. Los padres debemos alabar más el esfuerzo de los hijos y elogiar menos sus dotes intelectuales, pues lo primero produce estímulo y lo segundo sólo vanidad.
Una serie de instrumentos elevan la inteligencia básica: el orden, la constancia, la voluntad, la motivación, una mezcla de alegría e ilusión y la capacidad de observar y tomar nota.
El orden comienza en el horario (hora de levantarse, de estudio y trabajo, recortar el horario con el celular y redes sociales), en la habitación y lugar de trabajo, en la cabeza (tener criterios coherentes y seguirlos de cerca): ayuda a priorizar y desechar lo que sobra y no sirve.
El hábito del orden aporta a la vida personal armonía, equilibrio, paz, serenidad y multiplica el tiempo.
Si la batalla del orden está ganada, la voluntad la está cobijando. La constancia es la perseverancia en lo pequeño (tener disciplina, seguir con lo iniciado), saber esperar y continuar, soportando las molestias con serenidad.
La voluntad es determinación (estudiar, ordenar y ayudar en casa aunque no me apetezca), es la costumbre de vencerse en lo pequeño haciendo lo que es bueno para mí, sacrificar lo inmediato por lo mediato, lo cercano por lo lejano, imponiéndome pequeños retos que me permiten alcanzar los objetivos.
La motivación es el motor de la voluntad, es hacer atractiva la exigencia, tener una visión clara de la meta, que mueva, empuje y arrastre al objetivo que queremos alcanzar, es cultivar la esperanza. El que sabe lo que quiere tiene la voluntad preparada para la lucha: voluntad y motivación forman un binomio inseparable.
Si uno tiene voluntad alcanza lo que se propone, si no se está a merced del capricho del momento. Quien tiene un cierto grado de madurez quiere algo con fundamento y precisión, lo califica, lo delimita y evitando la dispersión se lanza con determinación en esa dirección.
Tener una voluntad férrea es un claro indicador de madurez personal, trae consigo: resiliencia, templanza para superar las adversidades, serena satisfacción por el deber cumplido, audacia para emprender, optimismo, carácter para jugarse por sus principios y orientar en el camino.
Es clave tener perspectiva, una visión amplia, una administración inteligente del fracaso, firmeza en los propósitos, solidez en los planes a futuro.
La voluntad, la razón y el corazón son elementos de la personalidad íntimamente unidos.
Todo lo grande que da sentido a la vida es hijo del esfuerzo y la renuncia.
La educación de la voluntad nunca se termina, su verdadero objetivo ético es el desarrollo personal, la victoria sobre uno mismo, ser artífice de su propia historia. Ing. Agr. José Francisco Ramos Peralta

