Solicitada: Ni tan linda . . . ni tan fea . . .

La semana anterior visité tres veces la reconstruida plaza Constitución. Dos veces sola. Despacio, observando cada detalle que se ofrecía a mi ansiedad. Es que había estado tanto tiempo oculta a los ojos de la gente que la natural curiosidad por verla era cada vez mayor. Aunque todos, sabíamos que el secreto se iba a revelar antes que el intendente Olivera abandonara su cargo, si no, ¿quién cortaba la cinta?
Y el milagro se produjo el 23 de diciembre.
Quien suscribe, una simple ciudadana, dejó pasar unos días. Esperó que se calmaran las ansiedades y el desborde de emociones. Y allá fue, sin apuro, dándose tiempo para recorrer de punta a punta la obra inaugurada. Fue así que trató de evaluar, desde su humilde saber y entender.
Apeló a su sentido común, buscando poder percibir en qué se habían invertido los dos millones y medio de dólares que supuestamente habría costado esta inversión. Se paró en el centro de la Plaza. Primera y nada menor sorpresa.

¿Dónde está la flor de mburucuyá?, ¿ícono de esta gran transformación?
Hasta que la descubrió, a ras del suelo. En ese momento sin agua. De unos cinco centímetros de profundidad. Pétalos irregulares, y dentro de alguno de ellos, enormes trozos de piedra. Sólo desde un dron se la puede ver en su totalidad y por captura fotográfica. Por lo menos de día.
Lo comprobó al subir a una altura considerable de la Torre de la Defensa. Tampoco la pudo ver, obstruida por los árboles.
A esa hora, una hilera de chorros desde el NE “bañaba” íntegramente la figura de Leandro Gómez.
Ya es sabido. Las cosas apuradas nunca salen bien. De panza en el piso, al rayo del sol, al sur de la fuente ,un operario hundía su cabeza en un agujero, donde supuestamente se encuentra la instalación eléctrica, relativa a los focos que iluminan los chorros. Algo no funcionaba bien.

En su tercera visita, observó que lo mismo pasaba del lado norte. Varios operarios trabajaban solucionando problemas eléctricos.
Giró la vista, y allí, a menor altura respecto a su anterior ubicación, ubicó el monumento al Gral. Leandro Gómez, aunque ahora, orientado al oeste.
Desde el centro de la plaza miró hacia la Basílica, Monumento Histórico Nacional. Increíblemente hermosa. Destacándose en el paisaje.
Y qué quieren que les diga… Me gusta la simetría, y todo lo destacable en la renovada plaza, se ubica hacia la izquierda del eje central.
La Estatua de la Libertad, antes hacia el lado sur, ahora, hacia el norte. Casi sin destaque en su significación.
Entre la fuente y la grandiosidad de la Basílica, visto a distancia, se interpone algo que parece ser una especie de jaula. Se acercó intrigada y pudo ver parantes de hierro pintados en blanco que sostienen un acrílico con los nombres de los defensores de fines de 1864 hasta enero de 1865. A la vez esta estructura, da cierta seguridad ante cualquier descuido, a quienes visiten el Centro de Interpretación del Sitio de Paysandú, lamentablemente cerrado, y que según le dicen está hermosamente diseñado. ¿Usted sabe qué significan esas enormes piedras?, me pregunta un señor que se me acerca interesado. Le repetí lo que había oído al respecto: representan los proyectiles que lanzaban los cañones desde Plaza Bella Vista, durante la toma de Paysandú.
¿Y esas enormes chapas oxidadas que ondulan en algunos espacios?

Me acerco. Me pongo en puntas de pie, y veo que ocultan plantas de distintas variedades, seguramente para protegerlas. ¿Asentadas sobre tierra cubierta de aserrín?
Al oeste un limitado espacio de hormigón para realización de espectáculos, con un desmerecido y chato busto del gran Beethoven.
En fin, mucho hormigón, poco verde. Tal vez, cuando funcionen bien chorros y luces, en la noche, la plaza se vea distinta. Como me dijo un amigo, que de arte, diseño y plástica, sabe un montón: “para qué te preocupás”, dentro de 50 años, posiblemente en este lugar, habrán construido un estacionamiento para autos, de varios pisos. Las plazas son la representación de la gente y la vida de los pueblos”. Lentamente, empiezo a irme bajo un quemante sol… De pronto, oigo gritos, risas, voces de niños y adultos y el ladrido feliz de un perro. Me doy vuelta… todos se bañan, juegan y chapotean en la fuente, ahora transformada en piscina. Una señora saca fotos con su celular.
Todos obedientes a la invitación que formulara el intendente Olivera en su discurso inaugural: “Disfruten, disfruten… Esta Plaza es suya, cada centímetro es suyo… Disfruten familias… Disfruten de la plaza más linda de Paysandú y el país”.
Y me alejé pensando: “Pucha que nos salió cara la piscina. ¡Nada menos que dos millones y medio de dólares!
Ayiyú Baptista Buidid