Fue contemporáneo de Charles Chaplin, aunque nunca lo trató personalmente. Un día estuvo muy cerca de él, pero no se animó a presentarse. Fue un genio del teatro y del cine, considerado el mejor cómico italiano, a pesar de ser una persona melancólica, debido a sus amargas experiencias de vida.
Nació en el Rione Sanitá, el barrio más pobre de Nápoles, y cuna de la mafia, la camorra, centro de la guapparia napolitana, el 15 de febrero de 1898. Dice uno de sus bisnietos: “Totó pasó hambre, su madre era pobre, por lo que la familia noble, de su padre (el príncipe Giuseppe de Curtis), no le permitía casarse con ella. Ha vivido la tragedia, la miseria, la sensación de ser hijo de nadie hasta bien entrados los veinte.
Él ejemplificaba la redención…. Defendió sus raíces humildes, pero al mismo tiempo era un príncipe y sentía la necesidad de serlo, porque suponía la salvación a la miseria. Mi bisabuelo era una persona inteligente, educada, culta, un señor elegante. Respetaba a Pasolini, que no era poco en aquel tiempo”.
Recién en 1921 fue reconocido como hijo de De Curtis. Y sólo en 1946, después de la muerte de su padre, el tribunal de Nápoles lo autorizó a complacerse del nombre y del título de Antonio Flavio Angelo Ducas Commeno Porfirogenito Gagliardi de Curtis de Bisanzio, Altezza Imperiale, Conte Palatino, Cavaliere del Sacro Romano Impero.
Me parece muy bueno lo que leí en la web, sobre Nápoles. Antes de la Unificación, en el 1861, Nápoles estuvo ocupada por griegos, romanos, normandos dinastía sveva, aragoneses, austríacos, borbones y franceses. Fue Garibaldi quien lideró la idea de unión, desarbolando las cadenas que sujetaban una tierra situada estratégicamente en medio de los mares Tirreno y Jónico, que era de nadie y de todos a la vez. Una parte, el Reino de las Dos Sicilias, pasó de manos españolas a italianas y la bota comenzó a formarse. Hoy el napolitano es espontáneo y poeta. Porta una sonrisa melancólica y una magia forjada en las adversidades, en infancias difíciles sin referentes claros. Hay algo de todo eso en Totó, sobrenombre (nomignolo) que le puso su madre”.
El cantautor Pino Daniele decía: “Un lugar mágico e incomparable (Nápoles), imposible de repetir, cuya autenticidad y personalidad se han labrado, quizás, en esa continua ocupación extranjera primero, y explotación norteña después, de una tierra maravillosa, que no salió especialmente beneficiada tras la unión del país”.
Allí en el sur afloraron –en medio del abandono generalizado por parte de los poderosos– mafiosos y artistas por partes iguales. No hay nada más poético en Italia que cantar en napolitano (ejemplo: las canciones de Doménico Modugno).
Porque la ciudad partenopea tiene mil caras: es Pulcinella, es Eduardo de Filippo, Curzio Malaparte, Massimo Troisi, Sofía Loren, Bud Spencer y el príncipe de la risa, Antonio de Curtis. Sanitá es un crisol de contrastes revestidos de embrujo, caos, bullicio e histrionismo. Un sinfín de recovecos con calles estrechas y tortuosas fecundas en pequeñas viviendas de plantas bajas, con las puertas abiertas y la ropa tendida en la calle. Una simbiosis de degradación y analogía a la continuidad.
En la película El oro de Nápoles, Totó representa a don Saverio, il pazzariello, un artista pintoresco de la calle, propio del folclore napolitano, siempre irónico, soñador, tierno, astuto, vivo e inteligente. “Signore si nasce, e io lo nacqui”.
Nápoles, tierra de fuego, triste pero esperanzada. Falsa y aparente. Mísera y sensible agresiva, pecadora, sensible, religiosa (culto a la Madonna y a Maradona), teatral, exagerada, litúrgica, atormentada, tradicional, contradictoria y huérfana, como muchos de los napolitanos que aún caminan por sus calles, fruto de una relación esporádica entre mujeres napolitanas y norteamericanos durante la ocupación aliada durante la Segunda Guerra Mundial. Nápoles, como Totó, es la risa y el llanto en un mismo momento. La vida en todas las categorías y extravagancias.
Simone Buffardi de Curtis, su bisnieto dice: Totó, ya instalado en la capital (Roma), volvía a menudo a casa con su taxista, para dejar dinero debajo de las puertas de los pobres que estaban allí. Era muy generoso. En la que fue su casa, el pueblo del Rione Sanitá colocó una placa, donde dice: “Fue un cómico incomparable por su mímica, hombre de nobles sentimientos, poeta insigne, entre los que Italia contrapone a los mayores artistas del mundo”.
Denominado “El príncipe de la risa”, fue uno de los mayores intérpretes en la historia del teatro y del cine italiano. (La mayor parte de los críticos cinematográficos de su época no lo reconocían, pero tuvo una gran popularidad y grandes éxitos, que lo convirtieron en un hombre muy rico y filántropo). Claro que sufrió varios fracasos, pero nunca se rindió.
Desde muy pequeño demostró su vocación artística, que le impidió dedicarse al estudio. En la primaria aprendía poco, pero divertía a sus compañeros con sus recitados, muecas y chistes. Le dieron el sobrenombre de Copión, porque observaba a las personas desde un lugar oculto, y luego las imitaba. Un preceptor le dio un puñetazo en la nariz, ¿sin querer? Y le quedó una particular conformación de la nariz y el mentón.
No terminó la secundaria. En 1913, comenzó a exhibirse en los teatros periféricos con el seudónimo de Clerment. Allí conoció a otros actores.
Se enroló como voluntario cuando comenzó la Guerra Mundial, pero rehusó estar en primera línea fingiendo un ataque epiléptico. En el ejército encontró un graduado que lo obligaba a hacer las tareas más humildes. Y ese encuentro fue el origen de su dicho: ¿Siamo uomini o caporali? (¿Somos hombres o jefes?, no sé traducir exactamente la palabra “caporali”, podría traducirse como “dependiente, súbdito”, que no piensa por sí mismo, sólo obedece órdenes).
Cuando terminó la guerra, volvió al teatro. Después de un fiasco se trasladó a Roma, donde tuvo un gran éxito con su figura de marioneta desarticulada, in bombetta fuori mesura (bombachudo muy grande), zapatos bajos y medias de colores, conservó este personaje toda la vida.
No fueron buenas sus relaciones sentimentales: primero una cantante de café, Liliana, una donna complicata que se suicidó; luego Daria (17 años), que dio a luz a su hija Liliana, una relación que terminó en 1950, por un presunto flirt de Totó con Silvana Pampanini, a quien conoció en el set de la película “47, morto chi parla”.
Aquí debo decir que he visto esta película, muy divertida. Se trata de un hombre tan avaro, que cuenta hasta las gotas de aceite que su cocinero echa a la ensalada y cómo su hijo, el farmacéutico y gente del pueblo, lo duermen y le hacen creer que está muerto y tendrá que pagar sus pecados, si no dice dónde tiene escondido el cofre con el oro. Muy hilarante película.
En 1952 conoce a Franca, con la cual viviría hasta su muerte, en 1967. En el año 1930 se vuelve empresario y financista de su propia compañía y desde 1933 a 1940, recorre Italia con diversos espectáculos. En este último año entra en escena la revista teatral “Cuando menos te lo esperas”.
En el período de posguerra está todavía como intérprete de revistas. A continuación, tuvo un enorme éxito con sus películas. Participó en 97 películas y unas 50 obras de teatro, una impresionante producción. Representó prácticamente todos los oficios y profesiones de su época, tratando con ironía los problemas, con un lenguaje lleno de inflexiones dialectales y de paradojas, pero nunca vulgar.
Con el paso del tiempo fue perdiendo la visión, debido tal vez a la exposición a las luces del escenario. El Globo de Oro le fue otorgado en 1966, por su interpretación en la película “Pajaritos y pajarracos”. El público reconoce su gran sensibilidad e inteligencia, en un rol que encarna una gran capacidad de sarcasmo, pero al mismo tiempo, capaz de producir una profunda conmoción, en algunos momentos. En su interpretación, Totó manifiesta la desilusión y la tristeza cuando describe la realidad de su tiempo a través de sus personajes. En esa película, aparece un Cuervo hablador, que tiene una extraña teoría; el mundo está dividido en dos partes, la de los pajaritos (cristianos y la de los pajarracos comunistas). Es muy complicado, bastante difícil de interpretar.
Se llega a la conclusión que sólo el amor puede lograr la unión y solucionar todos los problemas.
Fue Totó un personaje extraordinario, realmente, un Charles Chaplin a la italiana.
Tía Nilda

