Comienza la temporada de eclipses (que dura aproximadamente 35 días), una de las dos que se producen cada año, y hoy se producirá primero de este 2025: se trata de un Eclipse Lunar Total. Pocos eventos astronómicos atraen tanto la atención de profesionales y aficionados como los eclipses, “los eclipses de Luna, como el agua de un río parecen ser siempre lo mismo, pero siempre son diferentes”, asegura Alejandro Blain, socio vitalicio y honorario de la Asociación Argentina Amigos de la Astronomía. Para el que sabe de colores, hay un cambio continuo de matices: según el brillo y la intensidad, cambia la coloración.
El momento cumbre de este fenómeno será cuando la cara visible del satélite se tiña de un color rojizo. Este cambio de aspecto se produce durante la fase total, también conocida como “luna de sangre”, la cual se apreciará simultáneamente en toda América y partes de Europa, África, Oceanía.
¿Por qué la luna se vuelve roja?
Cuando la Tierra se sitúa entre el Sol y la Luna mientras los tres astros están alineados, impide que los rayos solares lleguen directamente al satélite natural. Sin embargo, parte de la luz se filtra a través de la atmósfera terrestre y se dispersan sus longitudes de onda más cortas (azules y verdes), por lo que quedan solo las longitudes más largas (rojas). Esta luz dispersa llega a la cara visible de la Luna y la “tiñen” de un color naranja o rojizo, cuya intensidad puede variar dependiendo de las condiciones atmosféricas. “Cuanto más polvo o nubes haya en la atmósfera terrestre durante el eclipse, más roja se ve la Luna (durante el eclipse)”, aclara la NASA.
A diferencia de los eclipses solares, la fase total del eclipse lunar se puede observar al mismo tiempo en distintas partes del mundo.
Dado que el eclipse lunar se produce durante la fase de luna llena (también llamada luna de gusano), este fenómeno es visible desde casi todas las regiones del mundo, solo es necesario un cielo despejado. No obstante, apartarse de las luces más brillantes permitirá apreciar mejor el oscurecimiento y cambio de tonalidad del satélite. Asimismo, no se requieren instrumentos de observación como binoculares o telescopios, aunque el uso de estos permite ver detalles como los cráteres y mares lunares. Algo importante de este evento es que no se necesitan cuidados ni lentes especiales porque no perjudican la visión.
Este tipo de eclipses no suceden de forma tan impactante ni rápida como ocurre con los solares, por lo que permite disfrutar del acontecimiento de forma más relajada durante poco más de una hora.

