A estas alturas hay que reconocer que muchas de las series que llegan a las más vistas en las plataformas también pueden ser buenas, o excelentes. Hay que aclararlo porque estamos demasiado acostumbrados a desconfiar del éxito, a creer que lo mejor nunca alcanza una exposición masiva y no es así.
Hace algún tiempo tal vez pensar que una miniserie que tratara con total dureza y realismo una asesinato adolescente no tenía ninguna posibilidad de éxito. En la miniserie inglesa Adolescencia no hay héroes, no hay acción, no hay un villano superinteligente, no hay sexo, no hay glamour. Y sin embargo es, en este momento la serie más vista y además, ojo al gol, es muy buena.
La dirige Philllip Barantini, un ya experimentado realizador en el campo televisivo que supo trabajar en otros éxitos de calidad como Chernobyl, por ejemplo. Pero seamos sinceros, nadie mira una serie por su director.
¿El elenco? Sí, es excelente como casi siempre en las producciones británicas. Stephen Graham como el padre del adolescente acusado ofrece otra actuación desgarradora y prueba que es mucho más que un actor carismático muy adecuado para papeles de “duro”, es un actor de raza. Además coescribió el guión junto con Jack Thorne, otro experimentadísimo guionista. Así que Graham está metido de cabeza y corazón en la serie. Por otro lado Owen Cooper como el adolescente en cuestión o Christine Tremarco como la madre, como el resto del elenco ponen toda la carne en el asador y no dejan indiferente a nadie.
Sin embargo, tampoco es el elenco lo que atrajo a las masas a ver Adolescencia. No son estrellas, son actores y actrices que no todo el mundo conoce. ¿Entonces? Lo que atrae de esta miniserie es el tema y el tratamiento que se da de él.
Que acusen a un adolescente de 13 años de asesinato y que se filme cada uno de los cuatro capítulos en un largo plano secuencia son las grandes novedades de Adolescencia. Algún rezongón ya saldrá a decir que en realidad ni una ni otra cosa son tan originales y, es cierto, se pueden dar ejemplos anteriores de un tema tratado con realismo al menos parecido, o del recurso del plano secuencia sin cortes, que hemos visto tanto en series como en películas.
Pero guarda, despacito por las piedras. Todo eso es cierto, pero como se sabe, el arte del audiovisual siempre es una mezcla, combinación y cruce de elementos y ahí es donde esta miniserie prácticamente tiene poca comparación con otras. Porque utilizar la toma continua en un tema tan fuerte hace que el espectador no tenga ni distracciones ni, si vamos más allá, escapatoria. Estamos siguiendo a los personajes constantemente y con seguridad que lo vamos a hacer hasta el final. Es bastante difícil imaginar a alguien abandonando esta serie por la mitad sin querer saber qué pasa. Y todo esto simplemente con gente conversando separados por una mesa o llorando a moco tendido, algo también es, hay que decirlo, bastante inusual.
Volviendo al tema, también hay que recordar que la historia está basada en un hecho real, lo que no es difícil de imaginar, lamentablemente. Y es muy triste que así sea. Todos sabemos que estas cosas pasan y que seguirán pasando, por lo que Adolescencia pone en el tapete un tema tan tremendo como la violencia criminal entre adolescentes no precisamente criados en un ambiente ni delincuencial ni violento. ¿Qué pasó? ¿Por qué se llegó a esto? La miniserie no da ni respuestas concretas ni soluciones de fórmula y es otro acierto.
Ante un tema brutal las explicaciones pueden ser muy diversas y nunca suficientes. En definitiva, Adolescencia nos atrapa de una manera tan violenta como su propio tema, nos obliga a mirar las consecuencias de la violencia llevada a un extremo fatal. Remueve las consciencias de todos que, como espectadores de una ficción, sabemos que atrás hay un mundo real muy parecido.
Fabio Penas Díaz

