Hoy, los candidatos del Frente Amplio, Caraballo, Díaz y Martínez, de los cuales dos ya ejercieron el cargo más importante del Departamento, es decir, estuvieron en el gobierno, vuelven a la escena política con discursos renovados. Hoy, buscando captar algún incauto, vuelven apelando a una supuesta sensibilidad y compromiso con la gente. Hablan de “volver a creer”, de “estar junto a la gente”, de “estar cerca del interior”, de “esperanza”. Ahora, incluso, aseguran que la clave es gobernar en sintonía con el gobierno nacional, como si esa opción en sus manos garantizara desarrollo y progreso. Sin embargo, los hechos cuentan otra historia.
Durante más de cinco años tuvieron la oportunidad de gobernar con el mismo signo político a nivel nacional, ¿Y qué hicieron? Nada. Cero sintonía, cero gestión, cero resultados. Pasaron cinco años pensando qué hacer, debatiendo sin rumbo, con marchas y contramarchas, hablando del “Paysandú que queremos”, un concepto que quedó atrapado en el relato, reducido a una consigna sin sustancia, un eco de promesas que nunca tuvieron anclaje en la realidad.
Mientras tanto, el Paysandú real se deterioraba: dejaron un departamento sumido en una emergencia vial, con calles destruidas y caminos rurales intransitables. Las fuentes emblemáticas de la ciudad terminaron cubiertas de arena, el espacio público se degradó y la inversión brilló por su ausencia. Ahora intentan presentarse como los defensores de la sensibilidad y la solidaridad. Pero, ¿cómo explican entonces cuando votaron en contra del financiamiento del nuevo Campus Universitario, negando oportunidades a cientos de jóvenes del interior? ¿Dónde estaba esa solidaridad estando en contra de la Residencia Universitaria, dejando a estudiantes sin la opción de un lugar único para vivir y formarse? ¿Cómo justifican su compromiso social cuando rechazaron la expropiación de tierras para realojar familias que viven en condiciones precarias?
Hablan de cercanía quienes gobernaron desde el escritorio. Hablan de sensibilidad quienes fueron indiferentes. Hablan de acción quienes sumieron a la gestión departamental en la más absoluta inocuidad. Prometieron obras que nunca hicieron: la planta de tratamiento de efluentes quedó en un anuncio reiterado, el estadio de fútbol infantil jamás pasó del dibujo y perdieron 17 millones de pesos destinados a la caminería rural por pura incapacidad de gestión, dejando caer toda la infraestructura deportiva del departamento, ¿esa es la sensibilidad? Hoy intentan volver con discursos reciclados, pero con las mismas excusas de siempre. Ofrecen promesas vacías, discursos grandilocuentes y una nueva versión del mismo relato. Pero gobernar no es declamar, es decidir y ejecutar. No es improvisar eslóganes, es transformar la realidad con obras concretas y soluciones reales. No es posar para la foto ni multiplicar gestos vacíos; es asumir la responsabilidad de cada decisión, porque el verdadero liderazgo no se mide en sonrisas, sino en cambios que mejoran la vida de la gente.
La pregunta es simple: si cuando tuvieron la oportunidad no lo hicieron, ¿Por qué habría que creerles ahora?
Braulio Álvarez
