A mediados de marzo falleció el profesor Ruben Peña, pionero en el desarrollo del Instituto Superior de Educación Física (ISEF) en Paysandú. Formador de numerosos profesionales en los que marcó su huella, dejó un recuerdo imborrable en alumnos y colaboradores. En diálogo con EL TELEGRAFO, Claudia Fernández y Oscar “Poliya” Samurio recordaron con afecto a Peña.
“Queremos homenajear a Ruben, por todo lo que influyó en nosotros y en tantos otros. Muchas veces la gente es olvidada y eso no puede pasar, por lo menos hay que poner una piedra y decir ‘aquí estuvo’”, esgrimió Samurio. Ambos recordaron sus vivencias junto al profesor, mencionando Fernández que lo conoció en el Club Remeros, a donde Peña llegó “con la idea de trabajar con gente que tuviera título, egresados del ISEF. El tenía esa filosofía. Yo hice la carrera y lo tuve a él como profesor en más de una materia, y fue un docente que me marcó, no sólo en lo deportivo sino en otras cuestiones, como su forma de visualizar la enseñanza del deporte para que llegue a todos”.
Tanto Fernández como Samurio completaron el cruce del Río de la Plata, entre Colonia y Buenos Aires en 1998, con el apoyo incondicional de Peña. Samurio recordó que “en una ocasión, en el año 1996, llegó a mis manos un diario donde se relataba una travesía desde Salto a Paysandú realizada por un deportista llamado Ramón Sanabria, del año 1956 o 57. Entonces me dije,’ si ese tipo lo hizo sin una preparación física adecuada, ¿por qué no lo intento?’. Se lo propuse a Peña y luego de pensarlo me propuso hacer otras pruebas: ‘tenés que cruzar el Río de la Plata primero, y después el Canal de la Mancha’. Ahí empezó nuestra relación, fue él que me empujó a hacer las dos pruebas, yo no lo tenía en mente. Estuvimos un año y medio preparándonos, y ahí pude ver lo organizado que era, lo meticuloso para los detalles, lo compañero que fue y cómo nos motivaba. Despúes, el y yo convivimos como hermanos previo al cruce del Canal de la Mancha”.
Samurio agregó que Peña “tenía muchos conocimientos, sobre el agua, las mareas, los vientos, el clima. Eso daba una seguridad importante para el nadador”. A lo que Fernández agregó que “todos los que habían cruzado el Río de la Plata lo hacían en forma individual, y su propuesta fue más allá: hacerlo en equipo, y que lo pudiéramos concretar entre seis. Algunos se fueron bajando y quedamos ‘Poliya’ y yo. Él nos dedicaba su tiempo y ponía a disponibilidad lo que tuviera, cada entrenamiento en el río duraba seis o siete horas”.
Con el desafío de hacer la travesía Salto-Paysandú en un futuro cercano, Fernández y Samurio manifestaron que para los que la realicen está la motivación “de esos últimos estímulos que nos dio Ruben, porque hasta sus últimos días estuvo pendiente de todos”.
Y cerraron remarcando que hay quienes pasan por la vida “y no dejan nada, y hay quienes tienen ‘una estrellita’; lo recordaremos como un guerrero, no sólo como un formador. Tenemos un enorme agradecimiento hacia él por todo lo que nos permitió hacer y todo lo que impulsó”.

