Desde hace pocas semanas está disponible en las plataformas digitales “Piel de árbol”, el nuevo álbum de Osvaldo Sanguinet. Con composiciones originales, el disco es una muestra más del camino singular que viene trazando este músico sanducero, cuya obra explora y expresa, desde un lenguaje propio, la identidad sonora del litoral. Guitarrista, pianista y compositor, Sanguinet lleva adelante desde hace muchos años un trabajo constante de creación, interpretación, docencia, producción cultural e investigación, convirtiéndose en un referente desde todos esos roles. “Piel de árbol”, dice, contiene ocho músicas “que tratan de tener un poco el color de nuestro lugar, del litoral. De hecho, hay un par de chamamés”. Tres de esas composiciones son tributos “a personas que significaron mucho para mí”, explica. “De Tres Bocas a Paysandú” es un homenaje a Luis Alberto “Chichí” Vidiella, “músico al cual tuvimos el honor de conocer y tocar con él durante muchos años”. “Samba pa’l Darri” está dedicada “a un gran amigo, músico también, que nos dejó muy temprano: André Darricarrere”. Y “El zapatero” homenajea “a don Alsino Castro, quien era zapatero, pescador, y tocaba el acordeón de doble hilera, la guitarra y la armónica. Era el papá de Ramón Castro, un músico muy talentoso, autodidacta, que desde hace muchos años está en Las Vegas”.
Trabajo y talentos sanduceros
Las composiciones de Sanguinet tienen la intención “de contar dónde estamos, y la música con la cual crecimos”. Pero también hay en ellas una apertura hacia otros lenguajes. “Samba pa’l Darri, por ejemplo, es netamente una samba. Después hay algunas fusiones, que mezclan otras influencias más complicadas, con cambios de ritmo, y un poco también tomando elementos del jazz… sin querer ni pretender tocar jazz, sino nutrirse un poco de ese mundo, que es tan enriquecedor”. La grabación fue posible gracias al apoyo del Fondo Nacional de Música (Fonam), pero sobre todo al compromiso de un nutrido grupo de músicos y colaboradores, destaca Sanguinet. “Estoy muy contento, muy agradecido de haber obtenido apoyo del Fonam, pero también por el grupo de diez músicos que participó, y por otros que participaron en la parte logística y en los trámites”, explica.
“Creo que en este trabajo está reflejado todo el apoyo, el cariño y el afecto de ese grupo humano de músicos del lugar, talentosos, que me apoyaron. Creo que estar rodeado de estas personas tan maravillosas, tan generosas, ayuda a uno, a esta altura de la vida, a encarar estas cosas. A veces uno dice ‘bueno, estoy un poco cansado’, pero es solo agradecimiento lo que siento por haber podido concretar este sueño. Porque sabemos que los músicos lo que debemos dejar es nuestro cuadrito pintado. Va por ahí”. El álbum contó con la participación de Teresita Godoy (bandoneón), Gabriela Cano (flautas), Valentina Russo (voces), Mathias Bentancourt (percusión), Guillermo Maidana (percusión), Jorge Medina (bandoneón), Oscar Zardo (acordeón), Reynaldo Pina (vientos), Pablo López (bajo), Bernardo Ilamas (teclado) y Tori Sanguinet, hija de Osvaldo, quien tocó el bajo “en una música bastante compleja”. Más allá de lo escrito en los pentagramas, los músicos pudieron aportar sus propios arreglos y expresarse libremente a partir de la propuesta del compositor, quien tocó guitarra y piano. Las sesiones de grabación se desarrollaron en el estudio de Matías Hernández, “tremendo músico y ser humano”, señala Sanguinet. En la parte logística, mencionó el permanente apoyo de Mathias Bentancourt y de Agustín Cáceres, “músico maravilloso también, y tremendo amigo”.
Consultado acerca de una posible presentación en vivo del álbum, responde que se están haciendo los primeros movimientos en ese sentido. “Lo estamos conversando. Todavía no nos hemos podido reunir para la celebración de este proyecto, pero en breve lo haremos, y ahí vamos a conversar para presentarlo en alguna sala. A veces, por el hecho de que participamos muchos músicos, se dificulta… pero al estar grabado, va a ser un poco más fácil. Ese sería el próximo camino, la presentación en vivo”.

