Dos décadas, y con apoyo social pese a nuestra idiosincrasia

A punto de cumplir 20 años desde que nuestro país, en el gobierno del Dr. Tabaré Vázquez, promulgara, primero un decreto y luego la ley vigente contra el tabaquismo, es pertinente dar una mirada retrospectiva a estas dos décadas en las que nuestro país ha surgido como modelo en la cruzada contra este flagelo, verdadero ejemplo para la región y el mundo en cuanto a estas acciones, que se han sustentado además en un apoyo social que ha resultado fundamental para el éxito.

Lo cierto es que contrariamente a lo que podía esperarse, dada la idiosincrasia de los uruguayos, el decreto y luego la Ley Antitabaco han sido respaldados ampliamente y cumplidos por los ciudadanos de nuestro país –siempre hay alguna excepción– porque puso las cosas en su lugar en lo que tiene que ver con priorizar la salud de la población, tanto de fumadores como de no fumadores, y se centra especialmente en la prohibición de fumar en lugares cerrados, so pena de la aplicación de multas a los responsables del local en que se cometa la infracción, a lo que cabe agregar otra serie de elementos que incluyeron estrictas normas de prohibición de publicidad y determinadas condiciones a que debe ajustarse el envasado en cajilla de los cigarrillos.

La cruzada antitabaco ha resultado exitosa todos estos años y ha contribuido a reducir significativamente –no todo lo que se podría, naturalmente– el consumo de tabaco y sus consecuencias, y uno de los elementos que se ha creído conveniente utilizar además es el agregado de ilustraciones en las cajillas dirigidas específicamente a alertar a los consumidores sobre los peligros de fumar.
Este 31 de mayo precisamente se celebra en todo el mundo el Día Internacional del Aire sin Humo de Tabaco, tema en el que en Uruguay es un referente global desde la promulgación de la Ley 18.256 en 2006, por cuanto se trata de la implementación de políticas públicas que en gran medida han ido a contramano de factores culturales hondamente arraigados en nuestra sociedad, lo que sin embargo no ha sido obstáculo para la generación de un consenso social que ha persistido a lo largo de dos décadas.

Puede decirse, sin temor a equívocos, que el fallecido mandatario, oncólogo de profesión, supo interpretar el sentir de la gran mayoría de los uruguayos no fumadores, –que no tenía sin embargo eco en el sistema político hasta entonces– que veían afectados su derecho a la salud por quienes habían caído en esta adicción, por lo que solo se necesitaba que alguien asumiera y liderara con responsabilidad y firmeza esta cruzada para reducir el consumo de tabaco y proteger la salud de la población.

Al respecto, un reciente informe del Colegio Médico del Uruguay publicado en EL TELEGRAFO da cuenta de que gracias a estas políticas implementadas desde mediados de la primera década de este milenio, la prevalencia de fumadores en el país ha disminuido notablemente con el paso de los años. Así, da cuenta de que cuando se aprobaron las normas antitabaco, en 2006, fumaba aproximadamente el 33 por ciento de la población, en tanto en 2025 esta cifra ha bajado a cerca del 18 por ciento, de acuerdo a datos proporcionados por el Ministerio de Salud Pública.
Lo que es también muy importante, las estadísticas indican que el descenso ha sido especialmente significativo en mujeres y en jóvenes mayores de 25 años, aunque a la vez el escenario actual plantea nuevos desafíos que prácticamente no existían o eran muy menores hace veinte años.

Tal como da cuenta el Colegio Médico del Uruguay, estamos ante un auge de dispositivos electrónicos de nicotina, como los cigarrillos electrónicos y los vaporizadores –“vapos”–, que han crecido en popularidad especialmente entre adolescentes y jóvenes.
El punto es que a pesar de que Uruguay prohíbe su importación y comercialización desde 2009, su acceso no ha desaparecido, y siempre de alguna manera, por la vía informal, se cuenta con oferta y adquirentes de estos dispositivos. Sobre el tema la doctora Mariana Bentancor, médica neumóloga del Hospital de Clínicas, señala que “nos enfrentamos a una nueva generación de consumidores que no necesariamente fuman cigarrillos tradicionales, pero sí utilizan dispositivos que también generan adicción a la nicotina. La percepción de que son menos dañinos e incluso inocuos es un riesgo enorme para la salud pública”.

Es decir que como un virus que muta para evadir los antibióticos y adquiere resistencia, ante las medidas que se vienen aplicando en prácticamente todo el mundo contra este flagelo, la industria tabacalera ha adaptado su estrategia promoviendo estos productos que apelan a la tecnología y a la novedad hacia el público receptivo, que son sobre todos los adolescentes.

Ahondando en esta problemática, tenemos que se han dado a conocer ya datos sobre lesiones pulmonares y muertes relacionadas con el vapeo en los EE. UU., destacándose que los dispositivos de vapeo, también conocidos como cigarrillos electrónicos, plumas de vapeo y cachimbas electrónicas, entre otros términos, vienen en muchas formas y tamaños. La mayoría de los dispositivos funcionan de manera similar, pues la inhalación activa un dispositivo de calentamiento a batería del líquido en un cartucho, convirtiéndolo en vapores que se inhalan.
Así, el vapeo expone los pulmones a una variedad de productos químicos. Estos pueden incluir los principales productos químicos activos en el tabaco (nicotina) o marihuana (THC), saborizantes y otros ingredientes que se agregan a los líquidos de vapeo. Además, se pueden producir otros productos químicos durante el proceso de vapeo.

“Si el líquido contiene nicotina, el usuario está inhalando nicotina junto con los otros ingredientes en el líquido”, explicó recientemente el Dr. Thomas Eissenberg, experto en investigación del tabaco en la Universidad de la Mancomunidad de Virginia.
“Se está inhalando propilenglicol, glicerina vegetal, saborizantes que se hicieron para comer pero no para inhalar, y nicotina. Y todos esos se calientan en un pequeño reactor, que es un cigarrillo electrónico. Cuando se calientan, esos componentes pueden convertirse en otros químicos potencialmente peligrosos”, advirtió.

Es absolutamente de recibo por lo tanto la advertencia que formula en nuestro país la neumóloga Bentancor, lo que debe evaluarse en el contexto de que a pesar de los avances, el tabaco sigue siendo responsable de la muerte de más de cuatro mil personas al año en Uruguay, lo que arroja un promedio de entre 13 y 15 muertes por enfermedades vinculadas al consumo de tabaco, incluyendo cáncer de pulmón, enfermedades cardiovasculares, accidentes cerebrovasculares y afecciones respiratorias, entre las cuales una crónica y tan grave como el EPOC.
No es poca cosa, lamentablemente, aunque sí se ha avanzado sustancialmente en estos 19 años tanto para reducir el consumo en beneficio de quienes tienen este hábito, como así también para los uruguayos que respiraban aire viciado en espacios cerrados.

Nuestras reflexiones apuntan a que no puede darse la batalla por ganada en este tema, porque se trata de una lucha que se renueva día a día, ante una amenaza persistente, respecto a la cual no se debe bajar los brazos, a la vez que tampoco es el único problema de adicciones de carácter social.
Lamentablemente, éstas son un verdadero flagelo, para las que es preciso aplicar políticas diferenciales, como el caso incontrastable de las drogas, en una agenda de acechanzas que solo tienen como común denominador la inclinación por el inexplicable daño autoinfligido y sentido autodestructivo del ser humano, en una porción creciente dentro de la sociedad contemporánea.