Ha sido Peter Navarro, asesor principal comercial de la Casa Blanca, quien precisó que Elon Musk “no es un fabricante de automóviles” sino “un ensamblador”, cuya producción depende de piezas importadas de Asia. Este cruce entre Navarro y Elon Musk (principal de Tesla y SpaceX), es un capítulo de la disputa interna dentro del entorno del presidente Donald Trump, que se profundizó a partir de la reciente introducción de aranceles por parte de la administración estadounidense.
Pero subió la intensidad del intercambio y molestó. “Los chicos son así” se lamentó Karoline Leavitt, portavoz de la Casa Blanca. Lo que subyace en este cruce, es que Navarro es un defensor de las medidas proteccionistas, en tanto Musk es un impulsor de un comercio más libre. Y más recientemente, ha sugerido la creación de una zona de libre comercio entre Estados Unidos y Europa.
Entre los analistas es extendida la idea de que estas disputas internas podrían afectar la definición y ejecución de las políticas comerciales de la administración Trump. Hasta ahora, estos cruces son vistos como parte del desorden estratégico de Trump y sus grupos de gobierno, poco cooperantes a no ser llegado el momento de reaccionar frente a un enemigo común, no presentan demasiados asuntos coincidentes. Quizás por ello, hasta ahora la comunidad empresarial ha observado con atención serena, y con suma discreción no ha ocultado su preocupación por el impacto potencial de los aranceles en la economía y en las relaciones comerciales internacionales. Se ha introducido a partir de esta idea incierta de los aranceles un clima de desconfianza por la inestabilidad de costos del sistema.
La administración Trump prefiere la verborragia sorpresiva, más parecido a sondeos para medir la respuesta de aliados y contrarios que si la reacción es débil es el comienzo de próximos avances, pero si fuera un rechazo contundente, optan por abandonar o postergar la cuestión. Pero todo enfrentamiento interno, para ser tal, necesita de una negación y este choque lo ha tenido. Fue Navarro quien negó que esté peleándose con Musk debido al alza de aranceles. No una sola vez: en una entrevista que le hiciera Fox News sobre los comentarios de Musk y una eventual “ruptura” entre ambos, Navarro respondió: “no hay ninguna ruptura aquí”.
Y agregó: “Elon, cuando está en su carril DOGE, es genial”; es que Musk “vende autos” y está “simplemente protegiendo sus propios intereses” al oponerse a los aranceles de Trump, “como lo haría cualquier persona de negocios”.
Inesperadamente, Trump recordó que Musk dejaría pronto su posición en el gobierno, ya que el tipo de contratación por la que se vinculó a la Casa Blanca tiene un tope de 365 días. Y para ello faltan unos 125 días.
Trump también adelantó que el Departamento de Eficiencia Gubernamental continuaría a cargo de secretarios del gabinete y, en principio, no habría un sustituto que reemplazara a Musk en tan difusa labor.
Nuevos capítulos
Ahora Trump lanzó una nueva acción: aumentar los aranceles a productos estadounidenses al 50% si no se llega un acuerdo con la Unión Europea. Es que en su concepción, la Unión Europea es una institución creada con único fin de “tomar ventaja de Estados Unidos en el comercio”. Dicho de otro modo, los países europeos que durante ocho décadas fueron sus aliados comerciales e ideológicos, ya han perdido esa condición.
Por ello, las propuestas de la Comisión Europea para una reducción mutua de aranceles es insuficiente. Es que con los aranceles Trump pretende recaudar para atacar los déficits fiscales y comercial de Estados Unidos.
Pero hay un elemento clave para dimensionar adecuadamente la importancia de los aranceles, que es esencialmente, recaudatoria. En efecto, la recaudación que se recogerá con los aranceles es imprescindible para controlar y estabilizar el precio del dólar y así equilibrar las finanzas. Es la apuesta mayor para que Estados Unidos se aleje del precipicio. La cuestión, adicionalmente, es que una crisis parecida enfrenta la Unión Europea.
Presupuesto en vías de aprobación
“Lo antes posible” es la nueva consigna de Trump. Es el grito que convoca a los senadores para que den aprobación a la Ley Presupuestaria. En su votación en una y otra cámara la ley podría sufrir algunas enmiendas. Si así fuera, el proyecto debería regresar a la cámara baja para una nueva aprobación.
Los electores de Trump tienen en la mira esta importante Ley presupuestaria pues incluye un capítulo fundamental de la propuesta electoral: una fuerte rebaja de impuestos que, obviamente habrá de aumentar el déficit y la deuda en un momento de preocupación y tensión, en el que los inversores alertan por severa crisis fiscal.
Se anuncian correctivos para lograr la aprobación: recortes sanitarios, reducción de los créditos fiscales a las energías renovables. La reducción, solamente, para el programa Medicaid será de 700 mil millones de dólares. Además, se reducen en casi 9 millones los beneficiarios y luego los estados asumirán el 5% del costo del programa y el 75% de los costos administrativos.
¿Cómo se llama esto?
Mientras la correntada trumpista intenta arrasar con todo lo que significa estado y políticas públicas, la contracara es la esencia misma de la hipocresía de los postulados del propio Trump y sus más cercanos, entre ellos, Elon Musk. Sí, el mismísimo Musk que lidera una reducción general del gasto federal y predica a favor de la desregulación de las agencias de control gubernamental. De acuerdo con una investigación del The Washington Post, como fue señalado, Musk ha recibido unos 38 mil millones de dólares, lo que en momentos de crisis dio estabilidad a sus empresas. Solamente SpaceX recibió 15 mil millones de dólares.
Musk es uno de los mayores beneficiarios de dineros públicos cuyo origen son recaudación, es decir, dinero de los contribuyentes. El origen de esos 38 mil millones de dólares son contratos gubernamentales, préstamos, subvenciones y créditos fiscales.
A Tesla y SpaceX, se suman sus otras empresas, SolarCity, la giga fábrica de baterías de Nevada. Los 52 contratos activos con la NASA, el Departamento de Defensa, la Administración de Servicios Generales. En el análisis del diario de la capital estadounidense, se agrega el comentario del profesor John Helveston, de la Universidad George Washington, que señalaba que “Tesla ha sido impulsado por subsidios y financiamiento público”, lo que “hace que la retórica de Musk contra las ayudas gubernamentales resulte, por lo menos, contradictoria”.
Así, Musk no sería solo el empresario más rico del planeta, sino uno de los mayores beneficiarios del gasto público en Estados Unidos, el mismo que ahora promociona recortar.
Un producto de la siembra de Trump, y de esta hora, con una veta inmensa tartufiana.

