Si te ha pasado y aún te sucede, en el espacio de hoy te voy a hablar del fenómeno del estrés.
La palabra estrés tiene su origen en el latín stringere que significa provocar tensión. Cannon en 1932, desarrolló el concepto de estrés como una reacción de huída, como una respuesta automática de todo organismo ante una situación percibida como amenazante que pone en peligro la homeostasis del individuo, es decir, su equilibrio.
Selye por otro lado, expresa que es un modelo de reacción del organismo sin el cual el ser humano no puede vivir.
Alarma- Resistencia- Agotamiento
Existen ciertas reacciones que tiene una persona frente a un estímulo dañino ubicado en tres etapas:
Alarma: es la primera reacción donde aparecen los síntomas fisiológicos: aceleramiento del ritmo cardíaco y elevación de la presión arterial, etcétera.
Resistencia: la persona “acepta” lo que le está pasando y los síntomas anteriores logran mejorar o desaparecen, es decir, se va acostumbrando y puede encontrar soluciones para enfrentar la realidad.
Agotamiento: es cuando un suceso estresante o varias frustraciones se presentan en la vida de manera prolongada o muy severa, los síntomas reaparecen y el cuerpo se doblega ante dichas circunstancias apareciendo las tensiones en todo el cuerpo y algunas enfermedades.
¿Te has identificado en alguna de estas fases?
Si es así, es muy probable que el estrés prolongado influya significativamente en tu vida impactando en tu bienestar físico, emocional y psicológico.
En consulta observo a personas poco creativas o nada motivadas cuando están bajo altos niveles de estrés, además de poca posibilidad de adaptación a los cambios.
Factores que inciden en el individuo
Su ambiente cotidiano, por ejemplo: el estrés laboral, la situación económica, la disponibilidad de apoyo de otras personas, amigos, familiares, los que están o no cuando más los necesitamos.
La personalidad, percibir la vida de una manera ajustada a la realidad, la salud física y mental. Tener una enfermedad crónica o ataques de pánico influyen en el desarrollo del estrés.
Los síntomas generales
Dolor de cabeza, dificultades para conciliar el sueño o despertar varias veces en la noche, acidez, náuseas, irritabilidad, dolor en el pecho, contracturas en la espalda, cuello, micciones frecuentes, fatiga crónica, crisis de angustia, comer en exceso o no querer comer, diarrea, estreñimiento, trastornos de la respuesta sexual, etcétera.
La personalidad y la relación con el estrés
Existen rasgos o elementos de las personas que pueden predisponer la aparición del estrés: personalidad tipo A y B.
Las tipo A, tienen un estilo de vida caracterizado por la presión, la rapidez y la tensión. Modelos de vida modernos: “corren de un lado a otro”, pueden ser impacientes, irritables, hiperactivos, cambiantes, competitivos, “adictos al trabajo”.
Las del tipo B tienen menos niveles de exigencia respecto de sí mismos y su entorno, se los percibe como tranquilos, pacientes. Estas personas presentan una menor tendencia a ser afectados por el estrés.
Estrategias para afrontar el estrés
Relajación muscular, ejercicios de respiración, actividad física, un masaje, escuchar música tranquila, meditación, yoga, danza, un paseo por la naturaleza para desconectar. Realiza una dieta tecnológica, esto es lograr desconectarte de redes sociales y tu celular por al menos media hora cada día, que luego puedes ir incrementando el tiempo.
Ejercicio mental
Identifica una situación problemática en tu vida, describe las formas habituales de reaccionar ante esas situaciones.
Luego realiza una lista de posibles alternativas y observa las consecuencias que podrías tener. Si es posible actúa, la postergación no es buena consejera.
Si actuamos diferente obtendremos resultados diferentes.
Parece algo obvio pero muchas veces no somos del todo conscientes de nuestras formas de actuar, de lo que nos perjudica y lo que nos favorece.
Te animo a que realices estos pequeños cambios en tu vida para lograr vivir con más consciencia, control, armonía y tranquilidad.( 097352937)


