“La receta ya la tenemos, es invertir más y cooperar sin pudores”

El director de Ceres, Ignacio Munyo, visitó Paysandú para disertar sobre el rol del Estado, la urgencia de atraer inversiones y el valor de la cooperación público-privada. Alertó sobre los riesgos de la geopolítica, el estancamiento brasileño y llamó a aprovechar oportunidades como el mercado japonés.

“No hay que inventar nada: es cooperación entre ciencia y empresa. El Estado tiene que dejar de trancar”, fue uno de los mensajes más contundentes de este economista, director del Centro de Estudios de la Realidad Económica y Social (Ceres), en su paso por Paysandú. Invitado por el Centro de Estudios Paysandú, Munyo brindó una conferencia en la sala 1° de Julio de EL TELEGRAFO titulada “El Estado al servicio de personas libres”, en la que analizó el contexto económico local e internacional y apuntó a las claves que, a su juicio, permitirían reactivar el crecimiento uruguayo.

Cooperación sin complejos

“La receta ya la tenemos. No hay que inventarla”, insistió Munyo ante un auditorio atento integrado por empresarios, políticos –entre ellos, la intendente Nancy Núñez y el diputado Walter Verri–, estudiantes, y público en general. “Es la cooperación entre ciencia y empresa con un producto que se quiera vender, y no está mal que se quiera vender. Hay que sacarse pudores y nostalgias de que la universidad va por un lado y la empresa por otro. Tienen que estar juntas”, subrayó.
El economista remarcó que Uruguay cuenta con experiencias concretas que ya aplican este modelo de articulación, incluso en Paysandú. “Lo primero es ser conscientes de que el camino va por ahí, después cuidarlo, incentivarlo y hacerlo crecer”, indicó.
Además, subrayó la necesidad de superar trabas burocráticas y fomentar un Estado más facilitador. “Hay que tener un Estado que no tranque, que pone recursos y confía en las personas. Lo vi en Illinois, donde hacen cooperación público-privada sin complejos. Nosotros podemos hacer lo mismo”, dijo Munyo en relación también a un reciente viaje a Estados Unidos.
“No se puede crecer sin inversión, y no se puede invertir si el Estado no habilita, si la ciencia no se conecta con la empresa, y si seguimos con miedo de competir en el mundo”, aseveró.

Un país que necesita invertir 3.200 millones por año

Uno de los ejes centrales de su intervención estuvo enfocado en la necesidad de aumentar significativamente la inversión para que Uruguay crezca de forma sostenida. Munyo recordó que el Ministerio de Economía se ha fijado como meta alcanzar un nivel de inversión equivalente al 20% del PBI, frente al 16% actual.
Eso significa movilizar 3.200 millones de dólares adicionales cada año, lo que, comparó, equivale a “una planta de UPM con ferrocarril central incluido, todos los años”.
“Ya se marchó medio año y no llevamos ni 200 millones. El año que viene hay que empezar de cero. En las condiciones actuales, es una utopía”, advirtió.
También explicó que parte importante de ese desafío no depende únicamente del país, sino del contexto internacional. Con tasas de interés cercanas al 5% en Estados Unidos, resulta más difícil atraer inversiones hacia economías como la uruguaya. “Es mucho más tentador dejar la plata quieta que arriesgar en proyectos productivos”, dijo, aunque se mostró “moderadamente optimista” respecto a una posible baja de tasas hacia mediados de 2025.

China, Estados Unidos y los errores no forzados

Munyo advirtió sobre los riesgos de enviar señales geopolíticas contradictorias que puedan perjudicar los intereses comerciales de Uruguay. Señaló que Estados Unidos representa actualmente el principal destino de los servicios informáticos y profesionales uruguayos, y que existen contratos sensibles con el sector público de ese país.
“El problema no es venderle soja a China. El problema es anunciar un tratado de libre comercio con China cuando eso es inviable y puede perjudicar seriamente nuestra relación con Estados Unidos y Europa”, afirmó.
Indicó que sectores estratégicos como ciberseguridad, defensa o telecomunicaciones son monitoreados con lupa desde Washington. “No debemos cometer errores no forzados. Hay sectores donde alinearse con China puede traer represalias, aunque no se vean en los titulares”, señaló.

Una ventana abierta en Japón

El director de Ceres destacó como gran oportunidad de inserción internacional la misión de promoción comercial que Uruguay realizará en junio en Osaka (Japón). “Tenemos que aprender a vender lo que somos: un país pequeño, serio, con trazabilidad y confiabilidad. Japón está dispuesto a pagar por calidad. A eso tenemos que apuntar”, dijo.
Reconoció que Uruguay, estructuralmente, “va a seguir siendo un país caro”, por lo que “la salida es exportar calidad, diferenciación, no precio”.

Brasil: más problemas que soluciones

Al analizar la coyuntura regional, Munyo se mostró tajante respecto a Brasil, principal socio comercial del país: “No va a traccionar como comprador”. La economía brasileña enfrenta estancamiento, inflación persistente, tasas de interés elevadas y una baja popularidad del presidente Luiz Inácio Lula da Silva, factores que afectan directa e indirectamente a Uruguay.
La diferencia cambiaria con Brasil es comparable a la de la crisis de 1999. “Es un problema grave para nuestras exportaciones, y no hay perspectivas de que Uruguay corrija eso con un dólar más alto, porque hay un compromiso con llevar la inflación al 4,5%”, explicó.

Argentina, otra historia

A su vez, advirtió sobre los riesgos que representa la situación argentina al sostener que “algo muy diferente está pasando con la Argentina”. “No porque nosotros hayamos cambiado, sino porque Argentina fue la que se encareció y ha cerrado este diferencial de precios”, dijo. Según explicó, la tradicional diferencia cambiaria entre ambos países se ha desdibujado: “Estamos en niveles promedio de paridad en la canasta promedio de bienes y servicios; vale más o menos lo mismo en Uruguay que en Argentina”.
Este fenómeno –remarcó– ha tenido consecuencias positivas para algunas regiones fronterizas. “Obviamente, dependiendo de cada rubro y cada sector, pero eso ha sido una buena noticia en el último año. Afirmó el turismo de conversión, ha traído una temporada de verano muy buena y ha puesto un piso de cara a 2025. Pero es algo exógeno, que viene exclusivamente porque Argentina se encareció y dejó de ser barata para Uruguay”.
Respecto al panorama argentino, Munyo graficó: “Argentina está subiendo una escalera. Está muy abajo, está mejorando, pero todavía no pudo subir ni siquiera el primer escalón, que es el de la estabilidad macroeconómica. Un escalón que Uruguay ya está arriba”. El economista señaló que, si bien el gobierno de Javier Milei ha hecho un fuerte ajuste fiscal, algo clave, el camino hacia una estabilidad duradera dependerá de superar “una carrera de vallas políticas” durante 2024.

Uruguay sin viento a favor

Pasando al plano local, Munyo indicó que el crecimiento de Uruguay se encuentra estancado en ausencia de factores externos positivos. “No hay señales de un viento a favor ni de un viento en contra hacia la economía del país. Y lo que muestra la evidencia de los últimos 40 años es que cuando no hay viento a favor ni viento en contra, el promedio de crecimiento de Uruguay es 1%”.
Ese bajo dinamismo estructural pone en evidencia la necesidad de activar el crecimiento por vías internas. Y allí el principal problema es, para Munyo, el Estado. “Tenemos un sector público que está bien orientado –no se discuten ya grandes cambios de rumbo–, pero el problema es la ejecución. El Estado se volvió un obstáculo, lamentablemente, un obstáculo demasiado alto para el avance de inversiones y del sector productivo”, afirmó.

Cuatro reformas

Desde Ceres, Munyo planteó cuatro áreas clave de reformas que, a su juicio, deben abordarse con urgencia para destrabar el potencial económico del país:
Revisión profunda del gasto público: “Uruguay tiene un problema grande a la hora de hacer el presupuesto. No hay tiempo real para revisar a fondo el gasto. Nosotros hicimos un trabajo durante todo el año pasado con inteligencia artificial y ahora desarrollamos un sistema para ver las multiplicaciones de objetivos y tareas dentro del Estado”.
Puso como ejemplo las áreas de vivienda, apoyo a PYME y primera infancia, donde hay decenas de oficinas superpuestas: “Se duplican recursos, pero lo peor es que se diluyen responsabilidades. El diagnóstico está hecho, hay que ponerle el cascabel al gato”.
Reforma de la carrera administrativa y de los incentivos del funcionariado: Munyo recordó que el gobierno anterior dejó votado un articulado en la rendición de cuentas para reformar los incentivos del capital humano del Estado, pero “desde que asumió este gobierno no se ha dicho ni una sola palabra al respecto”. Subrayó que los funcionarios tienen “incentivos para hacer poco y mal, y no mucho y bien”, lo cual no es culpa individual, sino del sistema en el que trabajan. Ingreso de talento externo al Estado: “No alcanza sólo con arreglar los incentivos actuales. Hay que traer una inyección de afuera. Nosotros hablábamos de conseguir al menos 100 personas del sector privado que puedan reubicarse estratégicamente dentro del Estado con remuneraciones competitivas”, señaló.
Recordó que esto ya se había hecho en los años de 1990 con los “cargos de alta especialización” creados por ley, pero lamentó que esa figura fue desvirtuada en 2005 al incorporarse al escalafón general, “anulando los incentivos que hacían viable atraer talento”.
Simplificación normativa: “Uruguay está infectado de un virus que hay en muchos países del mundo: el exceso de regulaciones. Tenemos el mismo nivel de carga regulatoria que Europa, donde el diagnóstico es que la economía está muerta por la sobrepoblación normativa”.
Munyo anunció que Ceres está trabajando junto con empresarios para identificar leyes, decretos y normativas departamentales “que no tienen por qué estar, o ya no tienen sentido, o están mal hechas”. En el próximo desayuno de Ceres, el 3 de junio, se presentará una primera lista con cerca de 200 normas que, según el sector privado, están trancando inversiones y deben modificarse.
“Estamos convencidos de que no hay simplificación normativa sin el sector privado. Es el sector privado el que sabe qué es lo que está trancando. Los que están del otro lado del mostrador muchas veces no lo saben”, concluyó Munyo.