Sostener el esfuerzo

La siguiente frase se extrae de una entrevista realizada por el periodista Jorge Balmelli con el actor César Troncoso —que viene de hacer el personaje del Tano Favalli en la exitosa adaptación de la historieta El Eternauta para la plataforma Netflix— en el podcast AlWeso, y permite comprender ciertas lógicas de la industria audiovisual, un sector cuyas dinámicas en general desconocemos.
“El privado internacional, como las plataformas que están llegando a estos lados a realizar sus proyectos y que nos dan tanta vida y nos dan tanto laburo, llega porque los profesionales están capacitados. No es tarea del privado que llega capacitar a la gente para que pueda trabajar con ellos, lo que esa gente hace es usar a las personas que saben hacerlo en el territorio al cual van. ¿Y eso cómo se consigue, en Argentina cómo se consigue que un director sea un director tan interesante para una plataforma como para que la plataforma lo convoque? Permitiéndole hacer películas. Y las primeras películas de repente las tiene que financiar alguien más. Y quién es que financia eso: el Estado. Vos no tenés por qué poner fábricas en no sé dónde, pero sí tenés que hacer la caminería para que el tipo se interese en poner la fábrica después. Hay parte del camino que lo hace el Estado. Y es razonable, porque hay una devolución después. No es esa cosa de yo no pongo plata. No estás poniendo plata, estás anticipando dinero para que el tipo después genere un proyecto en coproducción con vaya a saber quién y te ingrese más guita de la que pusiste. No estás regalando plata. Estás trabajando para una economía nacional”.
La pregunta del entrevistador aludía más a la situación de la República Argentina, donde el Estado ha quitado algunos de los apoyos oficiales al sector audiovisual y si bien no desapareció el Incaa, Instituto Nacional de Cine Argentino, en los hechos ha dejado de financiar realizaciones, es decir, siguiendo la lógica planteada por Troncoso, el Estado ha dejado de apostar al sector. Esto seguramente incida de alguna manera en la producción audiovisual uruguaya, porque muchas realizaciones nacionales se concretan en coproducción internacional y Argentina siempre ha sido un gran aliado, aunque tampoco ha sido el único. En contrapartida, Uruguay durante el anterior gobierno redobló la apuesta que el país hacía y además se vio favorecido por las condiciones más flexibles con que en general se afrontó la pandemia, lo que permitió que en determinado momento fuese el único país en la región en el que se estaba rodando. Pero eso es historia, y este partido no se juega en esa cancha sino mirando hacia adelante.
En Paysandú desde hace algunos períodos de gobierno se viene haciendo apuestas para incursionar en el mundo audiovisual. Lógicamente que de forma tímida y con los recursos que las condiciones permiten, pero se han logrado sostener ámbitos de formación de jóvenes que se interesan en participar en el sector. La Intendencia lleva adelante un programa de Formación Profesional Audiovisual que tiene el objetivo declarado de “Fortalecer competencias del sector audiovisual para la transformación digital a través del desarrollo de formaciones, investigaciones, relevamiento y registro de activos del sector” y que cuenta con un aporte significativo de parte del Instituto Nacional de Empleo y Formación Profesional (Inefop), de cuatro millones de pesos y una contrapartida comunal que permite alcanzar los algo más de cinco en total que supone el programa.
De nuevo, apelando a la lógica implícita en la frase de Troncoso, es necesario hacer algo más que formar a los futuros profesionales en la teoría. Es necesario trabajar, salir a la cancha, sostener la apuesta para que empiece a dar frutos.
El Proyecto Paysandú Audiovisual estuvo en diciembre del año pasado en Ventana Sur, el mayor mercado audiovisual de Latinoamérica, por un convenio que se suscribió con ACAU, la Agencia del Cine y el Audiovisual del Uruguay —es, junto a Montevideo y Treinta y Tres una de las tres Intendencias que lo tienen—. Allí estuvo con un estand propio en el que se presentó un video con posibles locaciones en Paysandú e información sobre eventuales realizaciones audiovisuales, según describía entonces en una entrevista con EL TELEGRAFO la responsable del proyecto, Rafaela Gómez.
Lo que hay que tener presente es que se trata de un camino largo y aunque el éxito no está garantizado de ninguna manera, la única forma de acercarse es sostener la apuesta que se ha hecho y tratar de seguir dando pasos hacia adelante. El primer año que la Intendencia de Paysandú impulsó un proyecto audiovisual se realizó un festival de cine en el Espacio Gobbi. Quizás eso fue anticiparse demasiado, porque ese esfuerzo no se pudo sostener —y se puede medir hoy como un paso atrás—. Pero hay otro trabajo, un esfuerzo de gestión que sí se puede hacer para acompañar esta formación de profesionales para el sector, no digamos que una agencia, o una oficina, pero al menos sí tener a alguien que se encargue de salir a jugar el partido, de contactar productoras para invitarles a mirar hacia Paysandú, de ofrecer si no un compromiso de inversión, al menos facilidades —alojamientos, traslados, locaciones y varias otras formas de apoyo— que no supongan un gasto directo, así como estar al pendiente de las posibilidades que surjan —si ir más lejos se abre en estos días ACAU abre un llamado para coproducciones con Brasil—.
Incursionar en un sector que es completamente nuevo implica hacer un esfuerzo muy importante sin ver resultados en el corto plazo y todo esto planteado en términos relativos, porque ya se acerca a la década desde que empezó esta apuesta y porque ese esfuerzo muy importante lo es en términos de lo que destinan las intendencias, pero en realidad son montos insignificantes para los que se maneja en la industria.
Teniendo esto claro, la apuesta hoy consiste en sostener la formación de recursos, procurar que empiecen a trabajar, confiar y tener paciencia.