Uruguay, en la delgada línea entre la estabilidad y el estancamiento

En medio de un escenario regional marcado por volatilidades cambiarias, riesgos fiscales crecientes y expectativas inflacionarias persistentes, Uruguay continúa destacándose por la solidez de su perfil soberano. Según el más reciente informe del Banco Central del Uruguay (BCU) sobre riesgo soberano, perspectivas macroeconómicas y del sistema financiero en 2024, divulgado el pasado 30 de abril, el país mantiene una calificación crediticia de grado inversor por parte de las principales agencias internacionales –Fitch, Moody’s y Standard & Poor’s– y conserva uno de los niveles de riesgo país más bajos de América Latina, medido a través del índice EMBI+. Esta relativa calma financiera, sin embargo, convive con tasas de crecimiento moderadas y desafíos estructurales que empiezan a ganar peso en el análisis económico de mediano plazo.
El documento, compuesto por indicadores de mercado, curvas de rendimiento, proyecciones de organismos multilaterales y estadísticas demográficas, retrata a Uruguay como una economía estable, con instituciones sólidas y un sistema financiero predecible.
La tasa de política monetaria, ubicada en 9% en abril, si bien muestra una leve baja respecto a su máximo de 11,5% en 2023, se mantiene entre las más altas de la región. Esto refleja, dice el reporte, el compromiso del BCU con el control inflacionario, pero también impone restricciones al consumo y a la inversión. En paralelo, las proyecciones de crecimiento del PBI elaboradas por el FMI para 2024 y 2025 sitúan al país en un sendero de expansión moderada, lejos de las tasas dinámicas de otros emergentes.

Una isla con buena nota

En el complejo ajedrez de la calificación soberana, Uruguay se sitúa entre los pocos países de América Latina que preservan un grado inversor consolidado. Las agencias calificadoras como Fitch, Standard & Poor’s y Moody’s coinciden en mantener al país en el rango de BBB, lo cual, en términos prácticos, significa que Uruguay no sólo es confiable, sino predecible, aunque eso no siempre sea sinónimo de atractivo.
Mientras gigantes regionales como Argentina arrastran un riesgo país superior al 2.000%, y Brasil lidia con tensiones fiscales recurrentes, Uruguay flota por debajo del 200% en el índice EMBI+, medido por J.P. Morgan. Este diferencial de tasas con respecto a los bonos del Tesoro estadounidense refleja la percepción de riesgo soberano: cuanto menor el spread, menor el riesgo.
Esta diferencia no es casualidad, asevera el texto del BCU, sino el resultado de una política fiscal rigurosa, una institucionalidad sólida y una economía abierta pero cautelosa. Sin embargo, el precio de esta estabilidad es visible en el bajo dinamismo económico, especialmente si se compara con economías emergentes que crecen a tasas más aceleradas, aunque con mayor volatilidad.

Las tasas, una espada de doble filo

Uno de los ejes más visibles del informe del BCU es la trayectoria de la tasa de política monetaria. Desde el pico de 11,5% en 2023, el Banco Central ha comenzado un ciclo de flexibilización, que ha llevado la tasa a 9% en abril de 2024. Aun así, sigue siendo una de las más altas de la región, por encima del promedio en dólares y considerablemente superior a las tasas de referencia de economías desarrolladas.
¿El objetivo? Contener una inflación que, si bien cedió desde los picos pandémicos, aún se mantiene en el entorno del 6% anual. Pero la contracara de esta política monetaria contractiva es una ralentización del consumo interno y una inversión privada que muestra signos de cautela.

Perspectivas grises para el crecimiento

Las proyecciones del Fondo Monetario Internacional para América Latina y el Caribe, también citadas en el informe, no son alentadoras. Para 2024, se estima un crecimiento promedio del 2,1% en la región, con Uruguay dentro del margen más bajo, apenas por encima del estancamiento. Si bien la economía uruguaya logró sortear crisis regionales e incluso captar inversiones en sectores estratégicos como energías renovables, tecnología y agronegocios, la economía muestra señales de fatiga.
A ello se suma la presión de una pirámide demográfica envejecida –tema que el informe sugiere al detallar la estructura por tramos de edad de los afiliados al sistema previsional– y la creciente demanda de sostenibilidad fiscal en un contexto donde el gasto social no puede reducirse sin costos políticos.

Curvas que hablan

Las curvas de rendimiento de los títulos soberanos en UI, pesos y dólares muestran un perfil de país maduro en términos financieros. A diferencia de mercados más volátiles, donde la curva suele ser invertida o errática, Uruguay exhibe una curva ascendente y razonablemente predecible. Esto significa que los inversores exigen mayores rendimientos a medida que aumenta el plazo de los títulos, pero no en forma abrupta, lo que habla de confianza sostenida. Lo mismo puede decirse del comportamiento del mercado monetario, donde la tasa de interés a un día sigue de cerca la política del BCU, sin sobresaltos ni desalineaciones significativas.