El tiempo ha cambiado

El 23 de agosto de 2005 muchas cosas cambiaron en el Uruguay. Aprendimos conceptos nuevos, como Ciclón extratropical, y lo aprendimos de la peor forma, cuando un episodio de este tipo golpeó fuertemente el área metropolitana, ocasionando severos daños y la muerte de varias personas —la cifra cambia según la fuente que se consulte entre 8 y 10, y un artículo en Wikipedia habla de 26—.

Ese día los fuertes cuestionamientos hacia la falta de capacidad de predecir este tipo de fenómenos dieron lugar a una serie de cambios tendientes a la modernización de la vieja Dirección Nacional de Meteorología, que pasó a ser el Instituto Uruguayo de Meteorología. También nació a partir de ese episodio el sistema de alertas que hoy conocemos, e incluso el Sistema Nacional de Emergencias (Sinae), que se había empezado a proyectar en la década de los años ‘90, tuvo en ese desastre el empujón que hacía falta para su desarrollo.

En estos 20 años los cambios han sido notorios, hoy podemos saber con muchos días de antelación el próximo episodio de lluvias y el advenimiento de condiciones extremas, como las que afectaron al país en los últimos días. Por ello es más injustificable que no se hayan tomado con antelación decisiones que a la postre se tomaron que permitieron preservar la vida de muchas personas seguramente, pero que para otras llegaron simplemente tarde.
Pero volvamos a la meteorología, que es el tema hoy de esta página, en una ceremonia efectuada el pasado 19 de junio la Organización Meteorológica Mundial entregó su reconocimiento anual, el premio IMO, al profesor alemán Gerhard Adrian, expresidente del Servicio Meteorológico Alemán (DWD) y expresidente de la OMM, en mérito “a sus destacadas contribuciones a la meteorología”.

En su discurso, al recibir el reconocimiento, el investigador afirmó que “los vastos avances de la previsión meteorológica numérica en las últimas cinco décadas han superado todas las expectativas, lo que ha llevado a mejorar las advertencias y servicios a la sociedad y sentando la base para futuros avances en una era de Inteligencia Artificial”. Adrian agregó que “la calidad de las previsiones en un rango de una semana hoy es tan buena como la previsión de un rango de un día hace 50 años” y señaló que este progreso fue inesperado para él, en la medida que cuando terminó la universidad en 1975 “la pregunta científica era si las previsiones meteorológicas más allá del segundo día eran posibles”.
El nombre del premio IMO, refiere a la predecesora Organización Meteorológica Internacional y se considera el equivalente a un premio Nobel para meteorólogos. Fue establecido en 1955 y simboliza los avances que se han hecho en meteorología a lo largo de los años.

Al frente del servicio meteorológico alemán, DWD, Adrian “fomentó la integración de la investigación y las operaciones, priorizó los servicios climáticos, y defendió la innovación”, sin perder de vista la dimensión humana de su cometido.
Ahora bien, si es que los sistemas predictivos han mejorado tanto, por qué necesitamos de un Inumet, cuando con apenas poner un dedo en la pantalla se puede tener la información que se necesita. La respuesta es que hay muchas razones para tenerlo. La primera de ellas es una cuestión de soberanía, tener datos propios y disponer de ellos para todo lo que se desee nunca va a ser lo mismo que depender de una entidad externa. Y es que no se trata solamente de pronosticar si mañana estará soleado o si habrá más o menos viento, la labor de quienes trabajan en el instituto es también investigar las características del clima y las perspectivas a mediano y largo plazo. Buen ejemplo de ellos son las jornadas meteorológicas que en los últimos años han comenzado a organizar para presentar investigaciones sobre el clima uruguayo; y sí, en el corto plazo, en caso de ser necesario, por ejemplo frente a fenómenos extremos, aportar la información necesaria para que las autoridades tomen las decisiones que haya que tomar. Pero claro, para que ese esquema funcione el instituto debe contar con los recursos necesarios para cumplir su cometido.

Uno de los actores fuertes del segmento meteorológico lo conocimos en ese mismo temporal de agosto de 2005, el observatorio brasileño Metsul, que fue el único que “acertó” al anunciar los fenómenos extremos que se produjeron aquella noche, que en el año 2013 protagonizó un cruce con el gobierno de nuestro país por algunas críticas formuladas desde el ámbito de Presidencia de la República. En ese momento se generó un debate que se podría sintetizar entre meteorólogos públicos y meteorólogos privados, que se disputaban la preferencia de la opinión pública uruguaya. Hoy hay muchos servicios a los que acudir y cada uno tiene el suyo de cabecera que considerará más infalible.

Como en tantos otros ámbitos, la meteorología está viviendo su propia revolución de Inteligencia Artificial. La misma Metsul, que está ofreciendo a sus suscriptores acceso a la información generada mediante esta tecnología, indica que mientras que los modelos tradicionales se basan en leyes físicas y simulaciones numéricas, la IA consigue identificar patrones sutiles en grandes volúmenes de datos, lo que permite que ambos métodos se complementen. Más allá de eso, la IA está siendo aplicada en áreas como la reducción de la incertidumbre, en la mejora de la precisión de previsiones en lugares con pocos datos históricos y en análisis de extremos, al identificar eventos raros e intensos, como ciclones y tempestades severas. A la postre se trata, más que de inteligencia, de la capacidad de procesar volúmenes enormes de datos, y en eso consiste la meteorología, básicamente.

Que el Estado uruguayo se toma sus tiempos, no es novedad para nadie. En el mes de setiembre del año pasado Inumet anunció con gran entusiasmo la licitación para adquirir una serie de radares meteorológicos que se van a instalar en el terreno, en concreto en las localidades de Ismael Cortinas (Flores) y Pirarajá (Lavalleja) con el objetivo de “mejorar la red de monitoreo y avanzar en la precisión de pronósticos y vigilancia meteorológica”. Al día de hoy no han surgido novedades sobre esta adquisición, que ya de por sí llevaba bastantes años de retraso. Este tipo de instrumental es el que se viene reclamando desde antes incluso de agosto de 2005, y no es que nos vayamos a poner ansiosos, pero de aquí a dos meses se van a cumplir 20 años y los radares dichosos siguen siendo una aspiración.