Ya nadie puede dudar que los magnates de la tecnología son, hoy por hoy, las personas más ricas de la tierra. Pruebas de ello sobran y no voy a enumerarlas aquí. Entonces, en la película Mountainhead, cuatro de ellos se reúnen en una casa en las montañas para pasar un fin de semana relajado y alejados de todo el mundo.
Pero cuando hablamos de gente que posee miles de millones de dólares en sus cuentas bancarias, nada de lo que pueda suceder cuando se juntan va a ser “normal”.
Y no lo es. Más que nada por dos cosas; momentos antes de reunirse con sus amigos, uno de ellos lanza una nueva aplicación al mundo con la cual es imposible saber cuáles noticias son verdaderas y cuáles no. Claro, podrá decir cualquiera, ahora pasa algo parecido, pero de “algo parecido” a algo que realmente es imposible de verificar, hay un paso muy grande. ¿La consecuencia? El mundo se vuelve un caos, principalmente el tercer mundo, como siempre.
La otra razón que convertirá la situación en límite es que uno de ellos no quiere hacer negocios con los otros tres para –en palabras del inolvidable ratón Cerebro– “dominar el mundo”, justo cuando este está en una espiral de violencia y atentados, o sea, cuando es el momento ideal para aprovecharse de lo que sea.
Bueno, ¿qué tenemos aquí? ¿Una comedia? Podría vérsela por ese lado. Después de todo tres de los intérpretes se han hecho famosos por sus trabajos en ese género, o sea, Steve Carell, Jason Schwartzman y el menos conocido Ramy Youssef. El cuarto es Cory Michael Smith, que no es un comediante precisamente, pero que aquí se mueve como pez en el agua con una interpretación tan fría como vulnerable. Además, si vamos más lejos, el director Jesse Armstrong también viene de la comedia, así que todo parece encajar. Pero despacito por las piedras.
Como bien sabe el que ha visto comedias con un ojo atento, muchas veces el humor sirve para decir cosas más fuertes y más profundas que el mismo drama y aquí hay más de eso que de risas. No es que falten los momentos graciosos, pero tienen una base tan terrible que ni siquiera se los puede catalogar como humor negro, es otra cosa, otro plano del clima que busca el filme. Por esa razón muchos podrán ver a Mountainhead como una película extraña, un híbrido entre el drama, la comedia y el retrato crudísimo de la tecnocracia que nos domina. Pero hay que hacer una salvedad que vuelve a la película en una muy recomendable: todo funciona.
No es que se quede a medio camino ni en la efectividad del humor, ni de lo dramático, ni del panorama aterrador de gente que, por tener mucho, pero mucho, dinero, piensa que puede hacer literalmente cualquier cosa.
El monólogo de Schwartzman que siente lástima de sí mismo por ser “el multimillonario más pobre”, la genial (otra más) actuación de Carell con un personaje que guarda un secreto que ni el dinero puede solucionar, la ya citada de Cory Michael Smith y la del mismo Youssef, que salta del stand-up a la actuación sin despeinarse, son todas dignas de una película como es Mountainhead.
Ellos son brillantes y la película los contiene y aprovecha de la mejor manera. El equilibrio que consigue el director Armtrong entre todos los elementos que se cruzan es para sacarse el sombrero. No descuida ninguno y todos tienen su peso.
Sin olvidar que está hablando de gente que no tiene ni por asomo las preocupaciones que tenemos todos, sino otras que también los llevan a momentos de fragilidad que los humanizan y demonizan por partes iguales.
No en vano el director es también uno de los credores de la gran serie Succession, donde también se retrataba crudamente las fragilidades de los más poderosos y la conciencia terrible, de uno y otro lado, de pertenecer a la misma especie de seres tan lejanos pero que conviven con ellos en el mismo tiempo y lugar.
Fabio Penas Díaz
