Son los temas que trata el escritor, periodista y profesor de literatura, Amos Oz, en su novela autobiográfica “Una historia de amor y oscuridad”. Novela que encontré en el IFD, donada por la Embajada de Israel, hace unos años. Amos Oz es uno de los más importantes escritores contemporáneos en hebreo. Fue autor de más de 40 libros, entre novelas, cuentos y ensayos.
Nació en Jerusalén, en 1939, cuando la ciudad aún se hallaba bajo mandato británico, y falleció en Tel Aviv, Israel, en 2018.
Dice el Semanario Universidad: Hijo de una familia de emigrantes rusos y polacos, creció en un hogar que soñaba con un Israel fuerte e independiente, donde los judíos ya no serían un pueblo humillado, acosado y exterminado. La expectativa del regreso a la Tierra Prometida convivía con la pasión por los libros. No es extraño que un hijo del pueblo del Libro (la Biblia), deseara desde la niñez ser libro. “No escritor, sino libro”, pues el libro no muere. Puede renacer en cualquier lugar (…) El libro vive eterna y silenciosamente. En cambio, el escritor muere. De forma natural o violenta. El hombre es mortal. La palabra no. La palabra mora en la conciencia colectiva, donde los muertos resucitan y vuelven a hablarnos.
A pesar de crecer en un diminuto apartamento de treinta metros cuadrados, no desperdiciaba ninguna pared o hueco para alojar nuevos libros. Su padre creía en los libros y en la Tierra Prometida: los tocaba, los acariciaba, los escudriñaba y los olía. Cuando sus escasos ingresos lo obligaban a vender alguno de su biblioteca privada, experimentaba una aflicción parecida a la de Abraham escalando el Monte Moriah para inmolar a su hijo Isaac.
La idea de muerte –continúa diciendo alguien en el Semanario– es particularmente aguda en un judío, pues su historia está llena de matanzas y persecuciones. El judío siempre es el extranjero, el otro. Amos Oz comprendió este hecho desde niño, desarrollando una dolorosa idea de supervivencia ligada al destino de su pueblo. El individualismo no es un vicio judío. Una comunidad hostigada sólo puede vencer a sus enemigos cultivando la solidaridad y el sentimiento de pertenencia.
Amos Oz entendía que era necesario “sustituir al judío de la diáspora, perseguido, con su resignación y fatalismo, por un nuevo tipo donde prevaleciera la voluntad de resistencia, la determinación de echar raíces o morir en el empeño”. (Narbona)
Dice Rafael Narbona, (2004): Esa “madre melancólica le inculcó el amor a la literatura con improvisados relatos en las horas previas al sueño, pero una noche de enero de 1952 se quitó la vida con una sobredosis de barbitúricos”. (Él tenía 12 años). “Dos años más tarde, Amos se marcharía al kibutz Hulda, donde se esforzó en convertirse en un joven bronceado y robusto que postergaba su vocación literaria para contribuir en la creación del nuevo estado”.
Su apellido original era Klausner, pero cuando entró al kibutz huyendo de la peor tragedia de su vida, el suicidio de su madre, lo cambió por Oz, que en hebreo significa “coraje”. Cursó literatura y filosofía en la Universidad Hebrea de Jerusalén, empezó a publicar relatos cortos a principios de los sesenta, amplió sus estudios en la Universidad de Oxford, participó en la Guerra de los Seis Días y en la guerra del Yom Kipur, creó el movimiento pacifista Shalom Ahshav (Paz Ahora), y se manifestó a favor de la creación de un Estado Palestino capaz de convivir pacíficamente con el Estado de Israel.
“La madre de Amos sostiene que nadie sabe nada de nadie, pero esa ignorancia es preferible al conocimiento, pues cuando los secretos se esclarecen aparecen las tinieblas. Esas tinieblas que se cernieron sobre ella en sus últimos años, cuando el dolor se hizo tan insoportable que buscó el alivio de la muerte. Amos no esconde la frustración que suscitaban su tristeza, su insomnio y sus crisis de ansiedad. La compasión se mezcla con el odio. No puede dejar de amarla, pero es imposible no aborrecer al mismo tiempo a esa mujer que transitaba de la apatía a la ira, de la incomunicación a la verborrea, de la delicadeza a la obscenidad”.
“Una historia de amor y oscuridad es un libro extraordinario, con una prosa precisa y levemente lírica, que desbroza el pasado con el anhelo de comprender una tragedia silenciada por la necesidad de continuar viviendo”.
Al regresar a sus orígenes, Amos Oz ha descubierto que el dolor es la matriz de la escritura. Respondiendo al periodista, si en el libro hay más amor o más oscuridad, Amos responde: Amor y oscuridad no son tan opuestos. El amor es un poder esencial de la naturaleza y por eso contiene oscuridad, dolor y muchos demonios”. ¿Y más poesía o más política? Responde: La política es algo muy íntimo. Está en nuestros sueños, en nuestros juegos, en nuestra sexualidad… no es posible trazar una línea divisoria clara”. Opinaba que en nuestros sueños y fantasías, todos somos un poco anarquistas.
Continúa diciendo El Cultural: Oz reconoce que su fórmula literaria consiste en “un veinte por ciento de sarcasmo, un veinte por ciento de dolor y un sesenta de rigor clínico”. Sin embargo, eso no es todo. En su literatura hay ternura, esperanza, pasión por el hombre. Amos Oz salió de la densa oscuridad que extiende un suicidio, aferrándose a la palabra, al libro, a la tradición judía de objetivar la experiencia en relatos que proporcionan luz a las generaciones venideras.
Oz apoyó las acciones israelíes en Gaza durante el conflicto de 2014, criticando la táctica de escudos humanos, ampliamente considerada por Hamás en ese momento y preguntó: “¿Qué harías si tu vecino de enfrente se sienta en el balcón, pone a su hijo pequeño en su regazo y empieza a disparar con ametralladora contra tu cuarto de niños? ¿Qué harías si tu vecino de enfrente cava un túnel desde su cuarto de niños hasta el tuyo para volar tu casa o secuestrar a tu familia?”
En el 2015 afirmó que la supervivencia del Estado de Israel requiere la creación de un Estado Palestino independiente y que la coexistencia de ambos estados es el único camino hacia la paz en la región.
Ya lo sabemos, pero no es nada fácil, por desgracia.
Tía Nilda

