Con los ojos abiertos

Para 2070, se proyecta que el 32,5% de los uruguayos tendrá 65 años o más. El Instituto Nacional de Estadística, INE, publicó una serie de nuevas estimaciones y proyecciones de población para nuestro país, actualizadas con base en el Censo 2023. Este informe, titulado Proyecciones y estimaciones de población, abarca el período 2012-2070 “y revela un cambio profundo en la dinámica demográfica del país”. Y una de las estimaciones más preocupantes es que para el año 2070 casi la tercera parte de nuestra población va a tener 65 años o más.

Pero veamos algunos de los principales resultados de este trabajo estadístico publicados por el propio instituto, a modo de resumen. Según el informe, Uruguay ya alcanzó su población máxima, esto ocurrió en el 2020, cuando alcanzamos a ser 3.510.305 habitantes. Desde allí comenzó el declive, la reducción gradual. “Se estima que en el 2045 habrá 3,4 millones de habitantes y en 2070, apenas 3 millones”.
La disminución obedece, dice, “a un crecimiento natural negativo sostenido, producto del descenso en la natalidad y el aumento de las defunciones, bajo el supuesto de saldo migratorio exterior nulo (al igual que en la Revisión 2013, y en consonancia con las proyecciones de Naciones Unidas que proyectan saldos migratorios tendientes a cero)”.

La reducción en la cantidad de población es de por sí un problema serio para un país que siempre ha tenido una cantidad de habitantes muy por debajo de las posibilidad y de estándares de la región. Pero, además de ello, iremos sumando la preocupación cada vez mayor de un envejecimiento acelerado de esta población. Seremos pocos y viejos. La ya referida estimación de que el 32,5% de los uruguayos tendrá 65 años o más, supone que será el doble que en la actualidad, que es de 15,8% y que de por sí ya es elevada. Ya tenemos un problema con este asunto y ello no es gratuito. Tener una base poblacional de edad avanzada es un asunto que incide en los problemas de financiamiento de los sistemas de seguridad social, ni hace falta que los mencionemos, porque estamos en plena discusión. Lo mismo ocurre con los servicios de salud, cuyo bienestar económico depende de tener afiliados sanos que ayuden a sostener los servicios de todos, especialmente de la población mayor, que es la que más los demanda. Si todos somos mayores y todos demandamos estos servicios a la par, los problemas no demorarán en aparecer.

“En contraste –prosigue– los menores de 15 años representarán solo el 11,5% de la población” y la edad promedio se elevará de 39 a casi 50 años.

Los estudios proyectan también que la fecundidad continuará en niveles históricamente bajos. “En 2023, la tasa global fue de 1,27 hijos por mujer, y se espera que siga cayendo hasta 1,2 en 2025-2026, con una leve recuperación a 1,5 hacia 2070. Este fenómeno, junto con la menor cantidad de mujeres en edad fértil, profundiza la caída de los nacimientos”.

También plantea el informe que se consolidarán algunas tendencias que ya se aprecian claramente en los últimos censos, que es el aumento de la concentración poblacional en la zona metropolitana, aunque no necesariamente en Montevideo. “Entre 2024 y 2045, la población aumentará en cuatro departamentos: Canelones, Maldonado, San José y Rocha. En el lado opuesto, destaca una pérdida de población en el departamento de Montevideo, Treinta y Tres, Soriano y Lavalleja. A pesar de la reducción de la población de Montevideo, este departamento junto con Canelones y San José continuarán concentrando la mayor parte de la población del país”.

Vale la pena detenerse un instante en algunos comentarios que hicieron las autoridades que participaron de la presentación de este informe, como el director técnico de INE, Marcelo Bisogno, quien afirmó que no es un fenómeno aislado de nuestro país. “Lo que está pasando en Uruguay ocurre en otras partes del mundo, pero a otros ritmos y tiempos” y destacó que esta reducción poblacional se produce “por la caída de la fecundidad, y a pesar del aumento de la esperanza de vida”. A su vez, el director de OPP, Rodrigo Arim, reflexionó sobre los desafíos que se presentan a futuro para el país en materia de políticas públicas, opinando que se deben buscar mecanismos “para incrementar la productividad. Es la única fuente sustentable a mediano y largo plazo que nos permitirá simultáneamente mejorar la calidad de vida de las personas que estén en actividad y generar las condiciones para sostener a personas que no están en actividad”.

En la misma línea que Arim, la directora del Banco de Previsión Social, (BPS), Jimena Pardo, señalo que “estamos convocados a generar aumento de productividad y políticas que nos dejen mejor de cara al futuro” y que ante la disminución de la cantidad de personas económicamente activas y en edad de trabajar, “es necesario que cada una de las personas en edad de trabajar genere más valor”.

Finalmente se citan declaraciones de Fernando Filgueira, representante de Unfpa, Fondo de Población de Naciones Unidas en Uruguay, quien enfatizó en la necesidad de “redefinir la orientación del gasto social y mejorar su calidad, y contar con espacio fiscal”.

Hay un matiz entre la visión de estos comentaristas que resume de alguna forma la postura frente a este escenario. Mientras Arim y Pardo hablan de aumentar la productividad individual como forma de respuesta, Filgeira plantea que se puede hacer un giro de timón.

Los países que han logrado revertir, o al menos mitigar, problemas como el que enfrenta Uruguay lo han hecho, o bien con incentivos para que las familias tengan más hijos, o fomentando la inmigración. Y por supuesto, cada medida de este tipo implica costos que asumir y condiciones a las que adaptarse.

Necesariamente hay que pensar en mejores condiciones de las licencias por maternidad y otro tipo de incentivos –que habría que pensar la forma en que no recaiga exclusivamente sobre las empresas y su productividad, porque de lo contrario estaríamos vistiendo un santo para desvestir otro– y en el caso de las políticas migratorias buscar también la forma de asegurar condiciones –laborales, sí, pero también sociales y culturales– igualitarias para aquel que llega.