
En una jornada colmada de emoción y reencuentros largamente esperados, cuatro soldados del Batallón “General Leandro Gómez” de Infantería Mecanizado Nº8 retornaron a Paysandú luego de cumplir una misión de paz en la República Democrática del Congo, donde permanecieron varios meses sin poder salir del país debido a restricciones operativas vinculadas a la situación de seguridad.
El contingente uruguayo, integrado por 200 efectivos, fue recibido en Montevideo por el presidente Yamandú Orsi. Entre ellos estaban los sanduceros Elbio Francolino, Eduardo Nuñez, Carlos Ponzoni y Rubén Atencio, quienes llegaron a nuestra ciudad poco después de las 18 de ayer, donde familiares y amigos los aguardaban con carteles, globos y remeras con mensajes de bienvenida.
El jefe del Batallón, teniente coronel Roberto Avilés, tuvo unas charla previa con los ansiosos familiares a quienes advirtió que les robaría “unos minutos” para darles la bienvenida oficial a los soldados y luego podrían saludarlos y retirarse todos juntos hacia sus casas.
Al formarse, los soldados mantuvieron la mirada en su comandante, pero los ojos vidriosos hacían notar que la emoción estaba siendo contenida y puesta en pausa hasta poder dar el abrazo que más anhelaban. Avilés destacó la labor de cada uno de ellos, a quienes no conocía en persona, puesto que cuando los soldados partieron hacia África, él estaba como jefe en otro departamento. Sin embargo, coronó con su agradecimiento la entrega de cada uno, en especial luego de las difíciles situaciones que debieron sortear para retornar a sus hogares. Y destacó además al soldado Elbio Francolino, quien cumplió su última misión de paz y casi sus últimas guardias, puesto que se retirará el próximo 20 de julio, por lo que le deseó un merecido descanso por tantos años de servicio.
Finalizadas las palabras del Jefe del Batallón, se les dio la orden de que romper filas para ir hacia sus familias, momento en que las miradas y los abrazos dijeron mucho más que cualquier palabra.
FELICES POR EL REGRESO
Con unas remeras con la foto del soldado Eduardo Nuñez y la palabra “bienvenido”, la familia del soldado fue la primera en llegar, expectante. En contacto con EL TELEGRAFO contaron que habían salido a las 23 del jueves hacia Montevideo porque querían recibirlo en el Aeropuerto de Carrasco. Sin embargo, como el vuelo de Ethiopian Airlines procedente de Uganda, en que viajaba el contingente, se adelantó dos horas, no llegaron a verlo en ese momento y tuvieron que dormir en el auto para esperar por unas horas más. “Paramos en el estacionamiento de una estación de servicio a dormir unas horas y poder después acercanos hasta la Brigada de Infantería N°1 donde los soldados fueron recibidos por la plana mayor del Estado.
Rosita Olivo, la madre del soldado, contó que “estuvo en el Congo 16 meses, estaba pronosticado venir a los 12 meses pero todo lo que pasó allá hizo que la espera se empezara a vivir día a día”.
“Teníamos buena comunicación con él, pero todo lo que nos íbamos enterando que pasaba allá nos preocupaba, porque a veces no sabíamos ni dónde estaba desplegado o en qué base, y esos detallecitos eran inmensos para nosotros. Toda la espera y la incertidumbre nos cambió en el sentido del día a día”. El esposo de Rosita agregó que “fue una emoción enorme verlo llegar con sus compañeros en la Brigada N.º 1 porque vivimos todo este proceso con mucha ansiedad y ya saber que está bien, verlo y abrazarlo es algo impresionante”.
En tanto, Susana Setau, esposa del soldado Carlos Ponzoni, estaba acompañada por los hijos de la pareja –de 8 y 6 años– y una barra con carteles y globos que incluso habían llegado desde la vecina ciudad de Colón para recibirlo. “Estuvo 17 meses allá y toda la situación fue bastante difícil, más que nada para mis hijos y para mí. A veces no estábamos tan bien comunicados porque fallaba un poco el Internet y eso se ponía un poco tenso, un poco triste. Queríamos saber sobre él y la verdad que fue bastante duro; pero hoy ya estamos felices con mucha emoción y alegría por poder recibirlo en casa”.
Conteniendo la emoción, Natalia Vázquez, la esposa del soldado Francolino, estaba junto a sus suegros esperando poder dar el abrazo de bienvenida. Si bien el soldado ya lleva ocho misiones de paz (varias de ellas en el Congo y en Haití) todas han sido diferentes y la situación de violencia en el continente africano hizo que esta se viviera diferente. “Hemos pasado más que nada con nervios y miedos. Estábamos comunicados pero de primero no podíamos porque se cortaba, pero después lográbamos contactarlo. Vivimos con mucha alegría saber que él era uno de los que había quedaba en el grupo para venir y como está por retirarse teníamos mucha confianza de que llegara ese día”.
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