Desdolarizar la economía, un dilema existencial

Uno de los puntos destacados del “plan” que anunciara recientemente el presidente del Banco Central del Uruguay (BCU), Guillermo Tolosa, implica promover la “desdolarización” de nuestro país, a efectos de despegar la dependencia de nuestra economía de la divisa, pero a la vez hacer frente a una cultura ciudadana arraigada desde hace ya muchos años.
El jerarca tuvo a su cargo una disertación en el evento organizado por “Somos Uruguay”, denominado “redefiniendo el equilibrio, dólar y políticas en el nuevo paradigma”, lo que incluyó una serie de elementos que volcó en defensa de la iniciativa de desdolarización, entre otros objetivos de mediano y largo plazo.
Tolosa sostuvo que a partir de del 1º de enero de 2026, es decir apenas de aquí a tres meses, comenzarán a regir algunas de las políticas para fomentar la desdolarización del Uruguay, y entre otros aspectos mencionó aplicar mayores cargos de capital a bancos para préstamos en dólares a empresas no transables (aquellas que no comercian con el exterior): “así vamos a reducir el interés de los bancos por recoger depósitos en dólares e incentivarlos a que tomen más depósitos en pesos”, dijo.

En declaraciones a El País, el presidente del Banco Central sostuvo además que el proyecto de Ley de Presupuesto establece cambios que permitirán que los uruguayos tengan acceso a cuentas rentadas en moneda nacional, para que tengan una rentabilidad similar en pesos a las de las Letras de Regulación Monetaria del BCU.

Paralelamente, el plan incluye la eliminación de incentivos fiscales para inversiones en el exterior, sobre lo que indicó que “hoy no están siendo gravados, eso también va a generar incentivos a la repatriación y por lo tanto más inducción a las inversiones en moneda nacional”. Entre las medidas en estudio se encuentran un cambio en los encajes bancarios, (porcentaje de los depósitos que los bancos tienen inmovilizados en el Banco Central), que conduzcan al uso de moneda nacional, la denominación de los precios expresados en pesos y el consentimiento expreso en apertura de cuentas en dólares a la posibilidad de pérdidas cuantiosas del poder de compra.

El titular del BCU sostuvo además que existe poca oferta de créditos en pesos porque los uruguayos no ahorran en pesos y consideró que la institución que preside evalúa la posibilidad de aplicar una moneda digital.
Asimismo, en otra parte de sus conceptos analiza que en Uruguay casi el 70 por ciento de los depósitos bancarios son en dólares, lo que lo convierte en el segundo país del mundo con mayor proporción de moneda estadounidense. “El tipo de cambio introduce ruido y volatilidad en mi capacidad de consumo local”, señaló Tolosa y agregó que por ese motivo, durante 30 años los uruguayos perdieron casi la mitad de su poder adquisitivo: “así de dramático es lo que estamos dejando arriba de la mesa los uruguayos por no confiar en nuestra propia moneda”, destacó Tolosa.
Como contrapartida, debe tenerse presente que los préstamos en pesos en el circuito bancario son caros, con intereses que multiplican la inflación, y que por ende hay elementos distorsivos en el sistema financiero que es necesario evaluar en su globalidad.

Por lo pronto hay una serie de aspectos a tener en cuenta a los que no aludió en esta entrevista el jerarca de la entidad reguladora en materia financiera, y tiene que ver por un lado con un arraigo cultural que no es gratuito ni porque sí, tanto en Uruguay como en otras partes del mundo, y tiene que ver con el uso del dólar, como también del oro, como una moneda de refugio ante el riesgo de quedarse en moneda nacional, y por ende, de un eventual sacrificio de ganancias de intereses inmediatos para pensar en el largo plazo, como justificación de esa elección.
Como contrapartida, es indudable que en los últimos años nuestro país ha gozado de una inflación contenida, que se ha situado en el entorno de un cinco por ciento, y que hace dos años y tres meses que el Índice de Precios al Consumo (IPC) se mantiene dentro del rango meta establecido por el propio BCU de entre el 3 y el 6 por ciento, con un 4,2 por ciento en los últimos doce meses.

El tema radica en que estos valores de inflación bajos no son gratis, es decir que no están sólidamente sustentados en una economía saludable y con equilibrio fiscal, por ejemplo, sino que se ha venido utilizando el dólar subvaluado como variable de ajuste, como un ancla para mantener los precios en determinado nivel, con un tipo de cambio atrasado que nos ha convertido y reafirmado que somos un país caro a la hora de las transacciones internacionales, con una pérdida de competitividad y valor agregado encarecido, lo que conspira contra el empleo y la dotación de valor agregado dentro de fronteras, por lo que el Uruguay sigue muy primarizado en su comercio exterior, para poder competir.

Y todo ello tiene que ver con el valor del dólar, porque por fuerza de los hechos y por costumbre el ciudadano medio, los empresarios, los inversores, el consumidor, cuando maneja moneda nacional, lo hace con la conversión mental a dólares como moneda constante y comparativa de valores reales. Es impensable que el uruguayo medio “desdolarice” su mente, se aisle del contexto de relación de valores, para supuestamente sumergirse en la realidad regional de las monedas locales, como si el dólar no marcara la real relación con el mundo que nos rodea, sobre todo en un país de economía tan dependiente y vulnerable como el nuestro.

Es cierto, se podrán sí reformular ensayos para gravar los depósitos y créditos en dólares como una forma de sostener la operativa en moneda local, pero ante la experiencia y la realidad evidentemente que seguiremos siendo dependientes y pendientes del dólar, para bien o para mal. Es que mal que nos pese seguimos teniendo dando vueltas y sosteniendo como sea a los “platitos chinos” de que hablaba el ex ministro y antecesor de Tolosa en el Banco Central, el Ec. Mario Bergara, también del Frente Amplio, que aludía así a la interrelación de tipo de cambio, inflación, competitividad, salarios, como factores de equilibrio en la economía, y que si se manipulaba uno, se irían cayendo todos los demás platitos.

Y por más que se diga que en un período de un año, por ejemplo, ha sido un mal negocio ahorrar en dólares respecto a hacerlo en moneda nacional, porque el dólar se ha depreciado, por mejor intención que se tenga de parte del actual titular del Central, el hacer desaparecer, hasta donde se pueda, la omnipresencia del dólar en la vida, la ecuación mental y evaluación de los uruguayos en sus decisiones, suena más a un deseo que se pretende hacer realidad que a una posibilidad real de lograrlo. Casi como meter la cabeza en un agujero en el suelo, pretendiendo que a nuestro alrededor, no pasa nada si no lo estamos viendo.