La hipertensión arterial se ha transformado en uno de los principales problemas de salud pública en Uruguay. Las cifras oficiales muestran un crecimiento sostenido en los últimos años: en 2006 afectaba al 30,4% de los adultos, en 2013 había ascendido al 36,6% y en 2021 alcanzó al 44% de la población adulta. El dato preocupa a especialistas por el alto riesgo cardiovascular que representa y por las consecuencias socioeconómicas que acarrea.
En diálogo con EL TELEGRAFO, los investigadores Artur Bonezi dos Santos y Renata Luisa Bona, del Laboratorio de Investigación en Biomecánica y Análisis del Movimiento del Cenur Litoral Norte (UdelaR), explicaron que, además de los fármacos antihipertensivos, la ciencia ha demostrado que el ejercicio físico es una de las estrategias más eficaces para prevenir y controlar la hipertensión arterial.
“La hipertensión es uno de los factores de riesgo más graves y al mismo tiempo más remediables. Está asociada a cardiopatía coronaria, insuficiencia cardíaca y accidentes cerebrovasculares. Un buen control puede marcar la diferencia en la calidad y expectativa de vida de las personas”, señalaron.
DIAGNÓSTICO Y TRATAMIENTO
Los especialistas destacaron que el primer paso siempre es el diagnóstico preciso. Una vez confirmada la hipertensión, se inician las modificaciones de estilo de vida junto a los tratamientos farmacológicos. En ese marco, la combinación entre la adherencia a la medicación y la práctica sistemática de ejercicio físico permite alcanzar un control más eficaz de la presión arterial y reducir significativamente el riesgo cardiovascular.
Bonezi dos Santos y Bona enfatizaron que la inactividad física es un factor determinante en el aumento de casos. “Existe una relación inversa entre el tiempo dedicado a la actividad física en el tiempo libre y el riesgo de desarrollar hipertensión. A mayor inactividad, mayor probabilidad de que aparezca y se mantenga la enfermedad”, indicaron.
Uno de los fenómenos más estudiados en los últimos años es la llamada hipotensión posejercicio, una reducción sostenida de la presión arterial que se registra inmediatamente después de una sesión de actividad física y que puede extenderse hasta 24 horas. “Por eso se recomienda que las personas hipertensas hagan ejercicio la mayoría de los días de la semana, preferiblemente todos. La presión es más baja los días en que se hace ejercicio en comparación con aquellos en que no se realiza actividad”, explicaron los investigadores.
FRECUENCIA, INTENSIDAD Y DURACIÓN
En cuanto a la intensidad del ejercicio, desde 2004, con la publicación de la postura oficial del American College of Sports Medicine (ACSM), múltiples investigaciones confirmaron que la actividad de intensidad vigorosa potencia los beneficios cardiovasculares.
“Cuanto mayor es la intensidad, mayor es la reducción de la presión arterial. Sin embargo, para las personas que recién comienzan es recomendable iniciar con ejercicios moderados, hasta adquirir un buen nivel de autoconocimiento y control durante la actividad. Luego, con precaución y seguimiento, se puede avanzar a intensidades mayores”, explicaron.
Respecto al tiempo de práctica, el consenso internacional señala que es conveniente realizar 30 minutos de ejercicio aeróbico al día, acumulando al menos 150 minutos semanales de actividad moderada a intensa. Además, se ha demostrado que dividir el ejercicio en intervalos cortos, como tres sesiones de 10 minutos, también es eficaz para reducir la presión arterial a lo largo del día, lo cual representa una alternativa viable para quienes suelen argumentar falta de tiempo.
TIPOS DE EJERCICIO RECOMENDADOS
Los especialistas subrayaron que el ejercicio aeróbico –caminar, correr, nadar o andar en bicicleta– es el más recomendado para prevenir y controlar la hipertensión. No obstante, el entrenamiento de resistencia dinámica también contribuye a reducir la presión en reposo, aunque con menor impacto.
“Nuestros estudios y los de la comunidad científica internacional muestran que el ejercicio combinado, es decir, el que integra aeróbico y de resistencia, ofrece los mejores resultados para la prevención y el tratamiento de la hipertensión arterial sistémica”, afirmaron Bonezi dos Santos y Bona.
Incluso el entrenamiento de alta intensidad y las rutinas de fuerza han demostrado beneficios, aunque deben ser cuidadosamente planificadas y supervisadas en personas hipertensas.
UN PLAN PERSONALIZADO
Para los investigadores, el ejercicio debe ser siempre individualizado y acompañado de controles médicos. “Es fundamental que se planifique según los objetivos de cada persona, que se controlen periódicamente las cifras de presión arterial y que se revisen los hábitos de vida. Solo de esa manera se logra sostener el cambio en el largo plazo”, explicaron.
La clave, remarcaron, es diseñar programas que aseguren la adherencia del paciente. “No se trata de imponer rutinas imposibles, sino de encontrar la manera de que la persona disfrute de la actividad y la incorpore como parte de su vida cotidiana. Ese es el verdadero desafío”, apuntaron.
El aumento porcentual de la población hipertensa anticipa un panorama complejo para el sistema sanitario uruguayo. Los costos de atención y de tratamiento de las complicaciones cardiovasculares representan un desafío socioeconómico de gran magnitud, que podría mitigarse con medidas preventivas sostenidas.
En conclusión, los investigadores señalaron que la evidencia científica es clara: el ejercicio físico reduce la hipertensión arterial y previene sus consecuencias. “Hoy sabemos que no es solo un complemento, sino una parte esencial del tratamiento. Prescribir actividad física con la misma rigurosidad con la que se prescribe un medicamento es el camino hacia una sociedad más saludable”, concluyeron.
