Para muchos, la década de los ‘70 fue la mejor época de la historia del cine, o al menos de Hollywood. Los grandes estudios, viendo que la televisión les ganaba por varios cuerpos y que el viejo sistema de estudios ya no funcionaba y, además, con la guerra de Vietnam que había sido un golpe muy grande para el imaginario popular que hasta ese momento creía que podía haber héroes y villanos muy bien definidos, decidieron dejar entrar a una nueva generación de cineastas.
Esos jóvenes inquietos iban a hacer un cine muy diferente al que se había visto hasta el momento. Steven Spielberg, Martin Scorsese, Francis Ford Coppola, Brian De Palma y… Michael Cimino.
¿Quién? Michael Cimino. Tal vez hoy lo recuerden solo los cinéfilos, pero en aquellos años supo ser también todo un nombre. Y muy importante. Su debut fue en 1974 con Especialistas en el crimen, protagonizada por Clint Eastwood y Jeff Bridges.
Claro, con tales nombrecitos está todo dicho, y se podrá tener razón, pero también hay que recordar que incluso en aquellos años, tanto Eastwood como Bridges supieron hacer películas excelentes, como de las otras. Pero una de las mejores fue Especialistas en el crimen. Eastwood es un ladrón retirado al que le ofrecen un último trabajo aparentemente “imposible”, un banco con una seguridad a toda prueba. El que lo convence es, justamente, el pícaro de Jeff, más bien estafador que ladrón, pero con una energía contagiosa que podría venderle un buzón a cualquiera.
El problema: los otros dos compinches. Un nunca más peligroso George Kennedy –“lo mataría porque es mi amigo”, dice en cierto momento– y un siempre brillante y siempre olvidado Geoffrey Lewis. O sea, luego de llevado a cabo el robo, de una manera bastante alternativa hay que recordar, el tema del reparto será todo un enredo endiablado y, por supuesto, mortal.
Cimino después se haría con el Oscar por la excelente El Francotirador y haría quebrar a varios productores con la ambiciosa Las puertas del cielo, para tener una carrera llena de traspiés. Pero había algo que ya se notaba en Especialistas del crimen, el tipo sabía y quería hacer cine. La historia de los ladrones peleándose por el botín podía no ser original, pero en sus manos cobraba un aliento épico que recordaba a los mejores momentos del Hollywood clásico siendo, sin embargo, una película moderna.
Por supuesto, aquí los más “buenos” son también delincuentes, también están fuera de la ley y no tienen complejos por eso, lo que abreva directamente de la “serie negra” policial, que ya había dado grandes obras literarias y películas y que encontró primero en Cimino y después en Eastwood a continuadores que podían sacarle todo el jugo posible.
Aquí se cae entonces en una tentación muy lógica. Comparar el cine en el que Eastwood solo participó como actor con el que también fue director. Y hay una gran diferencia entre lo que hace Cimino y lo que ya hacía por entonces e hizo también luego, Eastwood.
Lo de Cimino es desbocado, quiere ser siempre (y aquí lo es) más grande que la vida desde el vamos. La presentación de los personajes, los métodos que utilizan para robar, la amistad entre ellos y, por supuesto, las peleas y persecuciones parece que van a saltar de la pantalla. No se mide en nada, todo es absoluto.
Como ya sabemos los seguidores, Eastwood es todo lo contrario. Su cine es sobrio, hace más del menos, saca más partido de un gesto que de una explosión. De ahí que también Especialistas en el crimen es interesante por ser el cruce entre dos talentos muy diferentes. Cimino se terminó gastando rápidamente en su propio talento inflamable y murió bastante olvidado en el 2016. Eastwood sigue activo aún hoy a pesar de todas las décadas transcurridas.
Algo parecido pasa con los personajes de Especialistas en el crimen. Eastwood es él mismo, como siempre. Bridges es pura dinamita. Y el terreno que pisan es peligroso para los dos. Ah, sí, quien quiera encontrar un policial de este voltaje en el cine del Hollywood actual que lo busque. Suerte en pila.
Fabio Penas Díaz

