De una película que no quiera revolucionar nada ni darse de ser la figurita difícil uno espera siempre el planteamiento de un problema, ver cómo los personajes principales lidian con él y, finalmente cómo lo resuelven o bien el problema los “resuelve” a ellos.
Eso vale para todo el cine convencional sin que importen orígenes, años o géneros cinematográficos. Entonces, si seguimos en esa línea, hay que decir que la película La noche siempre llega, cumple a las mil maravillas esos requerimientos.
Lo hace además con un énfasis en la solución de los problemas que acosan a la protagonista, luego de un planteo muy rápido de lo que tiene que resolver y un final también muy acotado después que se logró lo que se proponía, o no…
Esto vale aclararlo porque son muchas las películas que vemos que se van por las ramas, o bien en la presentación o que, cuando ya terminó todo, no parecen encontrar un final y se pasan de vueltas de tuerca y sorpresas que, más que caer bien, caen como un yunque en la paciencia del espectador. Y lo que pasa en La noche siempre llega es muy sencillo. Vanessa Kirby, tan hermosa y excelente como siempre, encarna a una mujer que trabaja de sol a sol para mantener a su hermano, mientras también arrastra a su madre, que si bien no es precisamente un problema económico, es más un lastre que otra cosa.
Un día tienen la oportunidad de comprar la casa en la que vivían antes, lo que sería un cambio muy positivo, al menos para la percepción de la protagonista. Pero la madre –brillante Jennifer Jason Leigh en su mejor versión de buena para nada– se gasta todo el dinero ahorrado para tal fin. Ahora la pobre Vanessa tiene solo una noche para recuperar el dinero y señar la casa, ya que hay otros interesados, si no la perderá para siempre. Está bien, no parece ser una cosa de vida o muerte, pero el director Benjamin Caron y la adrenalínica actuación de Kirby hacen que lo parezca. Porque en esa noche ella estará dispuesta a hacer lo que sea para conseguir el dinero.
Cuando se dice “lo que sea” quizás lo primero que nos viene a la cabeza es lo de vender su belleza al mejor postor, pero eso es solo el primer escalón de una larga escalera en la que la protagonista descenderá durante una noche que no olvidará en su vida, si es que sobrevive, claro. Obviamente, la película se inscribe en el subgénero del tiempo acotado para conseguir un objetivo, que puede ser un recurso más que efectivo en las manos correctas. El director Caron, en ese sentido, se revela como un astuto armador y saca lo mejor de los elementos que tiene a mano. Por supuesto, nada sería lo que es sin la presencia de Kirby, sobre quien Caron enfoca permanentemente la cámara para que el espectador no se pierda el más mínimo detalle de la pesadillesca aventura que tiene que padecer. Tampoco cabe duda que la elección de la noche para que todo transcurra es un acierto en todo sentido, ya que da un marco de clandestinidad a todo el asunto que, durante el día, sería muy diferente. Vanessa Kirby se convierte en una cazadora nocturna para la que el bien y el mal se desdibujan, solo busca la felicidad de su hermano –un también excelente Zach Gottsagen, actor con síndrome de down que se roba cada escena en la que aparece– y no importa si tiene que romper reglas y leyes para conseguirla.
Todo lo que vemos es tan creíble como fuerte, sin condescendencia con ninguna mirada complaciente a la que haya que dorar la píldora, pero tampoco sin pasarse de rosca en la sordidez. Después de todo, Kirby es una de las actrices más hermosas que se pueden ver y eso, todo hay que decirlo, es un polo de atracción para que la película funcione.
Claro, algunos dirán que es demasiado linda para que le pasen esas cosas, que a una mujer así en la vida la rescatará un millonario tipo Grey o tipo Trump. Puede ser, pero la entrega de Kirby hacia su personaje es tan absoluta que todo eso queda en segundo plano. Ya que la película es tan convincente, hay que pensar que aquí hay director para rato y que por suerte Kirby no se quedó en las tramas románticas que le venían tan bien a su físico y fue por más. Como decíamos en el barrio, mucho más que una cara bonita.
Fabio Penas Díaz

