La ONU anunció que reducirá “drásticamente” el presupuesto para 2026 y que encara una “carrera hacia la bancarrota”. Así, justamente, se titula un artículo en la página de la Organización de las Naciones Unidas, firmada por Manuel Elias, en la que se cita al secretario general de la ONU, António Guterres, quien afirmó que la organización seguirá este derrotero a menos que los Estados miembros paguen sus cuotas íntegramente y a tiempo. Este comentario lo hizo en la víspera, al presentar “un presupuesto ordinario, drásticamente reducido de 3.238 millones de dólares para 2026”. Tal propuesta, revisada, supone una reducción muy importante de recursos en comparación con la solicitud original para el próximo año, que era de 3.715 millones de dólares y se sitúa un 15,1% por debajo de la asignación aprobada para 2025.
Relata el artículo que “en una intervención ante la Quinta Comisión de la Asamblea General, encargada de las finanzas y la administración de la ONU, Guterres describió un panorama sumamente precario, con elevados atrasos, contribuciones retrasadas y la ‘devolución de créditos’ que amenazan con eliminar la liquidez y socavar las principales operaciones”.
El presupuesto para 2026 también reduce el personal con el que se contará respecto a la propuesta original, que financiaba 13.809 puestos (10.667 puestos regulares más 3.142 puestos de Misiones Políticas Especiales) a 11.594 puestos, lo que representa un recorte del 18,8% en comparación con 2025.
Siempre en función de esta nota, las reducciones se centran en los departamentos y funciones administrativas de mayor tamaño, a la vez que protegen los programas que prestan servicios directos a los Estados miembros, en particular a los Países Menos Adelantados, los Países en Desarrollo sin Litoral, los Pequeños Estados Insulares en Desarrollo y la promoción del desarrollo de África. El presupuesto ordinario, que se financiado con las contribuciones (aportes) obligatorias de los Estados miembros, cubre los programas y operaciones principales de la Secretaría de las Naciones Unidas. Además de este, ONU cuenta con un presupuesto específicamente destinado a las operaciones de mantenimiento de la paz, que se rige por un ciclo que va del 1º de julio al 30 de junio, mientras que el presupuesto ordinario se rige por el año civil, es decir, de enero a diciembre.
Guterres previno que la actual crisis de liquidez tiene graves consecuencias más allá del próximo año. Expuso que “los elevados atrasos a finales del año pasado, que ascendían a 760 millones de dólares, sumado a la obligación de devolver 300 millones de dólares en créditos a los Estados miembros a principios de 2026, eliminan casi el 10% del presupuesto de los fondos disponibles”. Así las cosas, “Cualquier retraso en la recaudación a principios de año nos obligará a reducir aún más el gasto, y luego, potencialmente, a enfrentarnos a la perspectiva de devolver 600 millones de dólares en 2027, o alrededor del 20% del presupuesto”, precisó.
Eso, a la postre, “significa una carrera hacia la quiebra”, afirmó, reiterando la urgente necesidad de disminuir los atrasos y suspender la devolución de los créditos. Anteriores medidas que se adoptaron para limitar el gasto solo dieron un respiro temporal.
La ONU comenzó el año con un déficit de 135 millones de dólares y, a finales de setiembre, había recaudado solo el 66,2% de las cuotas anuales, frente al 78,1% registrado en el mismo periodo de 2024. A esa fecha, solo 136 de los 193 Estados Miembros habían pagado sus cuotas en su totalidad. Varios contribuyentes, como Estados Unidos, China, Rusia y México, aún no habían completado sus pagos.
El presupuesto por programas, revisado para 2026, refleja tanto la realidad fiscal como la Iniciativa ONU80, un amplio esfuerzo de reforma para que la Secretaría sea más ágil, resiliente y rentable. Estas mejoras propuestas incluyen “la consolidación de la nómina en un único equipo global, la reubicación de funciones a lugares de destino con costos más bajos y la creación de plataformas administrativas comunes en Nueva York y Bangkok”.
Desde la organización se asegura que, a pesar de los recortes, las prioridades clave se mantienen: “37 Misiones Políticas Especiales continuarán sus operaciones, el Sistema de Coordinadores Residentes recibirá un financiamiento de 53 millones de dólares y el Fondo para la Consolidación de la Paz, de 50 millones”.
Como se anunció, habrá desplazamientos de funciones para abaratar costos, y se espera que en la próxima sesión de la asamblea general se presente un informe con recomendaciones al plenario, del que se espera la aprobación final del presupuesto de ONU para finales de diciembre.
Este escenario es de todo, menos fruto de una casualidad. Hace rato ya que las señales respecto al deterioro de la confianza en el multilateralismo aparecen por todos lados y este es un síntoma más. No es novedad ninguna, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, ha dado más de una muestra anteriormente de que no le cae bien ONU y todo lo que la rodea, en su reciente visita dejó mensajes directos en relación a la falta de apoyo a sus acciones pacificadoras en los conflictos de Medio Oriente y Ucrania, así como cuestionó el acompañamiento de la organización a los solicitantes de asilo que esperaban entrar en Estados Unidos: “Se supone que la ONU debe detener las invasiones, no crearlas ni financiarlas”, citó BBC Mundo al mandatario estadounidense. Aunque claro, lo que más trascendió de esa instancia fueron las críticas por una escalera mecánica defectuosa y un teleprompter averiado.
No es casual que la sede central de la ONU esté en Nueva York, es que Estados Unidos en 1945, después de la Segunda Guerra Mundial, lideró el proceso de entendimiento, que con mayores o menores dificultades demostró ser un ámbito efectivo para que los seres humanos no hayamos destruido el mundo con las bombas atómicas que siguieron proliferando, no obstante.
Estas señales y mensajes de Trump, que comenzaron en su primera presidencia, parecen haber encontrado eco y el mayor riesgo lo afrontan los más pobres de los países más pobres, destinatarios principales de acciones como la lucha contra el hambre, las enfermedades y la guerra. Claro que no van a empezar por allí lo recortes, como se expuso, pero forma parte de un todo, y ese todo parece anticipar un mundo en el que la tónica sea “sálvese quien pueda”, y no es difícil adivinar quiénes podrán (y quiénes no).

